martes, abril 14, 2026
Humanidades

La loca del ático, tintes autobiográficos y calor asfixiante

El último fin de semana de marzo se celebró la sexta reunión del Club de Lectura de Literatura Clásica que se lleva a cabo una vez al mes en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. Se comentó el libro El ancho mar de los Sargazos de Jean Rhys, una autora anglocaribeña que realizó su particular visión de la primera mujer de Rochester en Jane Eyre: Bertha Mason.

A todo el mundo le gusta Jane Eyre, es una mujer fuerte, valiente y decidida que, pese a sus sentimientos por Rochester, prefiere elegirse a sí misma antes que aceptar una vida que ella no aprobaría. Un ideal feminista que ha llegado hasta nuestros días envuelta en un halo romántico. ¿Pero qué ocurre si ahondamos en esta historia? Rochester mantenía encerrada en el ático a su primera mujer, a la que se le conoce como la loca del ático. Por si fuera poco, Charlotte Brontë la describe como un ser monstruoso con el que hay que acabar ya que es una molestia para la historia de amor entre Jane y Rochester. Esta visión europeísta que muestra a los colonizados como seres inferiores, dementes o no funcionales era habitual en la literatura del siglo XIX. Hasta que llegó Jean Rhys. En los años 60 esta autora le dio voz y trasfondo a la desdichada mujer.

Rhys, basándose en su propia vida y experiencia, crea una trama en la que se hace una crítica al colonialismo, a la esclavitud y al patriarcado. Antoinette (a la que su marido le cambia el nombre por Bertha) es blanca para los negros, pero negra para los blancos. Una dualidad que impide que se integre en ninguna parte, haciendo que ese desarraigo la persiga toda la vida. Es obvio que Rhys se inspiró en ella misma para crear el personaje de Antoinette. La autora nació en Dominica en el seno de una familia de origen anglosajón (su padre era galés y su madre criolla de origen escocés). Piel blanca, pero alma negra. No encajaba en la isla que la veían como una invasora, ni en la estricta sociedad europea donde sus modales y acento no eran propios de una dama. 

Algo que se destacó en el Club es el estilo de la novela. No tiene una escritura clásica ni lineal, el narrador es poco fiable (alterna entre varias voces) y está plagado de onirismo. Gracia a él, la autora, con unas pocas pinceladas, es capaz de meternos de lleno en Jamaica: podemos oler las flores, escuchar los sonidos de la naturaleza y, sobre todo, sentir ese calor asfixiante que lo domina todo. Una mezcla entre Modernismo y Realismo mágico que de forma fragmentaria es capaz de denunciar las injusticias a la que es sometida la propia Antoinette, así como mostrar la situación de los colonizados. 

Desde luego, una novela muy recomendable que pone en entredicho los valores que han predominado (y siguen haciéndolo) en la literatura del Romanticismo de Jane Eyre. Además, tiene un fuerte carácter feminista que, unido a la defensa de la salud mental que se hace en ella, la convierte en una obra muy adelantada a su tiempo. Una obra que bien podría haber sido escrita hoy mismo, ahora que están tan de moda las precuelas, las secuelas y los retellings. Y es que hasta en eso, Jean Rhys se nos adelantó.

P.D.: La próxima obra que leeremos será Resurrección de León Tolstói. Espero que tú, que has leído este artículo, te animes a hacernos una visita. Será el sábado 18 de abril a las 11:30 en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa. ¡Espero verte!

© Leire Ibáñez de Gauna, texto y fotografía

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