El tiempo en un vaso de agua
Cuando se menciona al escritor Luis Martín-Santos (1924–1964), fallecido en un accidente de tráfico en Vitoria-Gasteiz, se piensa en un tiempo cautivo y en un país que temía ser libre. Sus libros son un espejo en el cual nos vemos reflejados y forman parte de una historia a la que no podemos dar la espalda. Pero, ¿quién era el hombre detrás del escritor? ¿Por qué sus libros siguen teniendo vida? A la primera pregunta no hay respuesta posible; la segunda nos traza un camino que conduce a un silencio de libertad y a un siglo marcado por un pensamiento que deseaba romper las barreras de un tiempo preso de sí mismo.
Yo leí Tiempo de silencio —esa novela de ratas y de personajes que combatían por sobrevivir bajo un cielo donde no se podía respirar— cuando supe que la lectura y los libros podían salvarme de la mediocridad. Esta novela es mucho más que un relato: intenta ser un soplo de esperanza en esas noches donde faltaba incluso el alimento. Así me acerqué a Luis Martín-Santos; cada línea de ese libro me dio pistas para ser lo que todavía no he llegado a ser. Tiempo de silencio es una fotografía de cómo es el ser humano cuando carece de todo y camina en busca de la nada.
Me acerco ahora a Tiempo de silencio, la exposición de la Casa de la Cultura Ignacio Aldecoa, para ver cómo era nuestra vida en el siglo XX. Quiero tocar esta época con respeto y extrañeza, haciendo que mis arterias transformen en emociones preguntas vitales: ¿qué nos hace sentir?, ¿qué nos hace vivir en vidas separadas? La obra de este escritor es el retrato de un tiempo cautivo entre sombras, difícil de vivir y de soñar, pero que existió para no volver a él. O tal vez sí podemos regresar, pero con la cautela de un creador que quería transformar nuestra propia novela y abrir los ojos a una sociedad que, quizá, ya estaba preparada para su cambio.
Dejo atrás la exposición y algo ha cambiado en mí. He vuelto a esa España oscura que, sin embargo, no abandonaba el arte; una época donde los seres humanos atrapaban el tiempo para transformarlo en un aire de cambio que tardaba en llegar porque los caminos eran difíciles de transitar. Fue entonces cuando las novelas empezaron a reaccionar contra aquellos verbos que se volvían moho en mentes analíticas, las cuales deseaban ver una literatura más nuestra y más real en medio de un tiempo cautivo en un vaso de agua.



Entrevista a Luis Martín-Santos hijo
© Jorge Girbau Bustos, texto, fotografías y entrevista
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