«Finalmente solo somos verdugos y víctimas de nosotros mismos», Juanma Bajo Ulloa

Tras la huella vasca se acerca a la obra de Juanma Bajo Ulloa, un cineasta cuya voz, nacida en Euskadi, pronto trascendió su lugar de origen para dejar una marca profunda en el cine español. Sus películas, libres, incómodas y profundamente personales, han dialogado con públicos muy diversos, construyendo una huella reconocible más allá de cualquier frontera. En esta entrevista hablamos de ese recorrido, de cómo lo vasco se proyecta hacia fuera y de lo que permanece cuando una mirada propia se enfrenta al paso del tiempo, desde Airbag hasta El mal.
Bienvenido, Juanma!
Es un placer contar contigo hoy en CulturaBAI. A lo largo de tu trayectoria, tu cine se ha consolidado como una voz propia. Tras nacer en el País Vasco, has logrado trascender lo local para dejar una huella profunda en el cine tanto nacional como internacional. Desde tus primeras películas hasta El mal, tu obra ha generado debate, influencia y una relación muy particular con el público.
Gracias por atendernos y por compartir este tiempo de conversación.
El mal y la naturaleza humana
¿Cómo nace El mal y qué necesidad personal o creativa la impulsa?
Cuando expresas algo semejante no existe una consciencia de las razones. Se trata de una manifestación visceral que después pasa por el proceso racional necesario para crear la obra. Pero, en suma, me mueve la necesidad de comprender. No me interesan tanto los hechos como las razones. ¿Por qué el ser humano se comporta así? ¿Qué profundos miedos, deseos y voluntades le provocan llegar a determinados extremos?
La película entra de lleno en la oscuridad humana. ¿Crees que el mal es aprendido o que forma parte de nosotros?
El concepto de “el mal” es solo una manera de llamar a una parte o inclinación del alma humana, de la propia vida y del mismo Universo. Precisamente esa parte que negamos ante los demás y ante nosotros mismos. Justamente uno de los protagonistas de El mal, Martin, se caracteriza porque no niega ni oculta en absoluto su lado más oscuro. No se trata, pues, de negarlo, sino de asumirlo para poder así iluminarlo.
¿Qué papel juega la culpa dentro de la historia?
La culpa ha sido un elemento inspirador y muy protagonista en varias de mis películas porque nos influye de un modo extraordinario. Tiene presencia en El mal, sin ser el elemento principal. En este caso, el personaje de Thomas Luhr, el editor literario, se mueve por una mezcla de amor, miedo y sentimiento de culpa por hechos de su pasado con la protagonista Elvira.
Los personajes parecen atrapados en fuerzas que no controlan. ¿Son verdugos, víctimas o ambas cosas a la vez?
El ser humano cuenta con libre albedrío. Esa libertad de elección en sus actos y hasta en sus sentimientos ante lo que la vida nos devuelve es una gran responsabilidad que solemos evitar admitir. Por eso la “culpa” siempre es del otro. Finalmente, solo somos verdugos y víctimas de nosotros mismos.
Dirección de actores y vínculo con el público
¿Cómo trabajaste la dirección de actores para alcanzar ese nivel de intensidad?
La clave empieza en la elección de los intérpretes. Si aciertas, la mitad del trabajo está hecho. Si no, ya no hay quien lo arregle. A eso hay que sumar su implicación y capacidad para componer los personajes.
¿Crees que el espectador acaba empatizando con estos personajes tan oscuros?
He tenido situaciones similares de personajes oscuros con los que el público empatizaba, como el asesino Ismael de La madre muerta. Vemos que ocurre lo mismo con El mal, donde el público está empatizando con el personaje de Martin, que resulta entrañable pese a su naturaleza deleznable.
Lenguaje cinematográfico
¿Qué importancia tiene para ti la composición de los planos y la puesta en escena?
Le doy la máxima importancia y es algo de lo que me encargo personalmente. Se trata de una obra personal, y la mirada del autor marca la narración. A esta mirada original se suma después la mirada de cada espectador, que aporta su experiencia personal y criterio. Por tanto, la obra es recibida por cada uno de un modo diferente.
¿Dirías que hay un lenguaje visual que define tu cine?
Esa es una pregunta para los profesionales de la crítica. Solo puedo decir que lo que estamos recibiendo por parte de la prensa especializada es que esta película parece muy “Bajo Ulloa”.
