viernes, mayo 22, 2026
Música

Aitor Piornedo: De la batería a la cabina, la psicología de pista del DJ que hace vibrar Bilbao y Madrid

Uff, llega el viernes… necesito salir a bailar. Me tiro para la disco. Bien activao. Vamos, como plan B. Pero esta vez es mi plan A, no aguanto más: me voy a bailar. Segunda parte: buscar un sitio en mi ciudad. Hace poco se ha inaugurado una nueva discoteca que promete una experiencia premium, elegante e inolvidable, ahí es nada, que siendo de Bilbao en esta liga queremos ser los terceros o al menos estar entre los seis primeros. Pues al lío, ¡de los diyéis me fío! Para no pasar frío activo mi plan, que no es otro que salir a bailar.

Bilbao trata de estar al día en esto del ocio nocturno. Diversas salas, clubs y discotecas ofrecen una amplia gama de ambientes y músicas diferentes, además de fiestas y eventos programados. Hay salas de siempre y otras que se ponen de moda entre los jóvenes y no tan jóvenes, puesto que el brunch (almuerzo tempranero), el tardeo, las after-run parties (fiestas post-carrera) o las coffee parties (tertulias cafeteras: eventos, a menudo de día, que combinan catas de café o bebidas sin alcohol, buena música y socialización, muchas veces tras hacer ejercicio), etc., están on fire (en auge). El sector y las marcas proponen diversas maneras de ocio para llegar a todo tipo de público. En este esfuerzo por lograr objetivos hay algo que no puede faltar: la música. ¿Y quién es el encargado de decorar musicalmente el ambiente? El DJ.

Un profesional debe estudiar previamente el ambiente en el que pinchará su música, las expectativas del evento, qué tipo de público prevé que acudirá y estar atento a la receptividad del mismo en cada momento. Todo esto y más nos lo puede contar de primera mano Aitor Piornedo, conocido DJ vizcaíno que se ha hecho un nombre en la animación y ambientación musical, no sin esfuerzo, y que se está abriendo camino más allá del País Vasco.

Bienvenido a CulturaBAI, Aitor. Eres un nombre habitual en la noche bilbaína y acabas de dar el paso de pinchar en Madrid. ¿Sientes que estás en tu mejor momento?

Puedo decir que estoy en un buen momento, sí. Siento que tengo una buena proyección.

Actualmente soy DJ residente en la Sala Sonora, además de en otra discoteca en el centro de Bilbao, Bombón Club, que para mi gusto es la que más de moda está en la ciudad ahora mismo. A la vez estoy en Aura Club, que ha abierto recientemente como discoteca de alto standing, así se anuncia. En ambas el público es bastante exigente. Por otro lado, al vivir entre Bilbao y Madrid, también estoy entrando en el circuito de allí con eventos más puntuales.

Además de Bilbao y Madrid, también he pinchado en Vitoria, Galicia, La Rioja, Extremadura, Valencia… Ahora, por suerte, me estoy moviendo en discotecas, eventos y con promotoras que tienen renombre y están posicionadas en el sector.

Empezaste desde muy joven ambientando musicalmente fiestas, eventos y salas, ¿cómo fueron esos inicios?

Sí, empecé bastante joven. Es algo que siempre me llamó la atención desde bien pequeño, así que a los 17 años empecé a pinchar en la famosa Sala Back&Stage de Bilbao, tras haber comenzado en pequeños pubs de pueblo.

Para que nos situemos, ¿qué significa ser un DJ? Me refiero a que, para la gente ajena, parece que la música la hacen otros y el DJ es quien la mezcla, pero me imagino que es mucho más complejo que eso…

Es verdad que la música la suelen hacer otros, aunque a veces los DJs también hacemos nuestras propias mezclas en casa, producciones o remixes. Digamos que tú eres el que te encargas de gestionar la música que hacen esos otros productores para hacer que disfrute la gente en el momento. Tú eres el que la retocas, la seleccionas y decides en qué momento poner cuál.

¿Tienes libertad total a la hora de elegir las canciones o los promotores te ponen límites?

Obviamente hay algún jefe o promotor que pone más limitaciones musicales. En mi caso intento prescindir de ellas, porque al fin y al cabo cada uno tiene su estilo y el promotor tiene que confiar un poquito en la persona que está contratando, en sus gustos y selección musical. Lo importante siempre es saber adaptarse al público de la sala.

Tienes una formación musical sólida desde los 8 años (lenguaje musical, batería, percusión). ¿Cuánto ayuda ese “oído técnico” a la hora de estar frente al público? ¿Qué hace falta para ser DJ?

