jueves, febrero 19, 2026
Escena

Los malabares de las esperanzas

El pasado sábado 7 de febrero tuvo lugar en el polideportivo del Centro Cívico El Campillo la actividad Muestra de malabarismo funcional, organizada por la asociación de circo Azikarte, en la que trataron de acercar los malabares a los niños.

Siempre he querido ser malabarista. Es una bonita forma de comenzar este artículo, porque la vida es, en cierto modo, una metáfora: hay que saber jugar y pensar al mismo tiempo. Para comprender, es necesario educar la sensibilidad desde la infancia. No todos desarrollamos empatía, ni todos entienden su verdadero significado.

Si miramos a la asociación Azikarte desde dentro, descubrimos el pequeño milagro del circo contemporáneo: ya sin animales, pero con un universo de posibilidades. Un millón de malabares para hacer la vida un poco más amable.

Ahora pongámonos en la piel de un niño. Da igual la década, el país o la casa. Ese niño juega a ser artista de circo, juega a reinventar el mundo desde su imaginación. Aún desconoce que el planeta cambia con cada estación: en invierno se abriga, en verano sueña con la playa.

El niño aprende de todo lo que ve, porque cada mirada es nueva dentro de su propia historia. Se refugia en la fantasía y sueña incluso con ser una carpa de circo que viaja por toda la Tierra.

Un día se despierta y va al colegio, como cada amanecer. A las nueve de la mañana entra en clase: su pupitre, sus compañeros, los profesores. Después, el recreo. Y vuelta a empezar. Al salir, la rutina de siempre: deberes, cena, un poco de televisión y a la cama.

Al día siguiente descubrimos que nuestro protagonista es especial. Tiene una ligera cojera que lo hace más lento que sus compañeros, pero él ha decidido no dejar que lo defina. Zapatos ortopédicos, ejercicios distintos y una sensibilidad a prueba de todo. Todo ello en una sociedad que, a veces, sigue tratando la diferencia como si fuese una rareza.

Este niño también tiene un hobby. Es su secreto, una parte íntima de su mundo: le gustan los malabares y le fascina el circo.

Este curso ha descubierto que existe una asociación que acerca el circo a personas como él. Se llama Azikarte. Empezará a asistir esta misma semana.

Tal vez, algún día, trabaje en el circo. Tal vez forme parte de esa carpa que viaja sin destino final. Tal vez ahí comience su propio camino dentro de los malabares de las esperanzas.

Entrevista a Joseba Martínez de Ilarduya

Web de Azirkarte

© Jorge Girbau Bustos, texto, entrevista y fotografías

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