viernes, mayo 15, 2026
Psicoterapia, sentido y experiencia humana

La psicoterapia como camino hacia una vida más auténtica

Me llamo Fernando Lacalle. Soy psicoterapeuta y psicólogo por vocación, y también abogado de formación. Durante años ejercí en el ámbito jurídico, pero fue en el encuentro con el sufrimiento humano donde encontré el verdadero eje de mi camino profesional.

Mi trabajo hoy consiste en algo mucho más sencillo y, a la vez, profundamente complejo: acompañar a personas en momentos en los que la vida pesa demasiado.

No siempre venimos a terapia porque “algo esté roto”. A veces venimos porque nos sentimos desbordados, desconectados o simplemente perdidos. Otras veces, porque algo dentro de nosotros empieza a cuestionar la forma en la que estamos viviendo. Y ahí es donde, al menos para mí, cobra sentido el enfoque humanista.

La psicología humanista —con figuras como Carl Rogers— pone el foco en algo que puede parecer obvio, pero no siempre lo es: la persona no es un problema a resolver, sino una experiencia a comprender. No se trata de “arreglar” a nadie, sino de generar un espacio donde uno pueda encontrarse consigo mismo sin juicio.

Desde esta mirada, la relación terapéutica es el núcleo del cambio. La autenticidad, la empatía y la aceptación no son técnicas: son la base. Cuando una persona se siente realmente vista y escuchada, algo empieza a moverse. A veces de forma silenciosa, casi imperceptible, pero profundamente transformadora.

En esta línea, uno de los modelos que guía mi práctica es la Terapia Focalizada en Emociones, desarrollada por Leslie Greenberg. Este enfoque parte de una idea sencilla pero potente: las emociones no son el problema, son la puerta.

Sin embargo, vivimos en una cultura que nos empuja constantemente en la dirección contraria. Se nos enseña a ser productivos, a funcionar, a controlar. Pero rara vez se nos enseña a sentir. A sostener la incertidumbre, el vacío o la fragilidad sin tener que huir de ellos.

Muchas veces aprendemos a evitar lo que sentimos. Tapamos, racionalizamos o nos desconectamos. Pero lo que evitamos no desaparece; se queda, se transforma y, a menudo, acaba dirigiendo nuestra vida desde la sombra.

La Terapia Focalizada en Emociones propone algo distinto: acercarnos a lo que duele, pero hacerlo acompañados. Entender qué hay debajo de la ansiedad, de la rabia o de la tristeza. Porque, en el fondo, cada emoción tiene una función. Y cuando esa función se comprende, algo cambia.

No se trata de recrearse en el sufrimiento, sino de atravesarlo para transformarlo. Como señala Greenberg, las emociones necesitan ser vividas para poder cambiar.

Aquí es donde la psicoterapia se encuentra con la filosofía existencial. Autores como Viktor Frankl o Irvin Yalom nos recuerdan que el ser humano no solo sufre por lo que le ocurre, sino también por las preguntas que no puede evitar hacerse: ¿qué sentido tiene lo que vivo?, ¿qué hago con mi libertad?, ¿cómo convivo con la soledad o con la finitud?

No hay técnica que elimine esas preguntas. Pero sí hay formas de habitarlas.

En consulta, esto se traduce en un trabajo profundo, pero respetuoso. No se fuerza nada. Se va al ritmo de la persona. A veces el cambio es sutil: una toma de conciencia, una emoción que por fin se permite, una forma distinta de mirarse.

Y, sin embargo, esos pequeños movimientos suelen tener un impacto enorme.

Porque, en el fondo, muchas veces no necesitamos que la vida sea más fácil, sino poder vivirla de una forma más auténtica.

Creo que la psicoterapia no es solo aliviar el malestar, sino también ayudar a construir una relación más honesta con uno mismo. Una relación donde haya espacio para la vulnerabilidad, pero también para el crecimiento.

Porque, al final, no se trata de dejar de sentir, sino de aprender a sostener lo que sentimos sin que nos arrastre.

Este es el primero de una serie de artículos en los que iré explorando el cruce entre psicología y filosofía existencial. Porque muchas de las preguntas que llegan a consulta —el sentido, la soledad, la libertad, el miedo a la muerte o a no estar viviendo una vida propia— no son solo clínicas: son profundamente humanas.

En este sentido, la psicología no puede quedar al margen de la cultura. Forma parte de ella, la atraviesa y, a su vez, se nutre de sus preguntas. Hablar de salud mental es también hablar de cómo vivimos, de qué valoramos y de qué tipo de sociedad estamos construyendo.

Por eso, quiero agradecer a CulturaBAI la confianza depositada en mí para abrir este espacio de reflexión.

Ojalá estas palabras no solo sirvan para entender mejor la terapia, sino también para acercarnos un poco más a nosotros mismos.

¿Y si, en lugar de seguir funcionando en automático, te dieras el espacio de preguntarte cómo estás viviendo realmente tu vida?

© Fernando Lacalle, texto y fotografías

2 comentarios en «La psicoterapia como camino hacia una vida más auténtica»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *