Pía, los números y la magia de mirar el mundo como un niño
Como os he ido contando en varios de mis artículos, todo lo artístico me fascina, pero sobre todo escribir, dibujar y pintar. Pues ambas artes consiguen abstraerme a un mundo donde no existe el tiempo ni las preocupaciones.
Sigo habitualmente el trabajo de ilustradores, y sobre todo de aquellos que además de ilustrar escriben sus propias historias. Después de adquirir un ejemplar de una de mis ilustradoras favoritas, pensé: «Yo también quiero y soy capaz de hacer mi propio cuento». Me dije: «Tienes mil historias en tu cabeza para compartir, tú adoras pintar, así que habrá que intentarlo, ¿no?». Y así nació Pía aprende los números. Solo tenemos una vida para perseguir nuestros sueños, y la única posibilidad de fracaso es no intentarlo.
Luego viene la realidad. Uno no se imagina, cuando abre un cuento ilustrado, cuántas horas de trabajo conlleva todo el proceso. Desde escribir la historia, realizar bocetos, hacer un estudio de personajes, paleta de color, storyboard, edición… y un largo etcétera.
Durante el proceso he ido aprendiendo un montón de cosas, he disfrutado, me he desesperado en algunas ocasiones; también me he vuelto a sentir niña, como cuando subía en el portal con seis años a casa de una vecina de mi edad y cogíamos unos folios y unas pinturas del armario de su sala, y juntas realizábamos obras de arte con los lapiceros de colores.
Pero, sobre todo, esta experiencia me ha enseñado que la mayoría de los límites que tenemos en la vida nos los ponemos nosotros mismos. Que si algo te apasiona tienes que luchar por ello. Y que el éxito es sentirte orgulloso de tu trabajo y ser consciente de que en esta vida uno puede decidir quedarse en su zona de confort haciendo lo mismo día tras día mientras envejece y se acomoda cada vez más y más, o puede decidir explorar todo aquello que siempre quiso conocer, aprender, probar, equivocarse, crecer.
Mi lema es (dentro de cosas realistas): «Si los demás pueden, yo puedo».
Y hasta aquí esta pequeña reflexión. Sobre mi cuento, os revelo que me identifico con el personaje principal, y ahora os confieso el porqué. Su vida interior. Al igual que Pía, tengo la suerte de tener en mi interior un mundo rico; tengo la capacidad de imaginar historias, frases, palabras, imágenes que aparecen de forma natural. Creo que siempre tuve una alta sensibilidad artística, pero no he llegado a ser consciente de ello hasta la edad adulta. Cuando era pequeña me pasaba más tiempo divagando en mis propias historias que atendiendo la lección. Mi mundo era mil veces más interesante.
Sobre el cuento os hago un pequeño resumen. Mi pequeña «prota» es una niña que está aprendiendo los números, como cualquier otra niña de su edad, pero hay algo que la hace especial: ella es capaz de transformar con su imaginación y creatividad animales y objetos en números de una manera didáctica y divertida. Esta narración es una historia sencilla y divertida, ideal para leer a los más peques de la casa, y contiene preciosas ilustraciones que encantarán a grandes y pequeños.
El cuento nos enseña a ver la vida a través de la mirada de un niño, cuyo vehículo es el juego. Porque de algún modo todos hemos sido Pía alguna vez y el aprendizaje más bonito es el que se hace desde la curiosidad de la infancia.
Y para todos aquellos que me estáis preguntando dónde podéis adquirirlo, lo podéis encontrar en Amazon buscando por el título Pía aprende los números y en mi peluquería, El Secreto de Su.

Espero y deseo que lo disfrutéis.
© Susana Rodriguez, texto e ilustraciones
