El placer es mío
El placer es mío (Pour le plaisir) es una comedia francesa dirigida por Reem Kherici que llegó a los cines españoles el pasado mes de junio. La película narra la historia de un matrimonio que, tras veinte años de relación aparentemente satisfactoria, decide explorar su sexualidad y fabricar un dispositivo de estimulación erótica femenina, cuando Fanny -la protagonista- confiesa no haber tenido nunca un orgasmo. El guion es una adaptación muy libre, pero muy divertida, de la invención del Womanizer por el matrimonio alemán Michael y Brigitte Lenke.
Michael Lenke (ingeniero e inventor de productos) comenzó en 2012 a investigar las dificultades de las mujeres para alcanzar el orgasmo, y observó que la mayoría de los juguetes eróticos se centraban en la penetración, olvidando por completo al clítoris. Por ello, decidió crear un dispositivo que lo estimulara sin contacto directo. Tal como él mismo expresaba: “El punto de partida no era sustituir la conexión humana, sino mejorar una experiencia que no había recibido suficiente atención”.
La aportación de Brigitte Lenke fue fundamental en el proceso ya que se encargó de probar los prototipos -algunos de los cuales eran incómodos o incluso dolorosos- ayudando a determinar de esta manera su comodidad, intensidad y eficacia. Además de “catadora” del invento, Brigitte fue la encargada de su comercialización ya que Michael no confiaba demasiado en la proyección del juguete. El primer Womanizer se presentó año y medio después y desde entonces se han vendido más de 11 millones de dispositivos en más de 90 países.
El trabajo de los Lenke visibilizó un par de cositas relevantes:
Primera: que muchas de las dificultades con el orgasmo femenino son debidas a una estimulación inadecuada. Tengamos en cuenta que entre el 30% y el 50% de las mujeres manifiestan dificultades o incluso imposibilidad para alcanzar el orgasmo, a pesar de no presentar ningún problema fisiológico que lo dificulte.
Segunda: que las mujeres no necesariamente tardan más que los hombres en llegar al orgasmo. Con los estimuladores de clítoris, el orgasmo sobreviene en menos de un minuto. En muchos casos, en unos pocos segundos.
Estos datos ponen de manifiesto que, en pleno siglo XXI y a pesar de resultar sorprendente, el clítoris aún sigue siendo un desconocido en nuestra erótica.

“Muchas de las dificultades con el orgasmo femenino son debidas a una estimulación inadecuada. Las mujeres no necesariamente tardan más que los hombres en llegar al orgasmo.“
Si bien es cierto que los placeres son muy variados y que pueden experimentarse por todo el cuerpo, no está de más recordar que existe un órgano en la anatomía femenina especialmente diseñado para procurar placer (el clítoris no tiene funciones reproductivas, ni participa en la secreción de orina como el pene), que está “muy a mano”, que funciona igual en todas las mujeres independientemente de la edad, la orientación, la religión o la procedencia, y al que, sin embargo, no se le presta la debida atención. El placer femenino, desde una perspectiva puramente fisiológica, no es tan complejo como se cuenta. En todo caso, se complica al pretender buscarlo con técnicas inadecuadas.
No obstante, antes de adentrarnos en la estimulación, sería apropiado rescatar algunas nociones de anatomía.
“Existe un órgano en la anatomía femenina -el clítoris- especialmente diseñado para procurar placer, al que, sin embargo, no se le presta la debida atención.“
Tal y como muestran los últimos estudios, el clítoris tiene alrededor de 10.300 fibras nerviosas -más del doble que el glande del pene- lo que lo convierte en una de las estructuras más sensibles del cuerpo humano. El clítoris completo mide entre 11-13 cm de longitud y cerca de 7 cm de anchura. La estructura externa visible, el llamado glande del clítoris cubierto a su vez por el capuchón, representa solo el 10% del órgano. El 90% restante (el cuerpo del clítoris, las raíces y los bulbos vestibulares) es interno, adentrándose en la pelvis menor.
Quiero agradecer al ilustrador Aitor Cortazar la imagen del clítoris que amablemente ha accedido a diseñar para este artículo.

La estructura del clítoris está formada por un tejido eréctil que se llena de sangre y crece durante la excitación y el orgasmo, de manera similar a lo que ocurre en el pene. Este aumento de volumen puede provocar que los labios de la vulva se hinchen y que aumente la presión sobre la pared vaginal, lo que intensifica la respuesta sensorial y la lubricación. Sin embargo, el retorno de la sangre tras el orgasmo -la denominada fase de resolución posterior– es más lenta en la mujer que en el hombre (hasta 30 minutos en algunos casos), lo que le permite sostener la excitación y tener orgasmos sucesivos. Esa ausencia de período refractario, es la que convierte a todas las mujeres en potencialmente multiorgásmicas. Fisiológicamente todas tenemos esa capacidad, otra cosa es que no lo hayamos descubierto, que no nos creamos capaces de conseguirlo o que pensemos que con un orgasmo ya tenemos suficiente.
