Nos gusta correr
Desde los inicios de la civilización, hombres y mujeres han corrido por diversos motivos: la caza, la guerra, la supervivencia. No se sabe con certeza cuándo empezó a considerarse deporte esta modalidad de recorrer un espacio en el menor tiempo posible: 100 metros, 400 metros, 800 metros… hasta el Maratón, esa distancia que recuerda la famosa batalla en la que los griegos vencieron.
Así nació la pasión por correr. Primero los Juegos Olímpicos y, después, el resto de deportes: baloncesto, fútbol, tenis… todos ellos corriendo detrás de una pelota, quizá para que pareciera menos ridículo.
Algunos dicen que correr es cosa de cobardes. Otros lo defienden como saludable. Hay quienes, con verdadera pasión, salen todos los días a practicarlo: unos con ropa nueva y de última moda; otros con zapatillas viejas pero cómodas.
Ellos y ellas salen haga frío o calor, llueva o nieve. A las cinco de la mañana o a las once de la noche siempre encontramos corredores. Disfrutan de la adrenalina al lograr un nuevo récord personal o, simplemente, al completar su recorrido.
Nos gusta correr. No necesitamos poner ejemplos: lo practicamos a diario, porque vivimos a golpe de reloj. Y eso se nota en nuestra calidad de vida, siempre marcada por la prisa.
Amamos a esos deportistas anónimos que nos animan con su presencia por las calles de la ciudad y alegran nuestros ojos con sus vistosos ropajes deportivos. Desde aquí animo a seguir con este noble propósito: un deporte que une a personas de distintos orígenes sociales y capacidades, siempre pensando en su salud y en la de los demás.
Eso sí, aviso para navegantes: cuidado con las garrapatas. Con tanta hierba y matorral crecido, Vitoria-Gasteiz se ha convertido en una pequeña selva tropical.
Y ahora, para acabar, disfrutaremos -con moderación- de esa caña de cerveza que nos espera. Pensando, mientras tanto, que nos gusta correr… aunque no demasiado.
(c) Txema Imaz, texto; Imagen, IA