viernes, junio 12, 2026
Sexología y relaciones humanas

Entonces, ¿el tamaño importa o no?

Tras el impás de estos meses, retomamos nuestros artículos de sexualidad e interacciones humanas. Hoy abordaremos el recurrente -aunque no necesariamente reflexionado- asunto del “tamaño”. ¿La tengo grande o pequeña? ¿realmente importa el tamaño? ¿a qué nos referimos cuando hablamos del tamaño? Veremos a dónde nos conduce el tema…

Hace unos años mantuve una conversación muy divertida con una joven a la que llamaremos “Clara” para mantener su anonimato. Clara me contaba, entre risas y aspavientos, que para ella era sumamente importante que el chico la tuviera grande. No hablaba de la inteligencia precisamente. “Ande o no ande, caballo grande”, decía Clara jovialmente. Según ella misma expresaba, los penes pequeños no le molaban lo más mínimo porque “no le rozaban las paredes”. Espero que se refiriera a las paredes vaginales y no a las de la alcoba donde se encontraba con sus amantes… La cuestión es que cuando llevábamos un rato charlando pregunté a Clara si le resultaba placentero que, en el fragor de la conquista, el guerrero “armado con trabuco” estimulara su vagina con el dedo. Ella no lo dudo un instante y dijo que sí, que eso la ponía como una moto. 

¿Cómo es posible que un dedo le hiciera saltar el maneto-térmico y que, sin embargo, un pene pequeño -que en erección poquísimas veces va a ser menor que un dedo- no le resultara estimulante? Vamos a ver, si un dedo le procuraba placer y si de lo que hablamos es exclusivamente del tamaño, entonces más del 99% de los penes humanos podrían quitarle el aliento, e incluso el gotelé. Es más, el 0,6% de varones con micropene (que para quienes tengan dudas corresponde a los penes que en erección no alcanzan los 3 cm de longitud) podría proporcionarle múltiples satisfacciones, a nada que derribara sus “paredes” mentales.

Está claro que para Clara el tamaño era claramente importante. Pero, ¿el tamaño de qué?

Como bióloga puedo entender que al imperativo biológico de transmisión de los genes pueda resultarle llamativo un pene grande o unos pechos voluminosos, no obstante, como interesada en la Sexualidad Humana encuentro fundamental preguntarse si el tamaño es algo llamativo, si es un valor, o un imperativo sin el cual no puede existir contacto. Cierto es que existe una sobrevaloración del tamaño, a menudo magnificada por los medios de comunicación, la publicidad y el cine, principalmente el porno. Ahora bien, que tamaños y frecuencias condicionen nuestra amatoria tiene que ver con cuestiones más serias. ¿Qué área de la persona dirige nuestra sexualidad? ¿instintos, emociones, razón, ser interno?

La sexóloga y escritora Valérie Tasso cuenta en su libro Antimanual de sexo que se ha hecho del sexo un coito y de su nivel de satisfacción, la medida de un pene. Mucho me temo que hemos reducido la inmensidad de la Sexualidad a un baile de medidas y estadísticas superfluas que, en realidad, nada cuentan de ella. ¿Cómo pretendemos constreñir el sentido de la unión, de la creatividad, del propio origen de la vida, a unos baremos insustanciales marcados, en la mayoría de los casos, por los intereses crematísticos de otros?

No sé si somos conscientes de que cada vez que medimos el sexo, reducimos TODO LO QUE PODRÍA LLEGAR A SER, a lo social, cultural o moralmente estipulado por determinadas ideologías. Como dice Valérie: “cada vez que al sexo le estamos dando una “medida”, creamos “disminuidos”. Los que están por encima o por debajo. Los supranormales o los subnormales. Los aptos y los no aptos. ¿A quién interesa tenernos medidos y clasificados?

Tengamos en cuenta que el tamaño del pene, la frecuencia de encuentros, el número de orgasmos, la cantidad de amantes, etc. son cifras a las que recurrimos para medirnos a nosotros mismos, para intentar tener el control, para creer que sabemos algo. Que un pene mida 12,5 cm (media nacional establecida) no cuenta nada de la calidad del encuentro, de la conexión de los amantes, ni del sentido de las caricias. Tengo la sensación de que nos medimos para saber si estamos a la altura, para compararnos, e incluso para retarnos. Es más fácil medir el tamaño de la herramienta, que entender el origen y el sentido de la empresa en la que nos hemos embarcado.

Es probable que hablemos una y otra vez de lo poco conocido del asunto como medio de ocultar tanto como ignoramos. Así, con una suerte de tamaños, estadísticas, frecuencias y clasificaciones sexuales vamos despistando nuestra ignorancia para sentirnos seguros, para demostrar, para controlar y controlarnos, para buscarnos y en la mayoría de los casos no encontrarnos, renunciando de esta manera no solo a la posibilidad de ser mucho más que unos cuantos deseos, miedos e ideologías, sino a nuestra propia libertad.

Cuando a través del contacto erótico somos capaces de ceder el control y abandonarnos por completo, podemos acariciar con la punta de los dedos versiones más amplias de nosotros mismos. Tal vez por ese motivo busquemos con insistencia el abandono del orgasmo. No obstante, verbos como abandonarse o ceder no forman parte de nuestro vocabulario erótico. El sexo, como la vida, es a menudo una lucha inconsciente de uno contra sí mismo.

Cuando me mido, construyo una medida fija, una normativa de mi persona. Esa medida -con límites superiores e inferiores-. a pesar de ser una interpretación de uno mismo, se asume, sin embargo, como el únicoyo posible. Creo -y esto es una opinión personal- que con el sexo buscamos satisfacer el gran anhelo de llegar a ser uno mismo. Como no me siento completo, busco a otros. Poco a poco, buscando fuera -a veces con resistencias a veces con cesiones-, empiezo a unir interior y exterior y a liberarme de mis “medidas”. Y en esa búsqueda infinita, voy ampliando la conciencia hasta reconocer lo que realmente soy.

Entonces, ¿el tamaño importa? Para quienes estén centrados en su aspecto físico innegablemente sí. En contraste, para quienes hayan dirigido su foco de atención a otros aspectos personales y relacionales, no tendrá demasiada importancia.

Imagino que a esas personas preocupadas por no encajar en lo establecido como “media normalizada”, mi artículo no les resultará reconfortante. ¿Qué propuestas podrían ayudarles a calmar su preocupación? Podría sugerirles, por ejemplo, acudir a un gabinete sexológico y modificar creencias que ligan tamaño con rendimiento y satisfacción. Podrían, asimismo, trabajar sus inseguridades reduciendo de esta manera la ansiedad sexual. Podrían profundizar en las relaciones y dar más importancia a la unión, la confianza, el respeto y la comunicación que a los aspectos físicos de la persona. Y podrían ampliar su conocimiento de la sexualidad para encontrar nuevas formas satisfactorias de expresarse, unirse y crear.

Antes de irme a casa pregunté a Clara con cuántos penes pequeños se había encontrado. Dijo que con ninguno. ¿Cómo sabía que estos no le “rozaban”, si sus “paredes” no tenían la experiencia de dejarse acariciar por alguno?

© Natalia Urteaga, texto e imágenes

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *