sábado, octubre 17, 2026
Historia y patrimonio

Galicia y Euskadi: dos territorios conectados por su cultura

El pasado 11 de septiembre, el escenario del Getxo Folk volvió a convertir la conexión entre Galicia y Euskadi en música. Xabi Aburruzaga, Xabier Díaz y Adufeiras de Salitre se reunieron en el Muxikebarri para construir un diálogo entre la tradición musical vasca y la gallega. La propuesta cruzó la trikitixa con las voces, adufes y panderetas gallegas; y fue presentada como un puente entre dos tradiciones del norte atlántico.

El encuentro formó parte de la 42.ª edición de Getxo Folk, celebrada del 9 al 13 de septiembre. Sin embargo, no se trata de un hecho aislado. A lo largo de las últimas décadas, Galicia y Euskadi han compartido diversos escenarios, proyectos y espacios culturales que han contribuido a estrechar los vínculos entre ambos territorios. La música quizá sea uno de los ámbitos donde esta relación resulta más fácil de escuchar: dos tradiciones musicales con instrumentos, ritmos y repertorios propios que han encontrado en la colaboración una forma de reconocerse mutuamente.

«El Getxo Folk reúne cada año distintas tradiciones musicales y culturales. Autoría: Getxo Kultura»

Cuando la gaita sorprende con la trikitixa

Durante el siglo XX, la emigración gallega hacia Euskadi generó espacios de contacto prácticamente diarios. La industrialización vasca atrajo a trabajadores y familias procedentes de Galicia y, junto a ellos, también viajaron sus canciones, instrumentos, fiestas y tradiciones. 

Uno de los ejemplos más conocidos llegó de la mano de Kepa Junkera. El músico bilbaíno dedicó en 2013 el proyecto Galiza a la música tradicional gallega y reunió a varios artistas de la comunidad, entre ellos destacan Milladoiro, Luar na Lubre, Leilía o Xosé Manuel Budiño. El resultado mezclaba elementos de la tradición musical vasca con gaitas, panderetas, voces y repertorios gallegos.

Lo interesante de esta historia no se basa en demostrar que una tradición se copia de la otra. El investigador Bravo Barreiro advierte de que las semejanzas musicales del arco atlántico pueden llevar a conclusiones rápidas y erróneas. Lo que está documentado es la relación: músicos que colaboran, repertorios que viajan y tradiciones que se escuchan mutuamente. Es decir, la cultura no funciona como una frontera cerrada, sino como un espacio de intercambio.

«Gaitas, trikitixas, albokas y panderos para una misma melodía. Autoría: GasteizBerri»

Una conexión que también se escribe

La literatura ofrece otro ejemplo de conexión, menos visible, pero especialmente significativo cuando hablamos de dos territorios con lenguas propias. Más allá de las diferencias entre el gallego y el euskera, existen puntos de encuentro como la defensa de la lengua, la identidad y la cultura propia. Una relación que también se ha cultivado a través de autores, de traducciones y de intercambios culturales, demostrando que las palabras, al igual que la música, también pueden servir de puente entre ambos territorios.

En 2016, la escritora vasca Mariasun Landa recibió el Premio Rosalía de Castro del Centro PEN de Galicia por su trayectoria literaria en euskera. Cuatro años después, la Asociación de Escritoras e Escritores en Lingua Galega la nombró Escritora Galega Universal 2020. 

La autora ha desarrollado parte de su obra en euskera. Por ello, su reconocimiento desde el ámbito gallego muestra que la conexión entre ambas culturas no depende de compartir una lengua, sino también del reconocimiento mutuo. De esta forma, las palabras pueden convertirse en un lugar donde una cultura descubre y pone en valor la experiencia de la otra.

Galicia tiene un hogar en Euskadi

Las huellas de esta relación pueden encontrarse también en las propias ciudades vascas. La Casa de Galicia en Bilbao celebra en 2026 su centenario y continúa siendo uno de los referentes de la cultura gallega en Euskadi. La Secretaría Xeral da Emigración de la Xunta ha destacado su papel histórico como espacio de encuentro y de transmisión cultural para generaciones de gallegos emigrados y sus descendientes.

«Casa de Galicia en Bilbao celebra su centenario. Autoría: Cadena SER»

A esa red se suman otras asociaciones. El registro del Gobierno Vasco recoge, entre otras, la Casa de Galicia en Gipuzkoa, constituida en 1931, así como otros centros repartidos por Bizkaia, Gipuzkoa y Álava. Sus estatutos incluyen dos objetivos principales: conservar y difundir la lengua, la cultura, la música y el folclore gallegos y, al mismo tiempo, favorecer la relación entre las dos comunidades.

Más que una reproducción de Galicia fuera de sus fronteras, estos lugares funcionan como puntos de encuentro. En ellos la cultura no se conserva únicamente como recuerdo, sino que se relaciona con el territorio de acogida y las generaciones que han crecido en Euskadi.

Un camino que se hace desde hace siglos

Antes de que Galicia y Euskadi se encontraran en la música o en la literatura, ya lo hacían sobre un mismo camino. Sus orígenes se remontan al siglo IX, cuando el descubrimiento del apóstol convirtió Compostela en el gran destino de peregrinación de la Europa medieval. Desde entonces, las rutas jacobeas trazaron una vía de unión entre el norte de la Península y Galicia; quedando País Vasco integrado en esa red de caminos. 

País Vasco forma parte de las rutas jacobeas que viajan desde el norte de la Península hacia Galicia. Dos itinerarios atraviesan Euskadi: el Camino de la Costa, que entra desde Hendaia por Irun y recorre Gipuzkoa y Bizkaia antes de entrar hacia Cantabria o Burgos; y el Camino del Interior, que atraviesa Gipuzkoa y Álava hasta enlazar con el Camino Francés en La Rioja o Burgos. Ambos forman parte de los Caminos de Santiago del Norte de España, reconocidos por la UNESCO como Patrimonio Mundial en 2015. 

«Señal del Camino de Santiago a su paso por el norte peninsular. Autoría: CNN»

Más allá de su carácter religioso, estas rutas funcionaron durante siglos como vías de comunicación e intercambio, convirtiendo el Camino en un puente entre territorios, lenguas, culturas y personas. Con el paso de los años, y pese a la evolución tan diferente de las generaciones, estas rutas demuestran una conexión que no se limita al pasado.

El vínculo se mantiene

En 2026, Camino Escena Norte celebra su octava edición con una programación que reúne a compañías profesionales de Galicia, Euskadi, Asturias, Cantabria, Navarra y La Rioja. El proyecto utiliza el Camino de Santiago como hilo conductor y plantea el intercambio entre territorios como una forma de crear un espacio cultural común a través de las artes escénicas.

Este otoño, tres compañías gallegas; Ártika Cía, Teatro de Ningures y Teatro O Cubo; llevan sus propuestas a otras comunidades participantes, incluida Euskadi, mientras Galicia recibe espectáculos procedentes de los otros territorios. La programación se desarrolla entre el 18 de septiembre y el 15 de noviembre y reúne a 18 compañías en total.

«Camino Escena Norte arranca su octava edición hasta el 15 de noviembre. Autoría: Esto pasa en Galicia»

En este contexto se observa la conexión más interesante; no se trata de poner el foco solo en aquello que ambas conservan, sino en lo que siguen creando juntas. La relación cultural vasca y gallega se ha construido precisamente a través de diferencias: encontrándose, escuchándose y reinterpretando sus propias tradiciones. Esto es así porque la cultura no entiende de fronteras, y es por ello que, Galicia y Euskadi no necesitan ser iguales para estar cerca. 

© Inés Poupariña, texto; Fotografías, autoría en sus propios pies de foto

Inés Poupariña Naseiro

Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, y especializada en el ámbito de la docencia. Tengo experiencia como redactora en El Progreso, y entre mis intereses culturales destacan la literatura, la actualidad, la divulgación y las iniciativas que contribuyen a acercar la cultura a la sociedad.

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