martes, mayo 19, 2026
La mirada consciente

Manual de empoderamiento casero

Pertenezco a esa generación de niños, cuyos abuelos en no pocos casos, habían sufrido la escasez de la posguerra y habían criado a seis o siete hijos como pudieron, y a su vez sus hijos, nuestros padres, se habían criado con los cuidados de sus hermanos mayores o habían ejercido de cuidadores desde que levantaban dos palmos del suelo.

Hoy os voy a contar una anécdota que marcó parte de mi vida, y que tiene que ver con el emprendimiento en mi peluquería Ecológica el Secreto de Su. A muchos de vosotros os va a resonar, porque estoy totalmente segura que es la historia de muchas personas de mi generación.

Pero primero os voy a poner en contexto. Volvamos al pasado. 

Nadie les habló jamás a nuestros padres y abuelos de la inteligencia emocional. Motivo por el cual cuando fuimos pequeños nos acompañaron en nuestra infancia como buenamente pudieron, de la mejor manera que sabían hacerlo. Por eso creo que no sería justo juzgar la educación de aquellos tiempos.

Es hoy, en el momento presente, cuando disponemos de toda la información sobre estudios y herramientas para la crianza consciente de nuestros hijos, cuando tenemos que tomar la responsabilidad de intentar educar emocionalmente a las generaciones que nos siguen. Ojo, no digo malcriar, los límites son necesarios si no queremos tener como resultado a un pequeño dictador que nos maneje a su antojo.

Vamos con la historia en cuestión, que me pierdo. No sabría decir exactamente que edad tenía cuando sucedió, yo calculo unos doce años aproximadamente. Estábamos en los años ochenta y un día recibimos una noticia en clase, iban a evaluar nuestra inteligencia con unos test (no recuerdo qué tipo de inteligencia evaluaban, creo intuir que era la matemática. Hoy en día existen investigaciones que hablan de diferentes tipos de capacidades que permiten el desarrollo de habilidades en diferentes áreas, como puede ser artística, lógico-matemática, musical. Motivo por el que creo que hoy en día esa prueba no tendría mucho valor). Padres y alumnos estábamos expectantes, aquello era totalmente novedoso.

Recuerdo aquella mañana en clase rellenando hojas. Yo no lograba entender aquellos ejercicios… palitos, rayas… uff… no lo entendía… no lo entendía.

Pasó la prueba y llegaron los esperados resultados… los alumnos que sacaron buena puntuación en el test fueron etiquetados de inteligentes y listos…. Como os podéis imaginar los que no la hicimos tan bien pasamos a llevar la etiqueta de “se espera poco de ti”. Muy a mi pesar, arrastré aquella losa durante bastantes años, lo peor de que te pongan una etiqueta es que te crees a ciencia cierta lo que pone en ella. Durante años no me vi capaz de hacer muchas cosas, la etiqueta pesaba tanto que la arrastraba cada día. A pesar de que mis notas estaban bastante bien (excepto en matemáticas) yo seguía sin creer en mí, tampoco había nadie que me dijera que aquella etiqueta no servía para nada.

Transcurrieron los días y los años, en los que simplemente seguía arrastrando aquella sombra pesada que se había adherido aquel fatídico día. No hubo nadie que me dijera “Mira niña coge esa etiqueta y hazle una bola, y lánzala lo más lejos posible”. Para posteriormente hacer un delete de archivos basura más un reset en mi cerebro e iniciar con fuerza cogiendo mi poder.

Afortunadamente años después, llegó un momento en mi vida en el que me replantee toda mi existencia. No fue exactamente por ciencia infusa, fue tras una etapa de mucho trabajo de crecimiento personal. Y fue en ese momento cuando decidí destruir todas aquellas etiquetas que de una manera inconsciente me mantuvieron condicionada.

Emprendí con un nuevo modelo de negocio en peluquería, que no existía. Una Peluquería 100% Ecológica, una experiencia arriesgada e innovadora.

Estudié cosas nuevas. Retomé mi parte artística, y comencé a crear. Y cuanto más creaba, más yo era, más autentica y más empoderada. Empecé a ponerle el valor que merecía a mi inteligencia, no solo a nivel de aprendizaje académico, también puse en valor mi inteligencia emocional y el merito que tenia todo aquello que había conseguido y construido por mí misma. 

Así que la próxima vez que alguna persona os diga no puedes hacerlo… le contestáis espera que voy y te lo demuestro.

Dejemos de poner etiquetas, especialmente en la infancia. Cuidemos la manera en la que nos dirigimos a los peques, especialmente si somos personas relevantes en su vida, esas palabras, quedan marcadas a fuego en el inconsciente para bien o para mal.

Para cerrar, hace unos días llego a mí un video de una escena de una película sobre la vida de Vincent Van Gogh, “Van Gogh, a las puertas de la eternidad” con Willen Dafoe. Como muchos sabréis no tuvo una vida fácil este pintor, en vida no lograba vender sus obras, y era un hombre pobre.

En la escena otro hombre le decía que sus obras eran horribles y le cuestionaba preguntándole, “¿porque dices que eres pintor? Me encantó la respuesta que daba Van Gogh; “Porque amo pintar. ¿Porque Dios me daría el don de pintar cosas horribles? Tal vez Dios me hizo pintor para gente que aún no ha nacido”. Y así fue, Van Gogh pintaba lo que sentía, sus emociones y hoy en día sus obras son valoradas y exhibidas en todo el mundo.

Cuantos genios de la historia fueron tildados de tontos, solo por ser diferentes, por aprender diferente. Cuantos de estos visionarios que simplemente no encajaban en el sistema revolucionaron nuestra sociedad. Albert Einstein, Thomas Edison, Isaac Newton…y tantos.

Tantas y tantas veces se ha premiado en la sociedad a los más adaptados al sistema excluyendo al que conserva su genuidad. 

Y por último coged toda vuestra fuerza y vuestro potencial y ponedlo en valor. Y no consintáis que nadie os diga que no sois capaces. No sabemos realmente hasta dónde llega la capacidad que tiene el ser humano de desarrollar su cerebro y sus habilidades. Pero lo que si que sabemos es que una persona, especialmente cuando se está formando en la infancia, si está rodeado de personas que le motivan y le animan a desarrollar sus capacidades. Con bastante probabilidad será un adulto con muchos más recursos y más metas en la vida. Y una persona probablemente mas feliz. 

Cambiemos las etiquetas por el reconocimiento de los valores que nos hacen mejores personas, que todos los tenemos. Solo tenemos que definirlos y luchar por ellos.

© Susana Rodríguez, texto e ilustraciones

Un comentario en «Manual de empoderamiento casero»

  • Una historia muy bonita e instructiva.En estos momentos de cambio vital y brutal ,me anima un montón.Muchas gracias.

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