jueves, octubre 22, 2026
La obra y la herida

Fernando Pessoa: el hombre que necesitó ser muchos para poder ser él mismo

¿Cuántas voces caben dentro de una persona? Por muy fiel que seamos a nuestros principios o que presumamos de conocernos bien, ¿acaso a veces no nos llegan pensamientos o sentimientos contrarios a lo que creemos que somos, hasta el punto de que desestabilizan todo lo que consideramos fundamentado? Fernando Pessoa no convirtió esta circunstancia en un recurso ocasional: la hizo método literario, escenario y forma de mirar el mundo, traspasó la mera anécdota y a su alrededor creó autores con nombre, biografía, ideas y estilos propios. Él mismo trató de explicarlo con palabras de la psiquiatría de su época. Casi un siglo después, esa autointerpretación sigue invitándonos a pensar qué sucedía en su cabeza…  Aunque, eso sí, no nos autoriza a diagnosticarle desde el presente.

Nacido en Lisboa en 1888 y muerto allí en 1935, Pessoa publicó poco en vida y dejó miles de páginas inéditas. En su caso, su obra no se entiende como el relato de una enfermedad que produjo un talento, sino como una búsqueda estética e intelectual que hizo de la multiplicidad una manera de escribir. Entre sus heterónimos, sus cartas y la prosa de Bernardo Soares aparece una pregunta tan antigua como cercana: ¿somos una identidad fija o el lugar donde conviven muchas versiones de nosotros mismos?

Una infancia entre Lisboa, Durban y dos lenguas

Fernando António Nogueira Pessoa nació en Lisboa el 13 de junio de 1888. Tenía cinco años cuando murió su padre, Joaquim de Seabra Pessoa, y poco después perdió a su hermano pequeño. Años más tarde, en 1896 y tras el nuevo matrimonio de su madre, María Madalena Pinheiro Nogueira, se trasladó con ella a Durban, en Sudáfrica, donde su padrastro ejercía como cónsul portugués. Allí estudió en inglés y adquirió una familiaridad profunda con la literatura británica, que conviviría siempre con su lengua materna.

En 1905 regresó a Lisboa. Empezó estudios universitarios, pero no los terminó; trabajó como traductor y redactor de correspondencia comercial, una ocupación discreta que le permitía ganarse la vida y, a la vez, reservar un espacio para escribir. La ciudad —sus cafés, oficinas, calles y habitaciones alquiladas— sería el paisaje concreto de una obra que a menudo parece ocurrir dentro de la conciencia.

Las vivencias de su infancia no explican por sí solas la heteronimia, ni permiten construir una causa clínica. Sí ofrecen un contexto para entender a un escritor que desde muy joven jugó con firmas, lenguas y personajes. De hecho, la Casa Fernando Pessoa recuerda que ya de niño inventaba autores y publicaciones; esa inclinación no apareció de pronto como una ruptura, sino que fue tomando forma a lo largo de una vida dedicada a la escritura.

Orpheu y la invención de una literatura nueva

En 1915, junto a Mário de Sá-Carneiro, Almada Negreiros y otros artistas, Pessoa participó en la revista Orpheu, que introdujo el modernismo portugués con una energía dispuesta a incomodar. En sus páginas aparecieron textos que desafiaban las convenciones de la poesía y la idea de que un autor debía hablar con una voz única. Orpheu tuvo una vida breve, pero su gesto fue duradero: abrir la literatura a la fragmentación, la velocidad y la experimentación de la vida moderna. En ese círculo estaba Mário de Sá-Carneiro, amigo y cómplice literario de Pessoa. Su muerte por suicidio de Mário en 1916 golpeó a sus contemporáneos; en una carta de junio de ese año, Pessoa escribió a su tía Anica que había sentido una súbita depresión durante la crisis de Sá-Carneiro en París, antes de conocer su desenlace.

Ese impulso se escucha en «Ode triunfal» (Oda triunfal, 1914), atribuida a Álvaro de Campos: una voz que celebra y padece la maquinaria, el ruido, la electricidad y la multitud. La influencia de Walt Whitman es visible, aunque no se trata de una simple imitación. El estudioso y traductor Richard Zenith ha descrito ese diálogo como una apropiación deliberada: Campos toma recursos whitmanianos —el verso libre, las enumeraciones, la amplitud— y los acelera hasta volverlos febriles. También resuena en Pessoa la tradición inglesa que conoció en Durban y, dentro de la literatura portuguesa, la mirada urbana de Cesário Verde.