Para ser un DJ lo más importante son las ganas. Cuando yo empecé solo sabía que me encantaba. Es cierto que desde siempre me ha gustado la música y obviamente ayuda mucho entender cómo funcionan el ritmo, la melodía… ya que cuando estás mezclando forman parte de lo que haces en directo.

Por ejemplo, yo comencé a estudiar música a los ocho años haciendo lenguaje musical y batería, dado que siempre me ha atraído mucho la parte rítmica. Más tarde me apunté también al grupo de batucada en la escuela de música, trabajando con diferentes instrumentos de percusión. Creo que a mí eso me ha ayudado mucho. Sumado a que también he estado bailando desde muy pequeño en grupos de danza urbana, en mi caso es fundamental de cara a mezclar y entender cómo actúa el público en una pista.

Hablas de un concepto fascinante: la “psicología de pista”. ¿En qué consiste?

Ciertamente hay un concepto en el mundo del DJ que se conoce como “la psicología de pista”, y que a mí me parece muy importante. Además de saber cuadrar la música a tiempo, para mí es fundamental aplicar este concepto a la hora de llevar la dinámica de una fiesta, sentir que la gente está animada y lograr que aguanten mucho tiempo dentro de la sala sin salir fuera.

Aplicar esa psicología es fijarse en el público y ver cómo está respondiendo a tu propuesta. Hace que todo tenga un trasfondo más artístico.

¿Qué es lo que a ti te mueve para elegir la música de una sesión?

Me suelo fijar en la zona en la que voy a pinchar. Por ejemplo, como en la zona en la que más he pinchado es Bizkaia, debido al tipo de público me ciño más a un repertorio que sé que gusta y funciona. A raíz de haber viajado más por otras provincias y comunidades, tanto pinchando como bailando y, además, atraído por mi gusto por lo rítmico, estoy incluyendo otro tipo de estilos, como la música africana o jamaicana, además de la americana.

Me considero un DJ de lo que llaman ahora open format, de formato abierto, que depende del público o de lo que al DJ le apetezca en el momento. Es decir, si a mí me llama mucho la música africana, entonces mis sesiones van a tener una gran cantidad de música africana, pero no por eso va a dejar de sonar, por ejemplo, una canción de salsa o una canción de algo más urbano o tipo hip hop.

¿Tienes que estar al día de las tendencias para marcar la diferencia?

Yo creo que la combinación perfecta es estar al día de las tendencias y no olvidar de dónde viene todo. Diría que tomar referencias antiguas y fusionarlas con las actuales es la mezcla perfecta, porque satisfaces a un público muy grande.

Dado que además de Bilbao ya te mueves por otras latitudes, ¿cómo es el público discotequero vasco? Cada vez se está apostando más por una oferta nocturna de calidad en la ciudad…

He de decir que Bilbao, comparado con otras ciudades de parecido tamaño, tiene un ocio nocturno bastante activo. Hay muchas discotecas, habrá unas 10 o 12 actualmente en Bilbao y realmente se suelen llenar. Existe un público recurrente y fiel.

En cuanto al público, aunque yo soy joven, creo que hoy en día ya no se baila tanto. He notado un cambio después de la cuarentena de la pandemia. Realmente antes de la pandemia la gente bailaba más en la discoteca y cantaba menos, y ahora percibo que es al contrario: el público canta las canciones y no baila tanto.

Personalmente yo intento en mis sesiones recuperar esa necesidad de bailar también, supongo que me nace de esa sensibilidad de bailarín que tengo. Me gustaría que la gente bailase un poco más. Obviamente todo el mundo va a cantar en las discotecas, pero procuro que se vea una pista en movimiento, es mi objetivo. Además, yo bailo siempre que pincho. ¡No puedo evitar bailar, me sale solo!

¿Y en cuanto a la profesión, qué diferencias percibes?

La diferencia de la que podemos hablar es que todo está más profesionalizado. La mayoría de esas macrodiscotecas en ciudades más grandes tienen muy buen nivel de música. En Madrid, por ejemplo, se le da mucho más protagonismo al renombre del DJ, mientras que en Bilbao normalmente la protagonista es la fiesta en sí misma.

Cuéntanos tus inicios como DJ.

El mundo de las mezclas, de cómo se hacen las canciones, siempre me ha llamado la atención, así que a los 14 años más o menos cogí el ordenador de mi padre y me instalé Audacity, un programa que me permitía hacer mis propias mezclas… En realidad era muy básico, jejeje, pues visto desde ahora no tenían nada de mezcla, ya que era cortar una canción y empezar otra (risas).

Poco a poco fui aprendiendo y pedí como regalo mi primera mesa de mezclas por Navidad. Con eso ya empecé realmente a trastear y trabajar de manera autodidacta, así que más o menos a los 16 años ya sabía pinchar bien.

Justo fue la cuarentena y, encerrados como estábamos, tuve tiempo de seguir probando y avanzando. Tras esto y cumplidos ya los 17, empecé a pinchar en locales, puesto que había muchas ganas de retomar la actividad en la calle y el ocio nocturno. La gente lo echaba de menos y para mí fue una oportunidad. Empecé en sitios pequeños, bares cercanos a donde yo vivía.

A partir de ahí tu formación se fue ampliando en temas ligados con el audio; de hecho eres técnico de sonido, una faceta que te ha llevado a trabajar en RTVE. ¿Cómo ha sido ese camino?

Aparte de ese afán por experimentar con la mesa, desde chaval siempre he tenido curiosidad por todo lo relacionado con el sonido. Suena un poco friki, pero en los conciertos grandes miraba y me decía: “Oye, estos altavoces son de esta marca”, o intentaba ayudar en los eventos con lo que sabía en ese entonces respecto a la música.

Estudié el bachiller artístico, ya que en la ESO me orientaron diciendo que eso era lo más parecido a lo que a mí me gustaba en el ambiente musical y que yendo por ese camino podría dedicarme a técnico de sonido estudiando un grado superior.

Así que eso hice. ¡Me costó la vida entrar en el grado superior! Me orientaron mal y hubiera sido mejor haber hecho el bachillerato técnico, pero como tenía tan claro cuál era mi objetivo me esforcé y acabé entrando.

Finalicé el grado superior de técnico de sonido, tras lo cual me mudé a Madrid para especializarme en una de las empresas más grandes de toda España, Fluge. Allí hice el máster de sonido para audiovisuales y espectáculos en directo, trabajando a gran escala. Gracias a eso he estado participando en RTVE como técnico de sonido.

Además también has trabajado aunando tu faceta artística con tu formación técnica en diferentes eventos…

Sí, he trabajado también como stage manager en Last Tour, BBK Live, etc., así como en IFEMA Madrid.

Pocos saben que, además de pinchar, eres un bailarín de élite con el grupo The Factory, campeones de España de danza urbana. ¿Cómo influye el baile en tus sesiones?

En mi caso marca una diferencia brutal, porque no trato únicamente de poner música, sino que promuevo que la gente baile y se mueva en la pista. Yo quiero ver una pista en movimiento.

Llevo unos seis años compitiendo por toda España con uno de mis grupos, The Factory. Competimos en categoría profesional y la verdad es que últimamente hemos ganado bastantes premios a nivel estatal y hemos estado cumpliendo también otros compromisos profesionales de alto nivel: televisión, exhibiciones, etc. Me hace feliz.

He trabajado como profesor de baile unos años y también soy productor para algunos coreógrafos, haciendo remixes para distintos grupos de baile urbano de España.

En el ámbito técnico, las salas cuentan con estándares muy definidos. ¿Cargas con tu propio equipo o te adaptas al espacio?

En las discotecas de cierto nivel existe un rider técnico fijo, un estándar profesional. Las salas nos envían ese documento, nosotros damos el visto bueno y acudimos solo con nuestra música en dispositivos USB.

El equipo es parte de la esencia: yo no trabajo con vinilos, pero respeto a quien lo hace porque define su identidad. Hoy en día lo más difícil es diferenciarse, por eso tienes que esforzarte en crear una marca y una comunidad de seguidores que se desplace contigo.

Tu público ideal no es el que acaba de cumplir la mayoría de edad. ¿Por qué prefieres un rango de edad algo más maduro?

Me gusta mucho el público a partir de los 21 o 22 años, puesto que consumen el ocio de otra manera, suelen bailar más… Aun así, lo que más agradezco es la mezcla de edades: ver cómo los jóvenes se contagian de los mayores y viceversa me da mucho juego para rescatar temas antiguos mezclándolos con los más actuales.

Existe el mito de que ciertos estilos de música o la noche en sí generan conflicto. Tú que vives dentro de la escena, ¿cómo lo ves?

Defiendo que la música no influye en los malos rollos. Al contrario, veo que cada vez se consume con más consciencia. He estado en clubes en Berlín donde la esencia es el respeto a la cultura de club.

Respecto a las letras de la música urbana, a menudo polémicas, ¿qué peso le das al mensaje a la hora de elegirlas para una sesión?

