Alter ego, compromiso social y buenismo
El 18 de abril se celebró la penúltima sesión del Club de Lectura de Literatura clásica que se lleva a cabo en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. En esta ocasión, se comentó la novela Resurrección de León Tolstói, ejemplo de realismo ruso que gustó a todos los asistentes por igual.
Si hablamos de clásicos, no podemos dejar de lado la literatura rusa. Da igual qué autor, época o género leas, todas las obras que provienen de ese país son magníficas. Como no podía ser menos, en este Club se propuso una obra de Tolstói, Resurrección, la última novela que se publicó en vida del autor y una de las menos conocidas. En ella se ofrece un panorama de la Rusia de fin del siglo XIX a la vez que se reflexiona sobre las diferencias entre clases sociales, la justicia y la burocracia. A partir de un encuentro con una antigua amante, el príncipe Dmitri Nejliúdov hace un viaje a lo más profundo de la miseria humana que lo cambia por completo. El protagonista, como bien coincidimos en el Club, es el alter ego del propio Tolstói en el que se advierten los valores que el autor predicó al final de su vida. Una obra imprescindible para conocer la avanzada mentalidad de este escritor ruso.
Hablar de Resurrección es hablar de compromiso político. Tolstói quien parece que tenía claro que sin ética no hay estética hace una dura crítica a todos los estamentos de la sociedad. En primer lugar, al trato que se les da a los presos en las cárceles, quienes carecían de derechos civiles y que, en la mayoría, habían sido condenados injustamente. En segundo lugar, cómo el estatus y la riqueza son capaces de abrir todas las puertas, incluso de la burocracia más anquilosada. Sin olvidar, la profunda reflexión sobre la propiedad y la tenencia de tierras que realiza el protagonista a lo largo de la obra; mencionando brevemente la legalización del matrimonio homosexual, derecho que incluso en la actualidad está prohibido en Rusia. Sin embargo, los asistentes coincidieron en que esta obra fue muy adelantada a su tiempo, pero que a día de hoy no resulta tan innovadora. No obstante, su compromiso social es algo que todos admiramos.
Pese a que la prosa de Tolstói es impecable y su capacidad de adentrarse en el alma humana es majestuosa, esta novela presenta algunos elementos que no terminaron de convencer. Principalmente, el buenismo que impregna a todos los presos que aparecen en la trama. Es como si Tolstói hubiera dibujado personajes maniqueos en los que los buenos son muy buenos y los malos muy malos. En este caso, los buenos son siempre los pobres y los malos, los ricos que tienen propiedades. Y ahí en medio, está el protagonista que es el único capaz de ver los tormentos que padecen los pobres, el injusto trato al que se les somete y las inhumanas condiciones en las que se les obliga a vivir. Un aspecto que no empañó el aprecio hacia esta gran obra del siglo XIX, aunque se echara de menos más desarrollo.
En definitiva, Resurrección representa la situación social que se vivía en la época en la que se escribió y, a través de la pluma de Tolstói, nos lleva de viaje por un entorno desagradable, pero que, son su cuidada prosa, hace que el camino sea incluso hermoso. Y es que otra cosa quizá no, pero los rusos escriben como nadie.
P.D.: La próxima obra que leeremos será Fuenteovejuna de Lope de Vega. Espero que tú, que has leído este artículo, te animes a hacernos una visita. Será el sábado 16 de mayo a las 11:30 en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. ¡Espero verte!
© Leire Ibáñez de Gauna, texto e imagen