¿Qué plano o escena de tu filmografía consideras más arriesgado o experimental?
No mencionaría uno en concreto porque me gusta experimentar en cada película. Hay varios planos en Airbag que juegan con trucos visuales inventados para hacer creer, por ejemplo, que un vehículo está en tres sitios a la vez, producto del consumo de cocaína de los protagonistas.
Y en El mal hay un plano secuencia donde la adolescente Sandra habla por teléfono con su madre y, al final, cuelga y comienza a tocar su handpan. Fue una improvisación de la joven actriz y yo seguí rodando, en comunión con ella, hasta que terminó envuelta en lágrimas. Fue muy hermoso.
Mirada vital y personal
Si pudieras volver a 1984, a ese chaval de 14 años que rodó Cruza la puerta, ¿qué le dirías?
«La vida es un baile de máscaras, cuídate de aparecer en él con tu cara real».
¿A qué temes fuera del cine?
A no ser comprendido. Y, como todos los demás, a no ser querido.
¿Te reconoces en alguno de los personajes que has creado?
No hay uno en concreto. No puedo crear un personaje sin comprender el deseo interno, el sentimiento y la voluntad que le mueven. Por tanto, aunque no he vivido sus experiencias, sí me reconozco en todos y cada uno de ellos.
Proceso creativo
¿Cómo nace una película dentro de ti?
Siempre que han sido proyectos personales han surgido de un lugar profundo, pero este se activa cuando vibra por medio de una provocación externa. Puede ser una canción, alguien a quien me cruzo en la calle o una imagen que aparece en mi mente sin esperarlo.
¿Qué lugar ocupa la música en ese proceso?
El más protagónico posible. La composición comienza muy pronto y, a veces, ya hay maquetas cuando empieza el rodaje. Incluso he llegado a rodar con auriculares, escuchando la música para ajustar el movimiento de la cámara a esa cadencia.
¿Crees que es imprescindible formarse para hacer cine?
No. Yo mismo no me formé. Aun así, puede ser útil y aportar valor.
La huella fuera de Euskadi
¿Cuándo sentiste que tu cine empezaba a dialogar con públicos de fuera del País Vasco?
Al participar con mis cortometrajes en los primeros festivales fuera de Euskadi ya tuve consciencia de que era un lenguaje universal. Los temas que abordaba eran compartidos por cualquier público. Lo local no me interesa especialmente: nada es local.
¿Crees que tu cine se entiende de forma distinta según el lugar?
Sin duda. La mirada define el mensaje y cada colectivo humano tiene la suya.
¿Dónde has sentido al público más cercano?
En todos los sitios he encontrado respuestas similares. En Asia se divertían con escenas violentas y, en Egipto, eran entusiastas con el silencio simbólico de Baby.
¿Crees que tu cine ha ayudado a romper estereotipos sobre el cine vasco?
Quizá Airbag ayudó a mostrar el humor y las ganas de cachondeo del vasco. Y mis películas dramáticas, la esencia reprimida y dolorida de esta tierra.
¿Dirías que tu cine se ha vuelto más personal o más universal con el tiempo?
Personal y universal son lo mismo. Grecia o el Siglo de Oro hablaban del ser humano. Ese es el tema que me interesa: no juzgar, comprender.
¿Qué cineastas te han marcado más?
Kubrick, Lynch, Carpenter, Scott, Scorsese, Spielberg.
Mirando al futuro
¿Sientes que hay historias que hoy no te dejan contar?
Son malos tiempos para la libre creación. La cultura está sometida a una nueva inquisición y casi cualquier historia que deseo contar tendría problemas.
Si dejaras el cine, ¿a qué te dedicarías?
A la música. Y a cualquier cosa relacionada con los animales.
¿Qué te gustaría que se dijera de tu cine dentro de 30 años?
Que era cine.
Si tuvieras que definir tu huella fuera de Euskadi con una palabra, ¿cuál sería?
Libre.
Hoy, viernes 16 de enero, se estrena El mal, una película que abre un nuevo capítulo en su trayectoria y vuelve a invitar al espectador a enfrentarse a lo incómodo y a lo esencial.
Desde CulturaBAI estaremos en el estreno, acompañando de cerca el recorrido de esta nueva obra.
© Rosa Lafuente, texto y entrevista; Fotografías, web de Juanma Bajo Ulloa
