A vista de pájaro
El origen de los Fueros se basa en usos y costumbres que obedecían a una peculiar forma de pensar y sentir, resultado de una identidad cultural bien definida. A lo largo del siglo XIX, el pueblo vasco fue perdiendo sus peculiaridades y, el 21 de julio de 1876, durante el reinado de Alfonso XII, nuestros Fueros quedaron abolidos. Sesenta años después, en plena Guerra Civil, las Cortes Republicanas aprobaron un Estatuto de Autonomía que hizo posible el primer Gobierno Vasco. La posterior llegada de la democracia al Estado dio lugar al Estatuto de Autonomía de Gernika, aprobado en referéndum en 1979. El Pueblo Vasco, como expresión de su nacionalidad y para acceder a su autogobierno, se constituyó en Comunidad Autónoma.
La Plaza de los Fueros de Vitoria-Gasteiz se planificó, se diseñó y se construyó en honor a estas potestades tan significativas en nuestro pasado, presente y futuro.

Chillida, escultor, y Peña Gantxegi, arquitecto, unieron sus mentes creativas para diseñar un espacio muy especial en el corazón de Vitoria-Gasteiz, con dos objetivos claros: homenajear a los históricos fueros y mantener viva nuestra identidad cultural. La plaza de los Fueros es uno de los espacios más emblemáticos de la ciudad y un punto estratégico para la celebración de eventos culturales y deportivos. Ahora, como dijo el gran Jack «El destripador», vamos por partes:
La planta de la plaza es una obra de arte, de forma triangular esbelta y con la silueta de la provincia en uno de sus vértices. Una idea acertada que se fusiona a la perfección con el entorno; eso sí, solo a vista de pájaro. Si no te asomas a las ventanas de las viviendas aledañas o no eres una paloma, difícilmente podrás apreciar su belleza y significado. Una lástima.

El granito rosa elegido para la totalidad del conjunto es un acierto incuestionable: bello, elegante y duradero. El material fusiona la plaza con su entorno, creando una sensación de continuidad que invita a participar en el conjunto.
En la zona inferior de la estructura laberíntica que recrea la forma de Álava, se encuentra la célebre escultura “Homenaje a los Fueros” de Eduardo Chillida.

La obra es preciosa, pero su ubicación ha sido y sigue siendo cuestionada, por su poca accesibilidad. Está escondida, es peligroso acceder a ella por la irregularidad y la inclinación de las escaleras. Por otro lado, al haber tantos recovecos, el espacio es muy visitado por personas sin buenos hábitos de higiene. Vamos, que huele a pis y está llena de basura, no por culpa de su diseño, sino por nuestro poco civismo.

Esta inconveniencia de higiene y cuidado, porque también aparecían día sí y día también pintadas sobre la escultura, se intentó solventar cubriendo el espacio con una tarima de madera que tapaba «el laberinto». Como es lógico, esta decisión fue criticada y rápidamente revocada.
Las gradas y los vacíos que hacen destacar los muros que forman el perímetro de Álava son trampas peligrosas para personas con visibilidad y/o movilidad reducida. La belleza no siempre va ligada a la utilidad y a la seguridad.

¿Cuál podría ser la conclusión de este artículo? Que el papel todo lo aguanta, pero que los diseños deben contemplar, además de la estética, los usos y las perspectivas humanas.
Incuestionablemente, esta plaza conmemorativa del centenario de la abolición de nuestros fueros es uno de los espacios más emblemáticos de nuestra ciudad. A mí me gusta y me parece un lugar muy especial, a pesar de sus imperfecciones; nada ni nadie somos perfectos.
¿Echamos unos bolos? ¿Prefieres un partido de pelota? ¿Un concierto en La Blanca? ¿Una bonita exhibición de Herri Kirolak? Quienes vivimos en Gasteiz tenemos mil recuerdos en esta plaza. ¡Sigamos sumando momentos!
© Vanesa de la Puente, texto e imágenes (Créditos a pie de imagen)
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