En la boca del león
Imaginemos que varias personas con más de cuarenta primaveras somos elegidas para realizar un estudio nostálgico en el que debemos determinar un momento muy emocionante que hoy en día apenas existe. Cada cual aportaría sus ideas y después las discutiríamos analizando los pros y contras de cada una de ellas. Yo pelearía con uñas y dientes para defender mi propuesta y la convertiría en la ganadora, porque estoy completamente segura de que no existe absolutamente nada comparable con la emoción que se siente al abrir el buzón y encontrar un sobre con nuestro nombre en su interior. (Nota para los aguafiestas: el chiste de la carta del banco o la factura de la luz está fuera de contexto).

La comunicación ha sido desde siempre una necesidad para nuestra especie: la red de jinetes Pony Express, los mensajeros y sus postas, las palomas mensajeras desde la antigüedad, un mensaje en una botella… La información es poder.
El servicio de Correos en España se fundó oficialmente en 1716, cuando el rey Felipe V estableció que el servicio postal pasara a ser gestionado por el Estado. Nuestra preciosa ciudad no inauguró su edificio de Correos hasta 1928, en pleno centro de la ciudad y rodeado por los antiguos cuarteles y el hospital Virgen del Cabello. De estilo neovasco, entre todos sus elementos señoriales destacan la robustez de la piedra de sus fachadas, la torre, el balcón y la esquina porticada que se convirtió en guarida de leones.

Los famosos buzones con forma zoomorfa se colocaron en las diferentes estafetas de Correos a partir de 1877, promulgando los valores de la correspondencia: inviolabilidad y seguridad. Dos cabezas de león se ubicaron en la esquina del edificio vitoriano y sus bocas se convirtieron en las receptoras y guardianas de nuestras misivas e intimidades. La palabra buzón tiene su origen en la palabra boca (buco en italiano: buzón-buco-boca).

El precioso balcón con aires renacentistas me recuerda al de Julieta en la ciudad de Verona, donde supuestamente ella se asomaba para hablar con Romeo. La tradición de dejar cartas a Julieta se remonta a varias décadas narrando situaciones de amor, desamor, sentimientos… Un grupo de mujeres se dedicó a responder todas esas cartas, precioso detalle al que hace homenaje la película Cartas a Julieta. Nuestros leones han custodiado miles de cartas dirigidas a Olentzero y a sus Majestades de Oriente que, durante unos años, personal de Correos respondió con mucho cariño y dedicación. Imaginad las expresiones de tantas caritas infantiles al recibir en el buzón de sus casas las respuestas de Olentzero, Melchor, Gaspar, Baltasar e incluso de Papá Noel. ¡Magia!

En 2020 nuestro edificio fue objeto de una remodelación que respetó bastante bien su esencia. El interior del edificio ha perdido cierto valor nostálgico, aunque dicen (yo no puedo confirmarlo) que su eficiencia ha mejorado. Uno de los cambios más comentados (de nulo valor arquitectónico pero con cierta gracia) es la incorporación de un nuevo león a la familia; el único que actualmente mantiene la boca abierta, supongo que porque los otros dos ya están empachados.

Este edificio no solo destaca en nuestra ciudad por su belleza, sino también por su significado: declaraciones de amor y de amistad eterna, noticias bélicas con sonrisas y lágrimas, fotos de recién nacidos a quienes era imposible acunar en persona… Dentro de sobres de papel con folios escritos a mano han viajado desde y hasta nuestro protagonista millones de historias solo conocidas por sus remitentes, sus destinatarios y, cómo no, por nuestros felinos. ¿Te atreverías a meter la mano en la boca de un león?
© Vanesa de la Puente, texto y fotografías