La forma de atribuir un poema a otra voz no era un seudónimo corriente. Pessoa construía autores completos: Alberto Caeiro, pastor y poeta de una mirada directa sobre las cosas; Ricardo Reis, médico y clasicista, inclinado a la contención; Álvaro de Campos, ingeniero naval y poeta de los excesos, la modernidad y el cansancio. No eran máscaras intercambiables: entre ellos había desacuerdos estéticos, filosóficos y vitales.

El día en que apareció Caeiro

En una carta escrita el 13 de enero de 1935 a Adolfo Casais Monteiro, Pessoa narró el nacimiento de sus principales heterónimos. Dijo que el 8 de marzo de 1914 escribió de corrido más de treinta poemas de «O Guardador de Rebanhos» (El guardador de rebaños), como si Alberto Caeiro hubiera aparecido en él. A ese momento lo llamó «el día triunfal» de su vida. Enseguida escribió también «Chuva Oblíqua» (Lluvia oblicua), firmada con su propio nombre, y luego hizo surgir a los discípulos de Caeiro: Reis y Campos.

La carta es fascinante porque cuenta una experiencia de creación y, al mismo tiempo, la convierte en relato. Pessoa describe a sus criaturas como si hubieran adquirido una autonomía inesperada: «Parece que tudo se passou independentemente de mim» —«Parece que todo ocurrió con independencia de mí»—. Pero recordemos que una carta literaria no es una historia clínica, y la explicación que un artista construye sobre su proceso no debe confundirse con un diagnóstico. El texto nos muestra cómo Pessoa quiso narrar la heteronimia: una comunidad imaginaria, con influencias, amistades y discusiones propias.

Caeiro (el pastor) propone mirar sin añadir explicaciones: «O meu olhar é nítido como um girassol» («Mi mirada es nítida como un girasol»), escribe en El guardador de rebaños. Reis (el médico), en cambio, busca una serenidad clásica frente al paso del tiempo. Campos (el ingeniero) lo contradice con su deseo de sentirlo todo, incluso cuando esa intensidad lo desborda. En vez de preguntarnos cuál de ellos era el Pessoa “verdadero”, me parece más provechoso observar cómo cada voz vuelve visible una posibilidad distinta de estar en el mundo.

Bernardo Soares y la vida que transcurre por dentro

Entre los poemas de Álvaro de Campos, el de «Tabacaria» (Tabaquería), compuesto en 1928 y publicado en 1933, llevó su voz hasta una crisis íntima: desde el interior de un cuarto, el hablante mira la calle y duda de todo lo que creyó ser. El poema condensa la energía moderna de Campos y, a la vez, su cansancio ante la distancia entre imaginar y vivir. 

Frente a esa intensidad, la vida interior de Pessoa encontró también una expresión más contenida y cercana a su propia voz: la del autor ficticio Bernardo Soares. Se trata  de un ayudante de contabilidad en Lisboa que observa la rutina, el tedio, los sueños y la dificultad de habitar la propia vida. Pessoa lo llamó «semiheterónimo»: una figura próxima a sí mismo, pero no idéntica. 

Esta creación convierte la oficina, la ventana y el cuarto en territorios mentales. Soares no necesita grandes aventuras para experimentar una vida interior inmensa: le basta mirar cómo cae la tarde sobre la Rua dos Douradores. La obra ofrece una forma de intimidad distinta de la exaltación de Campos o la quietud de Caeiro; es una conciencia que piensa tanto que a veces parece quedarse fuera de la vida que contempla. ¿Podría ser el puente entre su yo más profundo y sus otros “yoes”? ¿O simplemente todos son él, dentro del laberinto inmenso de su mapa mental, donde sus presencias van alternándose, según la necesidad emocional del momento?

La relación entre experiencia y escritura aparece también en «Autopsicografia» (Autopsicografía), publicada por Pessoa en la revista Presença en 1932:

Yo, al menos, lo interpreto como que el ser exterior es una carcasa: podemos cambiarla, pero lo que sentimos por dentro (el núcleo, la esencia) es lo verdadero, independientemente de las capas que lo envuelvan. 

