Entrevista a Iván Rojas, “Naturaleza en voz alta”

Aunque por lo general suelo escribir de una manera directa sobre ecología, hoy he querido mostrar cómo, a pesar de los años que pasen, de que los tiempos cambien y de que hablemos de ecología como tema principal, la sensibilidad creativa y pensadora puede seguir ligada a la actualidad. Nos lo ha demostrado Iván Rojas, filósofo, escritor y divulgador, en representación de Krelia (Asociación de Creadores Literarios de Álava), en los talleres Naturaleza en Voz Alta que se han impartido en Ataria. En ellos se conjugan filosofía y naturaleza, invitando a pensar en su unión desde una mirada integral mediante lecturas compartidas. Su propuesta parte de una convicción sencilla pero radical: la lectura nos lleva a la reflexión y a la acción.
A través de textos filosóficos, literarios y poéticos, Iván Rojas propone un diálogo entre pensamiento y vida cotidiana, entre las preguntas del presente y la sabiduría que habita en los libros. En esta entrevista conversamos con él sobre su trayectoria, su visión del pensamiento contemporáneo y el sentido profundo de estos encuentros.
Iván, vienes de una formación filosófica sólida. ¿Cómo surgió tu interés por vincular la filosofía con el feminismo y la ecología?
He de reconocer que el proyecto surgió a partir de la necesidad que tiene Ataria de realizar unas clases de lectura sobre el tema de la naturaleza. Mi idea inicial fue programar tres autores de perspectivas filosóficas distintas, de modo que el público vitoriano se sintiese representado en alguna de ellas. La segunda clase se centró en Susan Griffin, una pensadora feminista a la que admito que no conocía hasta que empecé a investigar para Ataria. Sin embargo, la filosofía feminista sí la había estudiado hace unos años en un máster, y por ello ya conocía ciertas claves de este movimiento.
En las charlas de lectura trabajáis con obras filosóficas, pero también con narrativa. ¿Por qué esa simbiosis?
En realidad, la propuesta que he planteado se caracteriza por su apertura; no existe ningún tipo de condición estricta para considerar un texto como filosófico. A nivel académico, una obra como la de Griffin es problemática de clasificar como ensayo, aunque para dialogar y reflexionar en grupo es un libro que evoca muchas ideas. La diferencia en Griffin radica en que construye narraciones para expresar sus pensamientos. Sin embargo, no se la puede encasillar en la narrativa porque utiliza muchas imágenes propias de la poesía. De hecho, ha escrito teatro, ensayo y poesía.
¿Qué te llevó a crear estas charlas abiertas al público y no restringirlas a un ámbito académico?
Estas charlas surgen de la necesidad de divulgar la idea de naturaleza entre el ciudadano vitoriano, y como mi formación es filosófica decidí unir ambas ideas en un formato como las lecturas. En un entorno académico realizo una actividad parecida en la que un grupo de profesores y yo analizamos diferentes textos durante el curso escolar; sin embargo, aquí la práctica es más espontánea. Comenzamos leyendo un párrafo del autor y se comenta sin necesidad de tener formación académica. La participación está siendo excelente. La gente tiene grandes ideas, y en mi opinión este formato abierto es útil para que reflexionen sobre la naturaleza y comprendan al Otro.
Estos talleres son como una “ecología del pensamiento”. ¿Te sientes identificado con ello? ¿Qué significa para ti?
La definición que has dado no se aleja mucho de lo que sucede en las clases, porque en ellas se produce una reflexión sobre la naturaleza que nos lleva a valorar la alimentación, la salud, las costumbres o la tecnología. Esto fue lo que sucedió en la sesión dedicada a Emerson, un escritor norteamericano con una concepción espiritual de la naturaleza, que provocó un diálogo muy interesante. De modo que sí, puede hablarse de una reflexión ecologista en las clases, sobre todo porque las participantes demandan una mejor relación entre sociedad y naturaleza.
Desde tu perspectiva, ¿cómo puede el feminismo ayudarnos a pensar ecológicamente?
