Una trama enrevesada, latín y diálogo con el lector
El anticuario del escocés Walter Scott es la última obra que se ha leído para el Club de Lectura. Esta sesión se celebró el 21 de febrero en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa y, en esta ocasión, el coloquio fue el más prolífico de los que ha habido hasta la fecha.
De todas las novelas del autor, esta quizá sea una de las más completas y complejas a su vez. Un libro que engancha, deleita y sorprende a partes iguales. Por ello, los asistentes al Club de Lectura disfrutaron mucho de esta obra que representa tan bien la esencia del Romanticismo. No obstante, a pesar del placer que produce su lectura, es un libro con una estructura argumental enrevesada en la que se entrelazan varias tramas y subtramas. Un libro donde se mezcla la aventura, el misterio, el romance, lo sobrenatural, la épica, la picaresca y el humor. Y todo ello en un único tomo.
El anticuario, considerada inicialmente una novela histórica (en el Club debatimos sobre esta categorización y no hubo un consenso claro), destaca sobre todo por sus variadas y recurrentes referencias culturales. El protagonista, el anticuario que da título a la obra, es un hombre erudito que sabe de todo (o eso cree él) y que utiliza cualquier excusa para demostrar esos conocimientos que le apasionan. De este modo nos encontramos con referencias históricas, artísticas, literarias y con latín. Mucho latín. La que circunscribe estas líneas conoce bien el idioma y disfrutó con las sentencias latinas, aunque, al igual que a los demás le parecieron excesivas cuando la novela se acercaba a su fin. Eso sí, con lo que disfrutamos todos por igual fue con las citas que encabezaban los capítulos. La mayoría de ellas eran, simplemente, preciosas, pero no solo eso, sino que además casaban perfectamente con el capítulo en cuestión. Es habitual encontrar este recurso en muchas novelas, pero no lo es que estén tan bien escogidas y que tengan tanta relación con lo que se va a leer a continuación. De hecho, desde mi experiencia lectora (que no es poca), puedo asegurar que nunca he encontrado unas citas que encajen tan bien como estas lo hacían.
En cuanto al estilo, fue alabado y elogiado por los asistentes al Club. La ironía, los dobles sentidos y las escenas humorísticas son una constante que el autor encaja con maestría dentro de un tono de seriedad. Qué vamos a decir de la foca (quién haya leído el libro entenderá la gracia), la ingenuidad de Arturo o de ese final en el que se creía que se avecinaba una guerra. Por otro lado, disfrutamos mucho con las interpelaciones al lector. Lo que más nos sorprendió fue la gran cantidad de frases que se dirigían directamente al quienes estábamos delante de las páginas. Asimismo, destacamos lo elaboradas que eran ya que se trataban de frases muy largas (en ocasiones de párrafos enteros) donde se nos avisaba del hilo tramático por el que se iba a continuar (recordemos que la línea argumental no era fácil de seguir debido a la gran cantidad de tramas).
En definitiva, El anticuario es una obra que da para debatir y dialogar ampliamente. Desde la complejidad de la trama, pasando por la intertextualidad en la novela hasta llegar al magistral estilo del autor. Prueba de ello es que estábamos tan entretenidos hablando que ¡nos pasamos de la hora!
P.D.: La próxima obra que leeremos será El ancho mar de los sargazos de Jean Rhys. Espero que tú, que has leído este artículo, te animes a hacernos una visita. Será el sábado 28 de marzo a las 11:30 en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. ¡Espero verte!
© Leire Ibáñez de Gauna, texto y fotografía de portada
