lunes, marzo 2, 2026
Arquitectura

Estética y/o funcionalidad

Inauguramos marzo, mes que visibiliza sobre todos los demás el papel de las mujeres en la sociedad. Marzo es un mes de reflexión para promover la igualdad de género en todo el mundo. Las mujeres hemos vivido sometidas a más presión estética que los hombres, antes y ahora. La estética es el deseo; la funcionalidad, la necesidad y la convivencia. ¿También en arquitectura? Por supuesto que sí.

El objetivo de todo diseño arquitectónico debe ser conseguir el equilibrio entre belleza y practicidad. Es posible y relativamente sencillo diseñar desde el inicio un edificio o un entorno integrando funcionalidad y estética. El reto se presenta cuando tenemos espacios y edificios ya construidos que sí son estéticos, pero no funcionales ni accesibles. En estos casos es necesario analizar bien el proyecto inicial y universalizar su uso sin destrozar su esencia. La palabra que mejor define (o al menos así debería ser siempre) estas intervenciones es «respeto»: a los edificios, a sus creadores, a los entornos, a las personas usuarias…

La funcionalidad va mucho más allá de la accesibilidad. La relación entre el todo y sus partes es, en definitiva, lo que nos permite disfrutar de las experiencias. Vamos a desarrollar esta idea comparándola con algunas otras áreas:

Literatura. Un buen libro es mucho más que una bonita portada. La calidad de las tapas, el gramaje del papel, el tamaño de la letra… Sin embargo, una buena novela tiene que estar bien redactada, debe ofrecernos una historia atractiva con una trama comprensible y un lenguaje cuidado… La experiencia lectora es la suma de leer y sentir.

Música. Un concierto engloba múltiples factores que harán que nuestra vivencia sea fantástica o, por el contrario, un mal recuerdo. Acústica, iluminación, puesta en escena, repertorio, voz, vestuario… Todo influye en nuestra percepción.

Cocina. ¿Materia prima de mala calidad? ¿Cocción inadecuada? ¿Mezcla de sabores sin sentido? ¿Una horrible presentación?

Moda. ¿Pantalones que oprimen? ¿Tejidos sintéticos y rígidos? ¿Patrones que no se adecúan a las formas de nuestros cuerpos? ¿Desde cuándo se supone que tenemos cinturas de avispa?

Poner rampas, escaleras mecánicas y ascensores no es suficiente para cubrir expediente. Vivimos rodeadas de edificios deslumbrantes y calles hermosas que nos ofrecen experiencias dignas de ser disfrutadas por todas las personas (siempre que sea posible). Miguel de Unamuno verbalizó la frase de que «el progreso consiste en renovarse» y estoy de acuerdo con su afirmación. Renovarse consiste en adaptarse a las nuevas necesidades y a las nuevas formas de entender las ciudades. Esa idea derivó en el refrán popular «renovarse o morir», mucho más trágico que la idea original y con la que discrepo un poco, porque no podemos caer en la trampa de que todo lo viejo es malo y cargarnos el patrimonio artístico y cultural sin criterio. Adaptar sí; destrozar, no.

RES-PE-TO. No solo en marzo, sino siempre.

© Vanesa de la Puente, texto e imágenes

Un comentario en «Estética y/o funcionalidad»

  • Me gusta mucho lo que planteas porque lo llevas a algo muy real. Al final, ¿de qué sirve un edificio precioso si no lo puede usar todo el mundo con comodidad?
    Es verdad que a las mujeres siempre se os ha exigido más en lo estético, y en lo que se construye creo que ha pasado algo parecido: muchas veces se ha pensado primero en la foto y después en la vida diaria. Pero una ciudad no es una portada de revista, es el lugar donde trabajamos, paseamos, llevamos a nuestros hijos al cole o acompañamos a nuestros mayores al médico.
    Claro que la arquitectura tiene que ser bonita. A todos nos gusta caminar por calles agradables o entrar en espacios que impresionan. Pero si no son accesibles, si te obligan a dar rodeos imposibles o si alguien se queda fuera porque no puede subir unas escaleras, entonces esa belleza se queda coja.

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