Los Reyes Magos: la estrella que sigue brillando
Hay noches que iluminan el año entero. Y, sin duda, la Noche de Reyes es una de ellas. No es solo una tradición, ni una cabalgata llena de luces y música. Su origen nace en un pesebre humilde, cuando unos sabios de Oriente decidieron seguir una estrella para adorar al Niño Dios. Tres hombres que, teniendo tanto, entendieron que lo más grande estaba escondido en lo más pequeño.
Llegaron con oro, incienso y mirra. Oro para el Rey verdadero. Incienso para el Dios vivo. Mirra para Aquel que entregaría su vida por amor. Sus regalos eran, en realidad, un reconocimiento: ante Jesús, incluso los poderosos se arrodillan. En silencio. Sin focos. Sin ruido. Solo la adoración sincera.
Y luego estamos nosotros. Los que fuimos niños alguna vez.
Quién no recuerda algunas de aquellas noches…. Los nervios, la emoción, los zapatos colocados bajo el árbol. El ritual silencioso de dejar un vaso de licor, un vaso de leche, unas galletas… y hasta agua para los camellos. La ilusión de saber que, aunque no los viéramos, los Reyes pasarían por nuestra casa.
Muchos trataban de no dormir, resistiendo hasta el último minuto. Otros caíamos rendidos con una sonrisa, arropados por la certeza de que la mañana siguiente traería algo más grande que un regalo: traería magia, esperanza, cariño, familia.
Al despertar, muy temprano, el crujir del papel, el olor a roscón, la casa llena de voces y risas. No eran solo juguetes. Era amor hecho gesto. Era una caricia del cielo a través de quienes más nos querían.
Hoy, de adultos, tal vez ya no coloquemos los zapatos… pero seguimos necesitando estrellas que nos guíen. Seguimos necesitando creer que, aunque el mundo sea ruidoso y acelerado, Dios sigue naciendo en lo sencillo. Que, como los Reyes Magos, también nosotros estamos en camino: buscando, preguntando, aprendiendo, dejándonos sorprender.
Porque la Navidad no se inventó en escaparates. La Navidad nació en Belén. Y los Reyes Magos nos recuerdan que quien busca la Verdad… la encuentra.
Este año, aunque no haya podido estar en la cabalgata grabando imágenes, no quería dejar pasar la oportunidad de rendir este pequeño homenaje. A los Reyes. A la fe sencilla. A la ilusión de los niños. Y a todos los que, aún hoy, seguimos mirando al cielo buscando estrellas.
Ojalá los Reyes Magos os hayan traído aquello que no se compra: paz, compañía, alegría, esperanza… y, si ha caído algún regalito material también, mejor todavía.
Que sigamos caminando juntos. Y que nunca perdamos la capacidad de asombrarnos como cuando éramos niños.
(c) LuisÁn Ortiz, texto; fotografía, PPO