Hay que reconocer que, a priori, feminismo y ecología son movimientos políticos separados, ya que tienen necesidades diferentes. Pero en la práctica pueden ir de la mano porque una persona puede tener ambas sensibilidades. Muchas personas entienden que existe un problema con el cambio climático a la vez que conciben que la mujer padece desigualdades. El feminismo puede aportar a la actividad ecologista una perspectiva propia de la justicia, ya que mujer y naturaleza son dos formas de alteridad. Es el papel que encarnan autoras como Griffin, que exploran la relación entre la mujer y la naturaleza.

¿Qué tipo de dinámicas usas en las charlas para fomentar el diálogo y la participación?
Las clases están pensadas para que haya una participación alta. Mi preocupación es que las asistentes opinen y disfruten del diálogo. Por este motivo rehúyo preparar las clases como una ponencia donde solo habla el experto. Hago una pequeña introducción del filósofo, leemos un párrafo y después la gente comenta. Si veo dudas, lanzo una pregunta para abrir conversación. Mi papel se reduce a moderar e incentivar la charla; quienes enseñan son las participantes.
¿Cómo ha respondido el público? ¿Qué tipo de personas se acercan?
Ha habido un buen número de inscripciones, aunque no siempre acude todo el mundo. El cupo mínimo se está cumpliendo, pero aún no hemos alcanzado el límite. Hasta ahora el público ha sido mayoritariamente femenino, con edades muy distintas entre sí. El próximo día trabajaremos a Feyerabend, un pensador materialista muy diferente de los anteriores. No sé aún qué público vendrá, pero las mujeres siguen siendo mayoría.
En tu trayectoria personal, ¿hubo alguna lectura decisiva que te llevase a unir filosofía, feminismo y ecología?
No fue una lectura concreta. El proyecto pretende integrar diferentes perspectivas de la naturaleza: Emerson, que entiende la naturaleza como punto de partida hacia lo espiritual; Griffin, que vincula mujer y naturaleza; y ahora un filósofo que estudia el concepto de naturaleza en la historia del pensamiento. La segunda sesión es la que reúne filosofía, feminismo y ecología, aunque en la primera ya hubo relación entre naturaleza y espiritualidad.
En tiempos de redes, ¿cómo recuperar la atención y la profundidad en la lectura?
Ahora se piensa que se lee menos, pero no es del todo cierto, como demuestra el gran número de lectores de poesía. Un ejemplo claro es el festival Poetas en Mayo de Vitoria. Es cierto que poesía y filosofía son minoritarias frente a opciones de ocio como el fútbol o la música, pero las nuevas generaciones han recuperado el hábito de leer. La filosofía no es su lectura favorita, pero su utilidad para comprender la realidad es indudable.
¿Qué autores te han inspirado?
Mis pensadores principales son Aristóteles y Platón —especialmente La República—. También destaco la escuela empirista inglesa, a Descartes, a la filosofía analítica (Russell, Wittgenstein) y al Círculo de Viena. Son referentes esenciales para mí, aunque aprecio autores de otras corrientes.
¿Qué papel puede tener la lectura en la transformación social o ambiental?
La lectura es muy importante para el desarrollo intelectual, aunque su contribución directa a una transformación ambiental puede ser limitada. Hoy en día pueden producirse revoluciones sin necesidad de libros, gracias a las telecomunicaciones. Pero para un crecimiento personal es imprescindible leer. Sin capacidad crítica es difícil que exista una transformación social o ambiental eficiente.
¿Qué esperas que se lleve el público tras asistir a un taller?
Me gustaría que disfruten conversando con otras personas sobre temas actuales. Las clases buscan generar una reflexión sobre la naturaleza y yo mismo aprendo ideas muy interesantes de quienes participan. Creo que ellas pueden hacer lo mismo: aprender desde la lectura compartida, la escucha al otro y disfrutar de un momento de ocio sano en un entorno tan especial como los humedales de Salburua.
(c) Luna Henxe, texto; Fotografía de portada, Nekatur; Fotografía retrato, MundoArti
