Patinaje en alza (2)
Llegaron los medios de comunicación al hotel donde los patinadores de las distintas delegaciones estaban alojados. Las habitaciones se llenaron y la tranquilidad del lugar se quebró. Ruidos, molestias, carreras por los pasillos, flashes de cámaras y un batiburrillo de escenas ajenas al deporte.
Sigue nevando a pesar del ajetreo dentro del hotel. La calma exterior, donde el paisaje se viste de una blancura fina que sosiega el ambiente, va depositando la nieve suave y despacio sobre el suelo.
Luis Martínez Blanco, el día anterior, no compareció para participar en la ronda final de los Juegos Olímpicos en su categoría, ya que se oyó un disparo y luego silencio. De repente, un desasosiego recorrió el pabellón, donde los asistentes entraron en pánico, como en una mala escena de película de terror.
No se sabe qué pasó. El vestuario del patinador español estaba lleno de sangre. Los patines, en el suelo, descansaban sin presentar daño aparente. En la ducha, las toallas colgaban limpias y bien dobladas…
El vacío de la habitación no era normal. No había cuerpo ni cadáver. El silencio era oprimente y la pregunta que los investigadores policiales del caso se hacían entre ellos era: ¿pero dónde está el patinador?
Para los medios de comunicación, la nota informativa que publicaron ese día señalaba que seguían investigando y que al día siguiente darían una rueda de prensa.
El show debía seguir, caiga quien caiga, y los Juegos Olímpicos continuaban con el mismo calendario y horario de las distintas actividades, excepto los patinadores, que se opusieron a seguir hasta saber qué le ocurrió a Luis Martínez Blanco.
El suceso, a día de hoy, tres días después de lo ocurrido, sigue esperando respuestas y soluciones al caso misterioso del disparo y del patinador español.
Queda caso para mucho tiempo. ¿Se sabrá algún día la verdad? ¿O quedará sin resolver? Escuchen con atención “Paquito Chocolatero” y tal vez podamos saber lo que sucedió.
© Txema Imaz, texto; PPO, fotografía
