Educar también es cultura: nace un nuevo espacio para cuestionar la forma en la que aprendemos a habitar el mundo
Hay algo que no encaja. Llamamos cultura a lo que ocurre en los teatros, en los libros, en los museos. Y llamamos educación a lo que ocurre dentro de las aulas. Como si fueran cosas distintas. Como si no tuvieran nada que ver. Pero… ¿y si el error empieza justo ahí?
La cultura no es un contenido, no es una asignatura, no es algo que se añade en ese tiempo muerto. La cultura es la forma en la que miramos el mundo, la forma en la que nos relacionamos, la forma en la que reaccionamos ante lo que nos pasa, y eso… también se aprende (o se desaprende). Esta sección nace para poner palabras a algo que se sabe, pero se nombra poco: que estamos educando desde la cultura del no darnos cuenta que seguimos caminando hacia un abismo, desde una cultura normalizada y automatizada, perpetuando una educación y un sistema que tiene como base la dominación y como implante más eficaz sobre el ser humano, la culpa.
Aquí no vas a encontrar recetas rápidas ni grandes teorías pedagógicas. Vas a encontrar preguntas, si, exacto, de las incómodas, de las que remueven, de las que casi obligan a mirar de otra manera. Porque educar hoy en día ya no es sólo enseñar contenidos (no amigo, tampoco con los adolescentes). Tal vez educar sea también acompañar la forma en la que alguien aprende a estar en el mundo, cuestionando primero la forma en la que habitas el mundo tú como adulto. Y eso tiene mucho más que ver con la cultura de lo que nos han contado.
Hablaremos de aulas llenas de dudas… y a veces vacías de sentido. De cuerpos que no tienen lugar dentro del aprendizaje, de la prisa, del rendimiento, del cansancio. De lo que se enseña sin querer y de lo que nunca llega a enseñarse. Pero también hablaremos de belleza, de presencia, de experiencias que transforman. De lo que sí es posible cuando la educación deja de ser solo instruir y vuelve a ser algo vivo, algo humano.
Y quizá te estés preguntando: ¿desde dónde escribe todo esto quien firma estas palabras?
Mi nombre es Suri Azaceta. Nací en Vitoria, con un alma profundamente atravesada por la experiencia de sentir, de cuestionar y de buscar sentido a lo que no encajaba. Durante años he vivido la educación desde dentro. Y también desde fuera. He conocido el cansancio, la exigencia, la sensación de estar haciendo mucho, de estar haciendo lo urgente, pero jamás llegar a lo importante.
Y precisamente por eso, comencé un camino de transformación que hoy comparto a través de espacios de acompañamiento donde la educación deja de ser solo un sistema para volver a ser un proceso humano. Un proceso que necesita tiempo, cuerpo, emoción y cultura. No escribo desde la teoría, escribo desde lo vivido, desde las grietas, desde las preguntas que no tenían respuestas y desde la certeza de que algo puede hacerse de otra manera.
Si has llegado hasta aquí, quizá también sientas que hay algo que falta. Algo que no se nombra. Algo que no encaja del todo. Ojalá este espacio sirva para eso. Para nombrarlo. Para cuestionarlo. Y, paso a paso, para transformarlo. Porque educar no es solo enseñar. Educar también es un SÍ a la cultura, a la cultura del SI.
© Suri Azaceta, texto; PPO, fotografía
Entrevista de Txema Imaz a Suri Azaceta, METAMORFOSIS EDUCATIVA

Hablamos con Suri Azaceta, creadora del movimiento Metamorfosis Educativa para conocer su proyecto.
«La sociedad necesita un cambio, no hay duda de ello. Este cambio social puede darse desde la educación que estamos ofreciendo en la actualidad, y ese cambio educativo puede suceder en lo individual de cada persona para que, posteriormente, todo ello vaya ocurriendo y dándose también en lo colectivo», comenta como preámbulo del nacimiento de este proyecto.
El origen de esta propuesta nace de «una crisis personal en la que lo dejo todo, cojo la furgoneta y me voy, sin saber muy bien a dónde. Algunos dicen que fue huir, pero para mí fue irme al encuentro». Lo afirma como un compromiso vital y como el origen de su proyecto.
Partiendo de estas premisas, la idea va tomando forma y nos explica el propósito de Metamorfosis Educativa, que es «cuidar a la comunidad docente y facilitar espacios de bienestar y cuidado para el profesorado, tanto de educación infantil como de primaria y secundaria; es decir, para quienes acompañan a niños, niñas y adolescentes. La misión es que los ritmos frenéticos de esta vida y los que se viven dentro de un sistema educativo que está tan roto no hagan que ellos se sigan rompiendo, como me pasó a mí, y que puedan acompañar a los niños y niñas, la causa de todo esta creación, desde ese bienestar y esa calma que ya son».
A la pregunta de a quién va dirigido el proyecto, responde con claridad:
«En un mundo en el que se sigue sosteniendo esa idea de que la educación empieza en casa, existen muchos proyectos de este tipo dirigidos a las familias, pero yo veía una carencia en propuestas orientadas al profesorado como lo es ésta».
«Realmente creo que la sociedad aún no está del todo preparada para abrirse a proyectos así, y por eso mismo creo que son necesarios. Claudio Naranjo decía que la educación es una herramienta de transformación social, y creo que todos estaremos de acuerdo en que la sociedad está profundamente herida, profundamente rota. Por eso es importante que nos abramos a nuevas propuestas, a nuevas alternativas, a nuevas posibilidades de sembrar granitos de arena, en la medida de lo posible, hacia esa utopía hacia la que caminamos: hacer un mundo mejor», afirma con fuerza y sencillez.
Han quedado muchas ideas en el tintero, pero seguiremos las ideas de Suri Azaceta y la evolución de su proyecto en un futuro próximo.
¡Ojalá que su utopía contribuya a hacer un mundo más humano y más hermoso!
© Txema Imaz, entrevista; Suri Azaceta, fotografía
