La Forza del Destino
La primera ópera de la temporada de la Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera ha merecido bravos y aplausos del público. El incansable Lorenzo Passerini, al frente de la Euskadiko Orkestra, ha llevado los compases de la partitura al favor de los intérpretes. Perfecto el debut del barítono Juan Jesús Rodríguez en el rol de Don Carlo di Vargas; emocionante y sensible la soprano Carmen Solís como Donna Leonora; un Don Álvaro (Angelo Villari) de bello timbre; magnífico Don Melitón (Luis Cansino); pizpireta Preziosilla, la mezzo Ketevan Kemoklidze; un espléndido solo de violín de la orquesta; y una gran ejecución del resto de roles secundarios. En definitiva, un gusto haber disfrutado de nuevo de la representación de este drama en cuatro actos del maestro Verdi —quién si no—, donde no es la maldad quien desencadena los acontecimientos, sino el sino fatal que hace que todo desemboque en tragedia.
No solo el elenco ha estado a la altura del gran desafío vocal que requiere la obra; también el conjunto que lo ha acompañado ha sido notable. Hemos tenido la oportunidad de charlar con el cantante bilbaíno David Aguayo, que ha interpretado el rol de “Un Chirurgo” en estas representaciones.
Entrevista a David Aguayo, cantante lírico

Hola David, gracias por hablar con CulturaBAI sobre tu intervención en la ópera La Forza del Destino. Cuéntanos cuál ha sido tu personaje y en qué momento interviene.
Intervengo en el tercer acto, en el papel de Un Chirurgo (un cirujano), un papel breve pero que coincide con los dos protagonistas hombres, el tenor y el barítono, en el momento en que vienen a la enfermería tras la batalla y uno de ellos (Don Carlo di Vargas —barítono—) me pregunta por la situación del otro (Don Álvaro —tenor—), que viene herido. Tras un pequeño diálogo y después del aria que canta Don Carlos, salgo yo de nuevo para decir que el herido capitán se ha salvado. Es un papel pequeñito, que ya había cantado hace tiempo.
El momento musical de la intervención parece comprometido.
Sí, hay que estar tranquilo y cantar con seguridad, puesto que hay momentos en que no tengo la referencia de la orquesta. Al haberlo hecho en la producción anterior ya tenía una base, puesto que además hay que representar la escena (mirarle a él, tocar al herido, poner cara de apesadumbrado, encontrar la posición en el escenario…), se trata sobre todo de no hacerlo en plan automático, como un robot, sino que sea algo vivo.
La escenografía de este acto está pensada en dos niveles, quedando la enfermería en el nivel inferior, que es por donde tú entras a la escena… ¿cómo preparas este momento?
Hay una plataforma que sube y baja. Yo tengo que estar en la parte de abajo 15 minutos antes, solo, aislado; no se escucha nada. Mentalmente voy repasando lo que está cantando el coro en ese momento para saber cuándo es mi intervención. En cuanto veo que sube la plataforma y ya se ve el escenario, entro directamente; a veces cuento compases, pero no me hace falta porque lo llevo muy machacado de casa, la verdad. Procuro estar muy atento.
¿Cuál es la dificultad que entraña cantar tantas intervenciones cortas? ¿Tienes que estar muy concentrado?
Concentrado y, desde el inicio, tomárselo con seriedad, querer hacerlo bien. Como bajo-barítono, casi siempre me ha tocado hacer de malo. Los papeles de bajo en general son así: o haces de carnicero, o de sargento, o de borracho, o lo que sea. Pero hay que tomárselo con seriedad y con la seguridad de todo el trabajo que hay por detrás, el trabajo que hay en casa. Y, sobre todo, hacerlo para disfrutar. Disfruto mucho de estar a un metro de los protagonistas, grandes voces que recorren el mundo con los papeles principales… Eso es un puntazo. Me gusta mucho.
¿Cómo te empezó a ti la afición de cantar? Sobre todo ópera, lírico… dinos de dónde vienes musicalmente hablando.
