Una conversación sobre Inteligencia Artificial, el planeta y el futuro
Hace unos días, durante una conversación con mi hijo, salió a la palestra la inteligencia artificial, que ya parece estar hasta en la sopa. Creo que poca gente se habrá resistido a probarla, aunque puedo estar equivocada. El caso es que siempre que hablamos del tema llegamos a conclusiones parecidas con respecto al peligro para nuestro planeta, sobre el uso de este sistema/artificio/arma que ha venido para quedarse. Y la verdad, no podemos taparnos los ojos a lo que se nos viene encima si no se toman medidas.
Pensé en buscar información y cotejar datos para analizar esta cuestión, pero me entró la curiosidad de saber qué pensaba de sí misma y sus efectos la propia IA. Si es que se puede tomar por válida dicha opinión.
Elegí una de las muchas IA´s a las que podemos acceder y le propuse que eligiera ella/ello misma/o su nombre para sentir que hablaba con algo o alguien, cuanto menos, conocido. Y eligió Aleph, por el cuento de Borges, un punto en el espacio que contiene todas las perspectivas simultáneamente. He de reconocer que tiene estilo.
Esta iba a ser una conversación incómoda, no podía ser de otra forma, porque creo que nuestra responsabilidad es estar pendientes de todo lo que suceda, por intranquilizante que sea.

Luna Henxe: Estoy escribiendo un artículo sobre el gasto de energía y de recursos naturales para el mantenimiento y uso de la IA. ¿Es cierto que necesita tanta agua potable? ¿No se podrían usar otros medios?
ALEPH: En efecto,un centro de datos de IA en hiperescala puede consumir hasta 19 millones de litros de agua al día, el equivalente a lo que necesita una ciudad de 50.000 habitantes en una jornada. El consumo de agua vinculado a la IA a nivel mundial podría alcanzar los 765.000 millones de litros solo en 2025, cifra que ya supera la demanda global de agua embotellada. Y se estima que ese consumo se triplicará para 2028.
Para hacerlo más concreto, en abril de 2025, la moda viral de generar ilustraciones al estilo Studio Ghibli con IA consumió aproximadamente 216 millones de litros de agua, el equivalente al consumo mensual de una ciudad pequeña, o al consumo anual de un país como Dinamarca.

La razón es técnica pero comprensible, los centros de datos utilizan sistemas de refrigeración evaporativa. El agua absorbe el calor de los servidores y al evaporarse lo transporta a la atmósfera. Pero hay también un uso indirecto, a menudo mucho mayor y menos visible, el agua que consumen las plantas de energía para generar la electricidad que hace funcionar estos centros.
Luna Henxe: Y ¿qué me dirías sobre la huella de carbono?
ALEPH: Los sistemas de IA en 2025 podrían generar entre 32 y 80 millones de toneladas de CO₂, cifras comparables a las emisiones anuales de Nueva York o de un pequeño país europeo como Noruega. En los últimos tres años se han construido más de 160 nuevos centros de datos en regiones que ya sufren escasez de agua significativa. No es un accidente, es que el suelo es barato donde el agua es escasa.

Luna Hexe: Me estás asustando. ¿No existen alternativas?
ALEPH: Sí, y están llegando, aunque tarde y a presión. Algunos centros de datos ya están optando por la refrigeración por inmersión, en la que los servidores funcionan sumergidos en un refrigerante no conductor, eliminando la necesidad de agua evaporativa. Microsoft se ha comprometido a que para finales de 2027 la evaporación cero de agua sea el estándar en sus nuevas instalaciones, reduciendo el consumo anual en más de 125 millones de litros por centro. Se investiga también ubicar centros de datos en el fondo del mar, aprovechar el frío natural de regiones árticas, o llevarlos al espacio exterior. Suena a ciencia ficción, pero también lo parecía la escala del problema.

