La casa de la cascada
Nuevo año, más ilusión. En CulturaBAI queremos sumar momentos a vuestro lado y nuestro deseo para 2026 es compartir nuestro amor por la cultura con quienes nos acompañáis en este hermoso viaje.
Soy Vanesa de la Puente Blanco y mi propósito en esta sección de Arquitectura es resaltar la belleza que nos rodea. Quiero que mis artículos os hagan admirar nuestra ciudad con ese brillo especial que solo sacamos de paseo cuando somos turistas, porque como dijo El principito, «Lo esencial es invisible a los ojos».

La Navidad está llena de ilusión, nervios, luces, villancicos, reuniones, emociones… Voy a centrar este artículo en un estilo que es perfecto para relajar nuestras mentes y nuestras retinas: la arquitectura orgánica. Tenemos algunos (pocos) ejemplos cerca, pero este mes me voy a permitir la licencia de viajar hasta Pensilvania para mostraros la casa que me enamoró perdidamente de la arquitectura: la casa de la cascada.

Frank Lloyd Wright se inspiró en la cultura japonesa para desarrollar su estilo. En Japón veneran y respetan la Naturaleza y entienden la vida como si toda ella fuera una ceremonia del té; un arte en el que se busca la armonía, la pureza, la tranquilidad y el respeto, donde cada gesto y cada movimiento tienen un significado. Wright decidió crear diseños que cumplieran esas premisas, cuidando cada detalle y manteniendo la esencia de los enclaves donde se iban a materializar sus obras.

El arquitecto diseñó esta maravilla en tan solo dos horas. Obviamente, me refiero al boceto inicial. La familia Kaufmann quería una casa de campo donde relajarse los fines de semana, lejos del bullicio de la ciudad y de los grandes almacenes que regentaban. Visualizó la casa sobre una roca que a su vez está encima de una cascada del río Bear Run. Exterior e interior se fundieron cual pareja enamorada y rompieron todos los moldes conocidos hasta entonces. Wright les concedió su deseo (a cambio de muchos dólares) creando un espacio armónico que parecía una utopía. «Quiero que viváis con la cascada. No sólo que la miréis, sino que se convierta en parte integral de vuestras vidas» es lo que el artista le dijo al señor Kaufmann para venderle esta fantasía. Lo consiguió y triunfó.

El objetivo de la arquitectura es crear espacios donde vivir, cobijarnos, relacionarnos, disfrutar, aprender… Fines muy respetables que, sin embargo, los humanos ejecutamos sin respetar nada más que nuestros intereses particulares. Wright entendió bien la esencia de este Arte y fue coherente con su manera de sentir: construir sin destruir, ocupar sin invadir y vivir sin matar. Esta casa simboliza lo que yo amo de la arquitectura, lo que me fascina, lo que me emociona y lo que os deseo transmitir con mis palabras.
Finalizo este artículo con una preciosa frase del gran Wright: Todo gran arquitecto, necesariamente, es un gran poeta. Debe ser un gran intérprete original de su tiempo, de sus días, de su época.
¿Acaso esta imagen no os parece el más bello de los poemas?

(c) Vanesa de la Puente, texto y fotografías
