Gorka Hierro: esculpir la madera desde la raíz y la experiencia
En CulturaBAI damos la bienvenida al escultor Gorka Hierro, a quien agradecemos su tiempo y cercanía para compartir su proceso creativo, sus influencias y su manera de entender la escultura. A través de esta conversación nos adentramos en un trabajo profundamente ligado a lo artesanal, a la materia y a la experiencia directa con la madera.
¿Cómo empezó tu relación con la escultura y los materiales con los que trabajas?
Desde muy pequeño, de la mano de mi padre, carpintero de profesión, empecé a tener contacto con la madera. Mientras él trabajaba, yo jugaba con los restos que caían al suelo, sin saber que ahí estaba comenzando todo.
Con el tiempo ese vínculo se fue haciendo más consciente: estudié carpintería, después me centré en la talla y, más adelante, en la escultura.
Es un camino que sigo recorriendo hoy, porque la escultura no deja de sorprenderme por la cantidad de posibilidades que ofrece y por todo lo que aún me queda por descubrir.
¿Qué te atrae de los materiales que utilizas para tus esculturas?
Para mis esculturas generalmente utilizo maderas del entorno. Trabajo todo artesanalmente, lo que me permite mantener una relación más directa y consciente con el material. En ocasiones los combino con otros elementos como la piedra o el metal, buscando contrastes y diálogos entre ellos.
Disfruto especialmente del trabajo con la madera: sus olores, los dibujos que conforman las vetas o los rizos o lascas que al esculpir van surgiendo.
Todo ese proceso tiene algo muy íntimo y sensorial; cada pieza acaba teniendo un carácter propio que la hace exclusiva.

¿Cómo suele empezar una obra tuya: con una idea previa o directamente trabajando el material? ¿Qué parte del proceso disfrutas más, pensar la obra o construirla?
Todo depende. La mayoría de las obras tienen un planteamiento inicial (como la colección Contrajarrera, nacida en época de la pandemia basándose en una crítica constructiva sobre la sociedad), respetándolo hasta la conclusión de la obra.
Sin embargo, en otras ocasiones es el propio material el que me guía en el proceso; la madera, con sus formas y los dibujos que conforman las vetas, me sugiere el camino y me lleva a encontrar la obra.
En cuanto al proceso, disfruto especialmente de la construcción, del trabajo directo con la madera, sus olores, su textura, todo lo que va surgiendo mientras voy transformando. Es ahí donde realmente siento la conexión con la obra.

¿Qué artistas o escultores han influido en tu forma de trabajar?
Los escultores que más han influenciado en mi forma de trabajar la madera han sido Tierry Martenon y Nilsorn. Ambos buscan formas nuevas en sus esculturas y trabajan mucho las texturizaciones de la madera.
Las obras de Jorge Oteiza, la forma de sacar las formas antropomorfas en sus esculturas y los tótems que esculpía, de los cuales disfruté mucho cuando visité su museo, han sido también una gran influencia.
Hace un año empecé a formar parte de una asociación sin ánimo de lucro, Eskuahaldunak, donde hacemos exposiciones conjuntas. Es un motivo de inspiración formar parte de una asociación que agrupa a tantos escultores y su forma particular de ver la escultura.
La escultura suele implicar un trabajo físico importante, ¿cómo influye ese esfuerzo en el resultado final de las obras?
En mi caso, el esfuerzo físico tiene un peso muy directo en el resultado final, ya que todo el proceso es artesanal.
Para el tallado no utilizo maquinaria ni herramientas eléctricas.
Eso hace que el tiempo y la energía invertida se hagan más visibles en cada pieza. No es solo una cuestión técnica, sino que el ritmo de trabajo, la resistencia del material y el propio cansancio influyen en cómo evoluciona la obra.
Ese esfuerzo limita, pero también define. Frente a procesos mecánicos que pueden ser más rápidos, a mí me interesa que la pieza conserve esa relación directa con lo manual, con lo físico.
Hace poco expusiste en la casa de cultura Fray Diego de Estella Lizarra. ¿Qué obras presentaste allí y cómo fue la experiencia?
Presenté una obra llamada “Hazien negarra” (el llanto de las semillas), sobre el trato que le damos a la tierra con el uso de herbicidas, pesticidas… y los resultados de ello, visibles tanto en las plantas como en sus frutos.
Fue una experiencia muy positiva, pues estaba organizada por Eskuahaldunak, siendo la propia exposición un lugar de encuentro de escultores, creando un espacio donde se dialoga sobre la escultura y se ven diferentes puntos de vista.

¿Qué te gustaría que sintiera alguien cuando se encuentra con una de tus esculturas? ¿Después de esta exposición tienes nuevos proyectos en los que estés trabajando?
Lo primero es que se perciba el trabajo que hay detrás de cada obra, que se vea la técnica, el proceso artesanal, el uso de la gubia y el detalle de los acabados. Para mí esto es fundamental, porque forma parte del propio lenguaje de la obra.
A partir de ahí, en cada obra busco algo distinto: en algunos casos hay una intención más conceptual o incluso de denuncia, y en otros simplemente una búsqueda de armonía, de líneas que funcionen visualmente y generen una sensación de belleza. Últimamente he estado trabajando en dar texturizaciones diferentes a la madera.
Me interesa que cada obra provoque una reacción diferente en el espectador.
Después de esta exposición tengo una en octubre en el Centro Cívico del Pilar, donde presentaré todo lo que he ido haciendo este tiempo, una gran oportunidad para ver cómo he ido madurando y creciendo como escultor.

© Raquel Aguilar Díaz, entrevista; Gorka Hierro, fotografías