Me vino la afición ya mayorcito, cuando estaba en la universidad. Formé parte del Coro Universitario de la UPV y llegó un momento en que estaba ¡hasta en cuatro formaciones a la vez! Me acuerdo de aquella época, no paraba… Recuerdo que en la época del instituto me propusieron cantar en el coro, con 14 años. Me acuerdo de aquella profesora, Pilar Bruzos, que me lo propuso en cuanto oyó mi voz, que ya me había cambiado. En aquel momento era inviable para mí, ya que mis padres no tenían tiempo para eso, puesto que éramos muchos hermanos. Hasta que llegué a la universidad y, estudiando Magisterio Musical, entré al coro y poco a poco empecé a tomármelo más en serio. Tuve la suerte, la verdad, de coincidir con Julen Ezcurra, que vivía para ello. A los que habíamos entrado, nos cogía los sábados y los domingos y nos enseñaba música. Fue una suerte increíble.
Ahí estuve al menos diez años, haciendo conciertos, óperas también… no solamente en Bizkaia, sino en muchos sitios dentro y fuera del País Vasco. Como he dicho antes, llegó un momento en que participaba en varias corales a la vez: el Coro de la UPV, la Coral San Antón, la Coral de Barakaldo, y muchas otras colaboraciones donde me llamaran. También estuve en el Coro Joven Nacional. En todos los sitios en los que he estado, por cierto, lo que hago es tomármelo en serio. Esa es la clave: trabajo y voz también. Una suerte, ¿no?
En esta ópera, en La Forza del Destino, se ha podido percibir tu seguridad en el escenario. ¿Crees que los papeles secundarios, al igual que pasa en el cine, pueden ayudar a que el resultado final sea más brillante de alguna manera?
Sí, bueno, te contesto en dos partes. En primer lugar, creo sin duda que la base está en el trabajo: hay que llevárselo muy preparado. Por lo tanto, es importante escoger un secundario que rinda en el papel y que lo resuelva bien… Es difícil trabajar con solistas a gran nivel, ¡estamos hablando de la Ópera de Bilbao!, que trae a grandes intérpretes, gente que canta internacionalmente. Por otro lado, ya más específicamente, hay que estar preparado para el momento de la intervención pase lo que pase. Hay veces en el teatro que, cuando llega la parte que tengo que cantar, a veces ni me dan la entrada, ya que el director debe estar en ese momento pendiente de los roles principales.
¿Cómo surge la oportunidad de cantar este papel?
La oportunidad de cantar parte de un pequeño casting entre los miembros del coro de la ópera. A mí me gusta pensar que me presento para disfrutarlo y pasarlo bien. Una vez que te dicen que lo vas a hacer, comienza el trabajo de preparación en casa, porque pueden pasar varios meses hasta que empiecen los ensayos en el teatro.
Por curiosidad, antes de salir al escenario, ¿tienes alguna manía o ritual antes de entrar en escena?
Pues mira, lo primero es no ponerse nervioso. Como ritual, ni me rasco la oreja, ni entro con el pie izquierdo, jajaa… nada, nada, procuro estar tranquilo, la verdad. Si lo has ensayado para hacerlo, es tu trabajo. ¿Para qué te vas a poner nervioso? Es lo que tienes que hacer. Lo que hago antes de entrar es repasar mentalmente lo que voy a cantar. Antes incluso de la llamada a escena. Eso y tener la música dentro. Si ya vas con la música, entras a pesar de todo lo que pueda pasar.
Además de cantante te dedicas a la enseñanza; ya has dicho que has estudiado Magisterio Musical. ¿Qué crees que aporta una cosa a la otra? Es decir, tu faceta de cantante a lo que puede ser una dedicación en la educación, y al revés.
¿De dónde crees que saco las ideas para hacer escena? Jajaaa… caminar por el escenario, sentarme con uno que no tenía que estar, moverme, dar una palmadita a otro… ¡pues de estar con críos trabajando! Los críos son la improvisación absoluta. En clase tú eres el principal referente y cada momento te lleva a improvisar. Al contrario, todo lo que aprendo en el teatro lo llevo al aula: ideas para los festivales de fin de curso… casi como un director de escena. Es evidente que es una aportación mutua.
Eskerrik asko, David, por tu tiempo. Esperamos verte pronto en otra actuación. ¿Algo más que añadir?
Dar las gracias a ABAO y al Coro de Ópera de Bilbao por esta oportunidad de disfrutar junto a grandes cantantes de algo que amo, que es disfrutar de la música.
(c) María Brodal, texto, entrevista y fotografías
