La importancia de llegar el último
Tanto en la vida como en el deporte parece importante llegar el primero: en el estilo de vida activo y en el contemplativo, porque quien gana se lleva todos los premios, ya sean trofeos o la admiración —o incluso el amor— de quienes le rodean.
De quienes acaban segundos, terceros o más atrás casi nunca se acuerda nadie. Sus hazañas pasan desapercibidas y sus logros quedan a la sombra de los vencedores, convertidos simplemente en segundones. A veces incluso se les menciona como los derrotados, los de segundo orden.
En los deportes de equipo esto es menos evidente, aunque es incuestionable que los nombres que permanecen en la memoria colectiva pertenecen a los grandes: Real Madrid, Atlético, Barcelona, Deportivo… Equipos que han escrito su historia con letras de oro. Después de ellos, vienen los demás.
Lo mismo ocurre en otros países: París Saint-Germain, Olympique de Marsella, Inter, Milan, Manchester City, Manchester United, Bayern de Múnich… Pero el deporte que mejor encarna esta obsesión por llegar el primero es el ciclismo.
Un deporte sacrificado, donde el trabajo en equipo siempre importa pero las dotes de liderazgo lo hacen decisivo. Ahí están Merckx, Hinault, Indurain, Evenepoel, Roglič… todos ellos ganadores natos.
Y luego está un caso único: Raymond Poulidor, ciclista cuya figura se convirtió en sinónimo de quedar segundo. En múltiples ediciones del Tour de Francia fue subcampeón, y aun así sigue siendo uno de los más recordados.
Dicen que lo importante en la vida —como en el deporte— es ganar. Que lo demás es secundario. Que quien gana tiene el cielo en la tierra. Y yo no seré quien lleve la contraria, pero sí te invito a leer un cuento pequeño del escritor francés Marcel Aymé, titulado El último.
En este cuento se narra la historia de un ciclista llamado Martín, siempre el último en cruzar la meta. Y hasta aquí puedo contar de su apasionante relato, donde descubrimos que lo verdaderamente valioso no es ganar, ni ser segundo o tercero, sino llegar a la meta, aunque seas el último.
P. D. Marcel Aymé (1902–1967) fue un gran escritor francés, célebre por sus relatos. Entre sus obras más destacadas están La yegua verde, El hombre que atravesaba las paredes y Consumación).
(c) Txema Imaz, texto; Fotografía (Raymond Poulidor), IA