Me fijo en que realmente haga bailar a la gente. Para mí, la música urbana es música de “calle”, como lo fue la salsa o el hip hop en sus inicios. No es inferior por nacer en el gueto. Le doy importancia principalmente al ritmo.

Está claro que lo que más te inspira es escuchar un buen ritmo…

Sí, he pasado por bastantes facetas. Antes me llamaban más la atención otros géneros musicales, pero analizando mi trayectoria, la percusión siempre ha tenido una gran importancia en mi vida, así que he ido introduciendo más esos géneros que tienen como base la percusión: la música latina, la africana, la jamaicana…, tanto estilos más tradicionales como actuales.

Últimamente estoy incorporando mucho también versiones live, que son las mismas canciones pero tocadas en directo y con instrumentos reales para dar una sensación más de show, aunque lo haga un DJ.

Dinos cómo te preparas antes de un evento, ¿qué parte de improvisación hay en las sesiones?

¡Toda! Jajaaa… Bueno, toda igual no, pero la gran mayoría sí (risas). Normalmente lo primero que analizo es el local que me ha contratado o la fiesta que tengo que ambientar. Veo un poquito de qué va el rollo para ver qué puedo ofrecer a esa fiesta y plantear en mi cabeza cómo puedo llevar la sesión de ese día o cómo me apetece.

Hago una selección o búsqueda musical; yo descargo siempre música de más. La parte de improvisación viene desde el momento en que percibes cómo está el ambiente en la sala.

Por mucho que lleves la sesión preparada en cuanto a temas y tu idea previa de qué tipo de público habrá, por lo que tú has visto en redes sociales o lo que te han contado sobre esa sala, luego llegas y es completamente distinto.

Dependiendo de cómo está funcionando lo que tú has previsto, observas y dices: vale, tiro por aquí o tiro por allá. Así que lo que vale, aparte de esa previa selección musical que has llevado, es tener una gran biblioteca musical que te dé margen de improvisar en cada momento y ser flexible según el feedback de la gente y también según cómo uno mismo se encuentre a gusto.

¿Cómo acabas después de un evento?

Pues normalmente cansadísimo.

De hecho, hace aproximadamente un mes tuve un episodio de ansiedad tras llegar a casa. Fue un evento especial donde todo el mundo se lo pasó genial y me felicitaron tanto, diciéndome que esa noche lo hice extremadamente bien, que estaba tan eufórico que no podía dormir. Seguía con el hype del momento, de “guau, ¿qué acaba de pasar? Estoy reventado pero no puedo dormirme”.

Has pinchado para figuras como Lola Índigo o Nico Williams. ¿Cómo se gestionan esos momentos “épicos” en la cabina?

Se te pone la piel de gallina. Madrid te da ese escaparate, hay mucho famoseo, pero en Bilbao también ocurre. Ver a Nico Williams acercarse para felicitarte por la música que estás poniendo es un agradecimiento increíble. Aun así, cuando estoy en la cabina estoy concentrado en el trabajo.

¿Cuál sería para ti un trabajo soñado?

No me pongo muchos límites. Por ejemplo, abrir el concierto de algún cantante o hacer una fiesta en una playa me gustaría mucho.

DJ, técnico de sonido, productor, bailarín… ¿hacia dónde camina tu futuro?

De momento estoy disfrutando muchísimo de lo que estoy viviendo: es un trabajo en el que se juntan las dos cosas que más me apasionan, la música y el baile.

Estoy convencido de que puedo dar más. No me pongo límites. ¿Cómo veo el futuro? Pues tengo miedo de decirlo porque no sé hasta cuándo seguirá así o si voy a lograr todo lo que me propongo. Pero tengo en mente proyectos que me gustaría llevar a cabo, shows completos mezclando música y bailarines, por ejemplo… Tengo muchas ideas y energía para llevarlas a cabo.

Mila esker, Aitor, por hacernos conocer mejor tu oficio y a ti mismo. Si quieres añadir algo más…

Sin duda, agradecer a toda la gente que me apoya, que confía en lo que hago desde hace mucho tiempo y que me sigue de lado a lado. Sé que tengo una comunidad de seguidores fieles que es bastante importante.

Con la vista puesta en nuevos horizontes, Piornedo no solo busca pinchar discos, sino diseñar atmósferas que no se pierdan en el olvido. Entre el rigor de quien conoce la partitura desde niño y la intuición del DJ que lee la pista, su trayectoria es hoy un puente entre el pulso de Bilbao y Madrid. En esta liga, Aitor tiene claro lo que quiere hacer: seguir mezclando ritmos para hacer bailar y pasarlo bien.


© María Brodal, texto y entrevista; Aitor Piornedo, fotografía

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