En cualquier caso, me gustaría que el hecho de estar dotadas de esta potencialidad nos llevara a utilizar el placer como una herramienta gozosa de profundización y evolución en nuestra sexualidad, y no a percibirlo como un objeto de consumo capitalista que convierte al otro en un simple recurso. Pero esto es tan solo un deseo personal. Sí señalaré, -y hablo ahora de realidad, no de deseo- que la energía que liberamos al excitarnos o con el orgasmo (el orgasmo es una descarga de energía que sobreviene al superar un determinado umbral de excitación) podemos emplearla en lo que queramos: unirnos, crear, explorar, compartir, ampliar la conciencia, disfrutar, procrear… Tenemos infinitas posibilidades eróticas a nuestro alcance. No obstante, que cada cual desde su libertad elija lo que le parezca conveniente.
“La energía que liberamos al excitarnos o con el orgasmo podemos emplearla en lo que queramos: unirnos, crear, explorar, compartir, ampliar la conciencia, disfrutar, procrear…“
Dicho lo anterior, para llegar al orgasmo es necesario que la mujer conozca bien su anatomía, sus deseos y sus preferencias. Dicho en román paladino: necesita saber qué le gusta, cómo le gusta y dónde le gusta. Para obtener ese conocimiento es imprescindible la exploración. Puede mirarse en un espejo para conocerse por dentro y por fuera, puede acariciarse suavecito por aquí y por allá, con distintos ritmos y movimientos, con mayor o menor presión, directamente o por encima de la ropa interior, con lubricación si resulta más agradable, puede recurrir a fantasías, recuerdos, lecturas, audios, juguetes, etc. Todos esos juegos masturbatorios van a permitirle conocer qué tipo de tacto le excita y cuáles son las zonas de mayor o menor sensibilidad… Sensibilidad que, por cierto, varía a lo largo de la vida. El embarazado, el parto, la menopausia, y la propia evolución personal, producen cambios en nuestras sensaciones y preferencias eróticas.
Y tras conocerse bien, necesita ser capaz de pedir y hacer sugerencias a sus acompañantes: me gusta así, hazme esto o aquello, sé más suave, un poquito más abajo, utiliza la lengua en vez de la mano, no pares todavía… Aunque pedir sigue siendo una asignatura pendiente para muchas mujeres, comunicarse con la otra parte es imprescindible para llegar a una interacción satisfactoria. Si no le digo al otro lo que me gusta, ¿cómo va a estimularme adecuadamente?. Por muy entregado que sea el o la amante, las indicaciones siempre son convenientes. La clarividencia todavía no es muy frecuente en la especie humana.
Recordemos que comunicarse significa estar dispuesta a expresar y pedir lo que necesito, pero también a escuchar y dar lo que la otra persona necesita. A todos nos gusta que nos estimulen. En este caso, comunicación es sinónimo de diálogo.
Si me lo permitís, haré una sugerencia a este respecto: El tacto suave funciona bien tanto con las caricias como con las sugerencias.
“La comunicación es imprescindible para llegar a una interacción satisfactoria. Comunicarse significa expresar y pedir lo que necesito, pero también escuchar y dar lo que la otra persona necesita.”
Una vez entendido que el clítoris es el mejor aliado del placer femenino, parece claro deducir que su estimulación facilitará considerablemente la excitación y el orgasmo. Y aunque la penetración vaginal estimula el clítoris internamente -los bulbos vestibulares rodean la entrada vaginal-, cuando el clítoris se estimula externamente con el roce, con los dedos o con la boca, la experiencia cambia por completo. La penetración vaginal no es la técnica más adecuada para que las mujeres lleguen al orgasmo. La vagina tiene muy pocas terminaciones nerviosas, al contrario que el clítoris que tiene más de 10.000. Siendo esto así, aún existe el empeño de recurrir una y otra vez a la penetración vaginal (con penes, con dedos o con juguetes). Como decíamos al comienzo del artículo, el orgasmo se complica al pretender buscarlo con técnicas inadecuadas. Eso no significa que no haya mujeres a las que les vaya bien la penetración.
Sea como fuere, esta forma de actuar pone de manifiesto que la erótica humana sigue siendo coitocéntrica. Recordando al profesor Efigenio Amezúa: “Los genitales no nos dejan ver el sexo”. En este caso es la penetración la que nos impide ver el sexo.
“La penetración vaginal no es la técnica más adecuada para que las mujeres lleguen al orgasmo. La vagina tiene muy pocas terminaciones nerviosas, al contrario que el clítoris que tiene más de 10.000.”
En fin, como el tema es muy vasto y quedan unos cuantos asuntos por abordar, mejor terminamos aquí el artículo y nos reencontramos en el próximo, donde seguiremos profundizando en el placer y su naturaleza.
Hasta entonces, que el tacto suave y estimulante os sea propicio.
© Natalia Urteaga, texto y fotografías
