Carbón, crudeza y conciencia social. Cuarta reunión del Club de Lectura de Literatura clásica
El pasado 17 de enero se celebró la última sesión del Club de Lectura de Literatura clásica. Para esta ocasión, el libro a comentar fue Germinal de Émile Zola, la obra más popular del autor francés y una gran representante del Naturalismo.
Lo primero que se comentó entre los asistentes es la sensación de veracidad que destilan sus páginas. La vida en un pueblo minero del norte de Francia en 1860 se retrata a todo color. En ella predomina el gris aunque transcurra en primavera; con tonalidades marrones que nos evocan el barro por el que caminan los habitantes de ese lugar; y el negro. Mucho negro del carbón, la hulla y el coque que se extrae de lo más hondo de las minas. Pero no solo eso. Germinal es una obra que impacta. Mientras la lees, sientes el mismo frío, hambre y cansancio que los personajes que pululan por ella. Pero también la expectativa de una vida mejor, la esperanza de un mundo diferente para el futuro y, sobre todo, el abatimiento al comprender que no siempre se gana.
Además de ello, una de las cuestiones que más se alabó en la sesión fue la gran labor de documentación que llevó a cabo el autor para escribir Germinal. Los detalles, las minuciosas descripciones y el retrato de cada uno de los personajes son completamente realistas. No edulcora ni dulcifica. Lo hace con toda su crudeza. Como la vida misma. Sorprende leer escenas de violencia hacia mujeres, animales o niños. Sorprende comprobar que ni en los momentos más aciagos los vecinos se apoyan entre sí. Y sorprende descubrir que hay gente mala y que esa maldad no desaparece incluso ante una muerte inminente. Pero es que estamos en una obra del Naturalismo. No es un movimiento literario por definición bello. Es un estilo que refleja una realidad de forma casi documental para crear conciencia en la sociedad de la época.
En relación a esto último, en el Club debatimos sobre el compromiso social de la obra. Por un lado, el personaje principal, Étienne Lantier, quien incita a la huelga a los mineros, a pesar de buscar mejorar la situación del gremio, muestra una doble moralidad al vislumbrarse sus ganas de ascender en política. Es realista su forma de actuar, pero ¿hubiera sido más efectivo mostrar un hombre que no busca su propio beneficio? Quizá. No hay una respuesta clara. Lo que sí que está claro es que Germinal es una obra con personajes y situaciones que reflejan la vida tal y como es. Por otro lado, aunque el propio autor afirmó que no pretendía incitar a que los mineros se levantasen a la huelga, sí que con esta obra quería crear conciencia y reflejar cómo era la vida en un pueblo minero de Francia en esa época.
En definitiva, Germinal es una obra cruda. No es agradable, pero es necesaria. Su lectura, incluso a día de hoy, es un acto subversivo que obliga al lector a reflexionar. El libro retrata las duras condiciones de la mina. Situación que se puede extrapolar a día de hoy en la industria textil, la recogida de fruta o el sector marítimo. Cualquiera que se embarque en este libro, será dará cuenta de la suerte que tenemos y que esa suerte viene precisamente a que en el pasado otros se sacrificaron para que nosotros tuviéramos una vida mejor.
P.D.: La próxima obra que leeremos será El anticuario de Walter Scott. Espero que tú, que has leído este artículo, te animes a hacernos una visita. Será el sábado 21 de febrero a las 11:30 en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. ¡Espero verte!
© Leire Ibáñez de Gauna, texto y fotografía
