lunes, abril 13, 2026
Arquitectura

A falta de mar, buenas son conchas

Le Corbusier fue arquitecto, pintor y un importante teórico de la arquitectura que nos dejó frases como «la Arquitectura es el juego sabio, correcto y magnífico de los volúmenes reunidos bajo la luz». Él cambió la manera de entender la vivienda residencial y la convirtió en la máquina para habitar que, según su diseño, repercutía en las vidas de sus ocupantes. Sus ideas, entre otras, se recogen en la Carta de Atenas, uno de los documentos más influyentes en la Arquitectura del siglo XX y la clave principal del urbanismo racional y funcionalista, que apuesta por la edificación abierta y por creaciones lógicas, funcionales, geométricas y explicables.

La llegada del tren a la capital alavesa marcó la urbanización de las zonas colindantes a las vías. El ferrocarril llegó a nuestra ciudad el 13 de abril de 1862 con la apertura del tramo Miranda de Ebro – Olazagutia. Una de estas zonas afectadas por los raíles, el sector 8 de San Martín, se resolvió urbanísticamente con uno de los proyectos más innovadores de la ciudad por su forma y disposición: Las Conchas.

La belleza de la sobriedad, la claridad estructural y la importancia de la proporción son los tres elementos más destacables de los cinco bloques curvos que abrazan los casi ochenta y cinco mil metros cuadrados de parque, dándole la espalda al tren y carpetazo a las manzanas con patios interiores y ángulos cerrados. La apuesta fue arriesgada: bloques curvos abiertos donde la luz y la naturaleza conviven en armonía con las estructuras y sus residentes.

¿Casas redondas? La curiosidad que desató la forma de estos bloques y su incidencia en las distribuciones interiores fue la mejor baza para comercializar estas viviendas. Algunos de los portales eran de protección oficial, algo que creó cierta controversia por la diferencia de precio entre pisos iguales o muy similares, ya que la zona rápidamente se consolidó como una de las mejor valoradas de la ciudad. Tal y como subrayaban los folletos de comercialización de los pisos, Las Conchas se presentaron como un oasis en el cemento: alejadas del incómodo bullicio urbano, pero con todos los servicios a tiro de piedra.

Estanque, bolera, esculturas, graderío, canchas de baloncesto, columpios, caminos sinuosos, variada vegetación… El parque de San Martín y Las Conchas se diseñaron con los lápices de Rafael Moneo, Eduardo Mangada y Carlos Ferrán, entre otras personas, siguiendo la ideología de Le Corbusier. Crearon una gran máquina para habitar no solo personas, sino también fauna y vegetación.

En 1989 me trasladé con ama y aita a vivir a Las Conchas. Niñas y niños menores de edad jugábamos durante horas en el parque, bajo la mirada de nuestras familias en las terrazas, con la tranquilidad de estar en un entorno abierto y seguro a la vez. Me encantó mi infancia, aunque no todo fue bueno: ¡mi habitación era rectangular! ¿Podré echarle la culpa a Le Corbusier?

Araba es la única provincia vasca que no es acariciada por el mar, pero nuestras conchas son las más grandes del cantábrico.

© Vanesa de la Puente, texto; Fotos libres de derechos de diferentes webs, blogs y hemerotecas

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