martes, febrero 10, 2026
Gastronomia

Cocinar en casas ajenas: la intimidad de ser chef privado

Hace unos meses decidí tomarme un tiempo sabático. O al menos eso pensaba. La idea era parar, respirar y replantearme cosas. Pero ya se sabe cómo somos los inquietos: el “parar” acabó convirtiéndose en aprender, explorar y volver a crear.

Hoy estudio un curso de diseño de moda, otra de mis grandes pasiones. Todavía no sé muy bien cómo fusionaré la gastronomía con la moda, pero algo se me ocurrirá. Siempre pasa. Cuando uno se mueve desde la curiosidad, las ideas acaban encontrándose.

Lo que sí no pude —ni quise— dejar del todo fue la cocina.

Hace poco me inscribí en un curso de chef privado en Private Chef La Academia, un espacio donde cocineros de distintos lugares aprendemos algo más que técnicas.

Allí hablamos de cómo ofrecer servicios privados en hogares, cómo diseñar menús, montar una mesa, optimizar costes y, sobre todo, entender a las personas para las que cocinamos.

No era un terreno completamente nuevo para mí. En Panamá, a raíz de la pandemia, cocinar en casas se convirtió en una forma natural de seguir ejerciendo mi profesión. Sin embargo, hacerlo ahora aquí, en Euskadi, despertó miedos distintos: el público, el contexto, las expectativas. Pero compartir aula con otros colegas y mentores me confirmó algo importante: este tipo de servicio no solo existe, sino que cada vez despierta más interés.

Y no es casualidad.

Cada vez más personas buscan algo diferente. No un restaurante improvisado en casa, sino una experiencia cuidada, íntima y honesta. Comer bien, sí, pero también sentirse cómodos, relajados y atendidos sin tener que salir de su propio hogar.

Por eso hablo de experiencia y no solo de comida. Porque eso es lo que realmente vendemos los cocineros cuando entramos en una casa ajena. No vendemos platos.

Vendemos nuestro ADN, nuestro recorrido, nuestra sensibilidad. Vendemos calma, escucha y atención al detalle. Vendemos el lujo —cada vez más valorado— de no tener que preocuparse por nada más que sentarse a la mesa.

Cocinar en una casa es entrar en la vida de otros. En sus silencios, en sus celebraciones, en sus rutinas. No hay escenario ni aplausos, pero hay algo mucho más valioso: confianza. El éxito de un chef privado no se mide en estrellas ni en críticas, sino en la sensación de haber formado parte de un momento que quedará en la memoria.

Hoy, mientras me preparo para mis primeras experiencias como chef privado en Euskadi, siento que este camino me devuelve a lo esencial. A cocinar desde el respeto, desde el cuidado y desde la verdad. A recordar que la gastronomía, más que impresionar, está para acompañar.

Y quizá la pregunta no sea si contratar o no a un chef privado, sino si estamos dispuestos a vivir la cocina de otra manera. A abrir la puerta de casa y dejar que alguien cocine no solo para nosotros, sino pensando en nosotros. A transformar una comida en un recuerdo.

Entonces, dime: ¿Te animarías a vivir una experiencia gastronómica en tu propio hogar?

Para quienes sientan curiosidad, mi trabajo como chef privado puede conocerse aquí: https://www.takeachef.com/chef/rigoberto-duran-macia

Porque al final, cocinar en casas ajenas no va de entrar en un espacio que no es mío, sino de crear, aunque sea por unas horas, un lugar compartido alrededor de la mesa.

© Rigo Macías, texto y fotografías, @rigomacias.es

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