jueves, julio 9, 2026
Cultura educativa

La educación que heredamos

Todo sistema tiene una historia y la educación no es una excepción. Sin embargo, pocas veces nos detenemos a preguntarnos de dónde viene el modelo educativo que hoy damos por sentado. Entramos en una escuela, vemos filas de mesas, horarios marcados por un timbre, grupos organizados por edades, asignaturas separadas entre sí, evaluaciones, normas… y lo llamamos normal. Pero ¿normal para quién? ¿Y desde cuándo?

El sistema educativo que conocemos no surgió por casualidad. Se fue configurando en un contexto de industrialización, crecimiento de los Estados modernos y necesidad de formar ciudadanos capaces de responder a una sociedad cada vez más organizada y productiva. Era un modelo educativo pensado para otro tiempo, un tiempo en el que la prioridad era preparar personas para encajar en estructuras jerárquicas, cumplir horarios, seguir instrucciones y ocupar un lugar dentro de un engranaje mucho mayor. No se trataba de una conspiración (esperemos porque yo suelo dudarlo). Se trataba de una necesidad histórica.

El problema aparece cuando seguimos utilizando ese mismo modelo para educar a niños, niñas y adolescentes que viven en un mundo completamente diferente. Porque la sociedad ha cambiado, la infancia ha cambiado, la adolescencia ha cambiado, la forma de transmitir el conocimiento ha cambiado, pero muchas de las bases culturales sobre las que seguimos educando permanecen prácticamente intactas. Y ahí empieza la pregunta incómoda, porque quizá el mayor sistema de dominación no sea aquel que impone por la fuerza, sino aquel que consigue que las personas interioricen determinadas formas de pensar hasta creer que son naturales.

Desde pequeños, cómo ya reflexionamos en el anterior artículo que te invito a visitar si no lo has leído, aprendemos qué comportamientos reciben aprobación y cuáles generan rechazo. Aprendemos que equivocarse puede dar vergüenza, que no cumplir expectativas puede despertar culpa, que destacar demasiado incomoda, que cuestionar la autoridad tiene consecuencias. Y poco a poco dejamos de obedecer porque nos lo ordenan y empezamos a hacerlo porque sentimos miedo de lo que ocurrirá si no lo hacemos.

La culpa y la vergüenza son emociones profundamente humanas y no, no son enemigas, tienen una función en nuestra vida cuando aparecen de forma saludable y proporcionada. Sin embargo, cuando se convierten en herramientas habituales para educar, dejan de ayudarnos a crecer y empiezan a limitar nuestra libertad. Una persona que vive desde la culpa constante termina desconfiando de sí misma. Una persona que vive desde la vergüenza aprende a esconder partes de quien es para poder ser aceptada. Y una sociedad formada por personas que dudan continuamente de su propio valor resulta mucho más fácil de dirigir que una formada por individuos conectados consigo mismos.

Quizá por eso la transformación educativa no empieza cambiando una metodología, empieza revisando la cultura que sostiene esa metodología. Empieza preguntándonos desde qué emoción estamos educando. Porque ningún cambio profundo será posible mientras sigamos reproduciendo, sin cuestionarlo, un modelo que premia la adaptación por encima de la conciencia.

No necesitamos una escuela sin normas, necesitamos una escuela donde las normas estén al servicio de la vida y no al revés. Necesitamos una educación que no nazca del miedo a equivocarse, sino de la confianza en descubrir. Que no haga de la culpa un motor, sino de la responsabilidad una elección consciente. Que no enseñe únicamente a encontrar respuestas, sino también a formular mejores preguntas. Quizá la gran revolución educativa no consista en inventar algo nuevo. Quizá consista en recordar que educar nunca fue domesticar si no que siempre fue acompañar el desarrollo de lo humano.

Y tal vez haya llegado el momento de volver a empezar desde ahí. Ojalá en septiembre abramos los ojos y podamos despertar en esa realidad, de momento lo haremos posible desde estas letras que espero lleguen a despertar muchas conciencias. Felices vacaciones. #auu

© Suri Azaceta, texto; Fotografía, PPO

¿Te gusta nuestro trabajo?

CulturaBAI es un proyecto cultural independiente que ofrece gratuitamente artículos, entrevistas, fotografías y vídeos sobre la actualidad cultural de Álava y Euskadi.

Si deseas ayudarnos a seguir creciendo y cubriendo nuevos eventos, puedes apoyar el proyecto a través de Patreon.

Apoyar CulturaBAI

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *