martes, octubre 20, 2026
Ecología

Del asfalto al huerto

El otoño es conocido por la caída de las hojas, el descenso de las temperaturas o, desde hace ya años, Halloween. Dejando el romanticismo a un lado, es un periodo que cada vez me parece más hermoso… incluso las calabazas. Viene a dar calma a los excesos del verano. Nos lleva a interiorizarnos en uno mismo y al análisis.

Pero más allá de estas divagaciones, el otoño es una época de siembra y creación. Plantas como las zanahorias conviene sembrarlas directamente en el terreno ahora, y algunas hojas verdes prefieren que se las trasplante. El caso es que, contrariamente a lo que solemos pensar, el otoño no es una época donde la naturaleza se aproxime a su fin.

Calabazas de otoño de distintos tamaños y colores
«Calabazas, uno de los frutos característicos del otoño. Imagen: Pixabay»

Otro error que cometemos es asociar el cultivo con campo, y ciudad con asfalto. Si os acercáis a algunos barrios de Vitoria-Gasteiz, comprobaréis que la segunda opción es más que una posibilidad. Me refiero a parcelas municipales, proyectos vecinales para el autoconsumo, y también a aquellos pensados como formación, que buscan convertir la agricultura ecológica en una actividad profesional. 

Quien tenga curiosidad por comprobarlo, o por participar, en el modo que prefiera, basta con que se acerque a algunas de las iniciativas existentes en nuestra localidad y que llevan la horticultura a la cotidianidad. Con sus diferencias, por supuesto. Porque no es lo mismo cultivar unas verduras para consumo propio que poner en marcha una explotación agraria. Y aunque el concepto de huerto urbano es precedente a nuestros tiempos, los huertos promovidos durante la Segunda Guerra Mundial, conocidos como Victory Gardens, popularizaron el cultivo de alimentos en espacios urbanos. Y ahora, sin duda están de moda. 

Huerto urbano con cultivos y vegetación
«Huerto urbano. Imagen: Pixabay»

Uno de los espacios dedicados a la horticultura ecológica se encuentra junto al río Zadorra, en Abetxuko. Son las Huertas de Urarte, gestionadas por el Centro de Estudios Ambientales (CEA), que cuentan con 228 parcelas individuales de 75 metros cuadrados, además de otros espacios.

Tanto si se es principiante como si ya se tiene experiencia, cultivar las propias frutas y hortalizas puede ser una buena manera de acercarse a la agricultura ecológica y aprender sus técnicas. Eso sí, para acceder a una de estas parcelas es necesario presentarse a las convocatorias públicas del Ayuntamiento.

Frutas y hortalizas recién recogidas
«Frutas y hortalizas recién recogidas. Imagen: Pixabay»

Otra opción cercana es la que promueve la Asociación Zabalortu, en Zabalgana, donde los propios vecinos del barrio combinan el cultivo de frutas y hortalizas con actividades comunitarias y de educación ambiental relacionadas con la agricultura ecológica. La Asociación es quien gestiona la organización de las actividades en los 4.165 metros cuadrados, las 60 parcelas de cultivo que lo forman, y los vecinos son quienes se ponen de acuerdo con respecto a la distribución de las tareas y  los cuidados a realizar.

En Lakua también podemos encontrar un curioso proyecto relacionado con la agricultura ecológica.  Lakuakolore, gestionado por la Asociación ecocultural Ekoburuzel. En una extensión de 6.000 metros cuadrados, convive el cultivo de hortalizas y frutales con el desarrollo de un bosque comestible. Algo que requiere paciencia, dado que no todos los cultivos se cosechan con la misma rapidez. 

Si nos vamos a Borinbizkarra, en el proyecto Ortubi, defienden entre otras cosas, un modelo de ciudad sostenible. En los 5.000 metros cuadrados de terreno municipal destinado a las huertas, sus objetivos son la recuperación de conocimientos agrícolas, el encuentro entre generaciones y el aprovechamiento social de los espacios públicos. Ahondan en el aprendizaje del conocimiento de los suelos, los ciclos de las plantas, y una atención que se adquiere con los años.

Campus de Álava de la Universidad del País Vasco
«Campus de Álava de la Universidad del País Vasco. Imagen bajo licencia de documentación libre GNU»

Aparte de lo ya mencionado, también encontramos horticultura ecológica en el Campus de Álava de la Universidad del País Vasco (EHU). Es el HaziCampusa, un proyecto creado y gestionado por el profesorado, que utiliza el cultivo ecológico como recurso educativo. El huerto funciona como un espacio para estudiar los procesos naturales y conocer distintas formas de aprovechar los recursos orgánicos. En él han colaborado distintas áreas universitarias, entidades como el Centro de Estudios Ambientales (CEA), y la asociación Kiribilore (gran defensora de la permacultura).

El Jardín Botánico de Olárizu, por su parte, no es un huerto destinado al autoconsumo, aunque también nos acerca al mundo vegetal. Su actividad didáctica, investigadora y de conservación nos permite un mejor conocimiento de las plantas, los ecosistemas y la diversidad. Porque no se trata sólo de conservar especies, sino también de comprender las relaciones que mantienen con el entorno.

Jardín Botánico de Olárizu
«Jardín Botánico de Olárizu. Imagen bajo licencia CC BY-SA 4.0»

El Jardín Botánico de Olárizu, a su vez, aunque no sea un huerto de autoconsumo, mantiene una importante actividad didáctica, de investigación y conservación botánica. Relacionada con el conocimiento de las plantas y de los ecosistemas, la conservación de la diversidad vegetal, y la comprensión de la relación entre las plantas y su entorno.

Por último, hay que mencionar a Basaldea, un centro de empresas ecológicas. Este proyecto parte del propio municipio, y está enfocado en el emprendimiento agrario y el desarrollo de explotaciones profesionales de agricultura ecológica.

En una extensión de once subparcelas de 1 y 1,5 hectáreas, además de invernaderos y otros espacios, se muestran técnicas para aprovechar mejor el espacio y cuidar la estructura y fertilidad del suelo. Se ofrecen recursos y asesoramiento para emprendedores, y formación relacionada con la producción ecológica, la horticultura biointensiva y la regenerativa. 

Basaldea es un proyecto ambicioso que aúna la horticultura ecológica con la viabilidad económica, aportando el complejo mundo empresarial a la sostenibilidad y el autoconsumo. 

Círculo verde rodeado de humo como símbolo de sostenibilidad
«Imagen simbólica de la sostenibilidad y la integración de la naturaleza en la ciudad. Imagen: Pixabay»

Cada uno de estos proyectos muestra que la idea de un huerto en el asfalto responde a una necesidad diferente. Como el autoconsumo, la gestión compartida, la promoción del conocimiento y la conservación del mundo vegetal o la creación de explotaciones profesionales. 

Dichas diferencias son las que muestran que no es una práctica aislada, sino una forma de acercar la agricultura a nuestra vida cotidiana. La agricultura es una actividad ancestral, y además vital. Pretender que cohabite en las urbes, no es descabellado, porque en una época de incertidumbre como la que vivimos, es preciso tener presente la importancia de conocer las condiciones en las que crecen los alimentos, cuidar sus tiempos, y trabajar con los límites que impone la naturaleza. 

A nosotros nos toca decidir qué lugar queremos darle en nuestro entorno, y también cómo podemos favorecer la producción de alimentos.

© Luna Henxe, texto. Fotografías: autoría y procedencia indicadas en cada pie de foto.

Luna Henxe

Responsable de la sección de Ecología de CulturaBAI.Formación: graduada en Bellas Artes; técnica superior en Promoción Turística y Atención al Visitante y en Gestión de Recursos Humanos; máster en Dirección de Recursos Humanos y Coaching Ejecutivo.Trayectoria: ha enseñado español como lengua extranjera y es autora de El tesoro de Aiz el Din.

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