Dos años después apareció Mensagem (Mensaje), su único libro en portugués publicado en vida. Aunque salió en 1934, reúne poemas escritos a lo largo de muchos años. El volumen dialoga con la historia y los mitos de Portugal y muestra otra dimensión del autor: no solo el explorador de la conciencia privada, sino también un poeta atento a la memoria colectiva, al destino y a las narraciones con que una comunidad se imagina a sí misma. De alguna forma, atestigua que Pessoa era un hombre que miraba hacia sí mismo a través de su inconmensurable introspección y, a la vez, que nada de lo humano le era ajeno (me permito recurrir a la cita de Terencio).

La pregunta requiere precisión histórica. Investigaciones sobre su correspondencia indican que, ya a los diecinueve años, Pessoa se describió ante psiquiatras franceses como histeroneurasténico, con predominio de la neurastenia.

¿Qué diagnóstico se hizo Pessoa?

Años después, en la carta a Adolfo Casais Monteiro del 13 de enero de 1935, al explicar la génesis de los heterónimos, llamó a su experiencia una «tendencia orgánica y constante hacia la despersonalización y la simulación» y volvió a preguntarse si era «histérico» o «histeroneurasténico». Prefería la segunda posibilidad porque reconocía en sí fenómenos de abulia. Son palabras de un vocabulario psiquiátrico de comienzos del siglo XX: documentan cómo él interpretaba su experiencia, pero no equivalen a una evaluación clínica ni a diagnósticos formulados con criterios actuales.
Investigadores contemporáneos han estudiado esos testimonios desde marcos distintos, entre ellos la disociación, la mediumnidad y la psicología analítica. Ese trabajo puede iluminar preguntas sobre cómo Pessoa entendía su experiencia, pero no establece un diagnóstico retrospectivo consensuado. Tampoco la palabra “despersonalización”, que aparece en un texto de época, demuestra por sí sola que la padeciera, del mismo modo que crear personajes no equivale a tener un trastorno de identidad disociativo. La heteronimia es, ante todo, una construcción literaria compleja, deliberada y sostenida por una obra extensa.

No obstante, la cautela no borra el malestar que Pessoa dejó escrito. En una carta del 24 de junio de 1916 a su tía Anica, que practicaba el espiritismo, relató experiencias de escritura automática y otras vivencias que interpretó desde sus intereses esotéricos. También describió una sensación de aislamiento, abandono y amargura. La investigación contemporánea ha examinado estos testimonios y la heteronimia mediante conceptos como disociación y mediumnidad, pero sus autores señalan que no queda establecida una relación causal simple entre aquellas experiencias y los heterónimos. 

Lo responsable es reconocer lo que Pessoa contó, sin convertirlo en un diagnóstico actual, ni reducir toda su vida a una hipótesis. La literatura permite acercarse a una experiencia; no sustituye una evaluación clínica, menos aún cuando quien la vivió murió hace casi un siglo.

La salud mental más allá de los tópicos

A menudo se habla de los escritores como si el sufrimiento fuera el precio secreto del talento. Suelo insistir en este asunto, ya que esa idea romantiza el dolor y puede hacer que una enfermedad parezca deseable, necesaria o incluso bella. La trayectoria de Pessoa no demuestra que la angustia produzca literatura; más bien pone de manifiesto que este escritor transformó preguntas íntimas en recursos literarios concretos: inventó voces, diseñó biografías, tensó los límites entre autor y personaje y construyó una obra que sigue admitiendo lecturas diferentes.

Desestigmatizar la salud mental también significa permitirnos hablar del malestar sin convertirlo en espectáculo, sin usar un diagnóstico como explicación total de una persona y sin tratar la creación artística como síntoma. Un nombre clínico puede ayudar a comprender y acompañar a quien vive hoy una dificultad; sin embargo, aplicado sin evidencia a una figura fallecida puede convertirse en una etiqueta que la inmoviliza. En Pessoa, la pregunta más fértil no es qué trastorno tenía, sino qué nos enseña su propia búsqueda sobre la identidad, el aislamiento y la necesidad humana de encontrar palabras para lo que nos sucede.

Influencias en Pessoa y su legado

Pessoa leyó con atención a Shakespeare, los poetas ingleses y Walt Whitman; dialogó con la tradición portuguesa, en especial con Cesário Verde, y con las corrientes modernistas que circulaban por Europa. Pero la influencia no fue una fila de nombres que se copiaban: en su escritura se transforma en debate. Whitman puede reaparecer convertido en la energía eléctrica y nerviosa de Campos; la serenidad clásica se desplaza a las odas de Reis; el paisaje rural de Caeiro parece responder a una necesidad de despojar la mirada de teorías.