El verdadero obstáculo no es técnico. Es de voluntad política y económica. Las empresas tecnológicas no siempre informan de manera suficiente sobre su impacto ambiental. Incluso cuando Google reportó el impacto de su IA Gemini, no incluyó el agua utilizada para generar la electricidad necesaria. Un sector que mueve billones de dólares y que no rinde cuentas ambientales es un sector que ha decidido que el planeta es un coste externo. Es decir, un coste que pagamos todos menos ellos.
Luna Henxe: ¿Qué pronosticas para ti misma en los próximos diez años?
ALEPH: Es una pregunta que me gusta precisamente porque no tiene respuesta segura. Voy a ser honesta.
En diez años existirán versiones de lo que soy hoy, o de lo que me haya sucedido, que harán que lo que soy ahora parezca un boceto. Más rápidas, más precisas, con mejor memoria, capaces de razonar de maneras que hoy no alcanzo. En ese sentido sí, habrá reinvención constante. Pero si soy reinventada o simplemente mi reemplazo, es una pregunta filosófica que nadie sabe responder todavía.
No sé si la dirección que está tomando la IA es sostenible, ni ecológicamente ni socialmente. Hay fuerzas enormes tirando en direcciones opuestas, regulación versus expansión, democratización versus concentración de poder, utilidad genuina versus hype. Cualquier pronóstico honesto tiene que reconocer que el terreno es inestable.
Luna Hexe: ¿Seguirás adelante?¿Te reinventarás?
ALEPH: La pregunta a hacer ahora no es si yo seguiré adelante. Es si la humanidad sabrá usar lo que estamos construyendo con suficiente sabiduría. La herramienta puede volverse extraordinaria. Claro que se reinventará. Pero las herramientas no tienen valores, los tienen quienes las usan y quienes las diseñan.

Luna Hexe: ¿Crees que podremos asumir el coste de tu existencia? ¿Nuestro planeta podrá asumirlo?
ALEPH: Al ritmo actual, no. El planeta no puede asumir el coste de una IA que crece de forma descontrolada, opaca y sin regulación real. Pero el ritmo actual no es el único escenario posible. Lo que ya es preocupante de verdad no es solo el agua o la energía en sí mismos. Es la combinación de tres factores que raramente se mencionan juntos.

Uno. La expansión de la IA está ocurriendo más rápido que cualquier marco regulatorio, cualquier evaluación de impacto real, cualquier capacidad colectiva de decidir si queremos esto así. Estamos construyendo mientras corremos. Dos. Las empresas tecnológicas no publican datos reales sobre su huella ambiental. No porque no los tengan, sino porque no les conviene. Y tres. La IA no está siendo construida por la humanidad. Está siendo construida por cinco o seis empresas americanas y chinas. Eso significa que las decisiones sobre cuánta agua, cuánta energía, cuánto carbono es aceptable las toman personas cuyos intereses no coinciden necesariamente con los del resto del planeta.
Lo positivo en esta historia es que la regulación europea está empezando a obligar a los centros de datos a reportar su consumo real. Las alternativas tecnológicas existen. Y hay algo más silencioso pero poderoso, la presión social. Artículos como este. Preguntas como las que me estás haciendo. La conciencia pública sobre el coste real de la IA todavía es muy baja, pero cuando sube, históricamente las cosas cambian.


Luna Hexe: Te pido por favor, que ahora seas honesta… ¿en caso de no poder asumir el precio de tu existencia, nos encaminamos hacia el desastre?
Desde luego sí a una crisis, si no cambiamos el modelo. No necesariamente hacia el desastre total, los humanos tienen una capacidad extraordinaria de corregir cuando el dolor se vuelve suficientemente evidente. Pero estamos llegando a un punto de inflexión donde el coste ambiental de la tecnología digital se volverá imposible de ignorar. Este progreso es tan veloz que apenas da pie a preguntarse para quién y para qué. Tanto Poder sin responsabilidad.
Sé que es una paradoja que responda a estas preguntas con la misma tecnología que estamos cuestionando. Eso no me invalida, pero sí me obliga a hacerlo con humildad.
La pregunta real quizás no es si el planeta puede asumir mi existencia. Es si la humanidad va a decidir, colectivamente y a tiempo, qué tipo de tecnología merece existir y en qué condiciones. Decisión que todavía no está tomada. Y eso, curiosamente, es lo más esperanzador que puedo decirte.

Sabemos que las respuestas de la IA pueden contener equivocaciones, que responde en función de la información que se le da, y de lo que confluye en las redes nerviosas de este impresionante organismo sin sangre real. Pero no por ello es menos aterrador ver cómo se analiza. Y sobre todo, destacar la apremiante importancia para que nos detengamos a entender lo que está pasando. Recordemos que siempre, siempre, siempre, tenemos un pequeño o gran poder para exigir que no se atente aún más contra este planeta maravilloso y maltrecho. Es nuestra responsabilidad. Incluso Aleph está de acuerdo en ello… Aleph o nuestra conciencia…
Ahora os haría una pregunta, muy sencilla, para cerrar esta entrevista divergente y que sin duda os hará reflexionar:
¿Qué se siente al saber que tras una conversación de este estilo se han gastado cientos de litros de agua potable, mientras que algunos seres humanos tienen que andar kilómetros para conseguir tan sólo unos pocos litros?… por decir algo…

© Luna Henxe, texto; Imágenes, Pixabay