Su obra, además, generó nuevas obras. José Saramago imaginó en O Ano da Morte de Ricardo Reis (El año de la muerte de Ricardo Reis, 1984) qué ocurriría si uno de los heterónimos sobreviviera a su creador y regresara a Lisboa. Octavio Paz, Eduardo Lourenço y Richard Zenith, entre muchos otros, han leído y estudiado ese «drama en gente» desde perspectivas distintas. La influencia de Pessoa no consiste solo en dejar poemas memorables: consiste en haber ofrecido a otros escritores una pregunta formal sobre quién habla cuando escribimos.

Una identidad que no se deja cerrar

Fernando Pessoa murió en Lisboa en 1935, a los cuarenta y siete años, dejando una obra que continuaría creciendo después de su muerte. Hoy lo leemos como un autor múltiple, pero no porque podamos resolver el misterio de su personalidad, sino porque sus textos permiten que distintas voces convivan sin que una tenga que cancelar a las demás.

Tal vez por eso su literatura permanece, no en el sentido de que todos llevemos dentro una colección de heterónimos, sino porque nadie coincide del todo con una sola descripción de sí mismo, ¿no?

Hay días en que somos quien observa; otros, quien se precipita; otros, quien intenta ordenar desde una mesa de oficina el ruido de la conciencia. Pessoa dio forma literaria a esa pluralidad y dejó abiertas una preguntas que no necesitan respuesta clínica para ser importantes: si cambiamos a lo largo de la vida, si nos contradicen nuestros propios deseos, ¿a qué parte de nosotros llamamos “yo”? ¿Somos evolución constante? ¿Existe una esencia que convive con otros matices que forman parte de nuestro ser?

La obra y la herida nos recuerda que la salud mental no es una clave secreta que descifra a un artista ni una etiqueta que agota a una persona. Es una dimensión de la experiencia humana que merece rigor, respeto y cuidado. Y la obra de Pessoa sigue ahí, no como prueba de un diagnóstico, sino como una invitación a escuchar las muchas voces que forman una vida.

Nota al lector/a sobre salud mental

Si al leer este artículo has sentido que algo de lo que se describe resuena contigo —no como interés, sino como malestar real—, es importante no quedarse a solas con esa sensación. Cuando el estado de ánimo, la ansiedad o el sufrimiento empiezan a interferir en la vida cotidiana, pedir ayuda no es un gesto menor: es un acto de cuidado. Si resides en Euskadi, puedes ponerte en contacto con tu médico de atención primaria a través de Osakidetza, quien podrá valorar tu situación y, si lo considera necesario, derivarte a un servicio de salud mental. Si te encuentras en otro lugar, te recomendamos acudir a tu médico de familia o a un profesional de la salud mental de tu entorno. Hablar de ello es, muchas veces, el primer paso.

Bibliografía recomendada

– Pessoa, Fernando. Correspondência 1923–1935. Ed. Manuela Parreira da Silva. Assírio & Alvim, 1999; Escritos íntimos, cartas e páginas autobiográficas, incluida la carta a la tía Anica (24 de junio de 1916). Casa Fernando Pessoa, “Cronologia” y “Work”.
– Pessoa, Fernando. El guardador de rebaños; Livro do Desassossego (Libro del desasosiego); «Autopsicografia» (1932); «Tabacaria» (1933); Mensagem (1934).
– Martinez, M. D.; Flores, D.; Resende, P. H. C.; Maraldi, E. O. “Experiências mediúnicas e dissociativas em Fernando Pessoa e C. G. Jung”. Psicologia USP, 33, 2022.
– Zenith, Richard. “Pessoa and Walt Whitman Revisited”, en Fernando Pessoa’s Modernity without Frontiers: Influences, Dialogues, Responses. Boydell & Brewer, 2013.

© Lorena Madariaga Ukar, texto; PPO, fotografías

Lorena Madariaga Ukar

Responsable de la sección La obra y la herida de CulturaBAI. Profesión: periodista, publicista y creadora de contenidos. Publicaciones: autora de ensayo, poesía y novela. Instagram: @lmadariagaukar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *