jueves, septiembre 3, 2026
Arte

El arte como idioma: cuando una obra trasciende el lienzo y la pantalla

Mucho hablamos de los cuadros expuestos en paredes y museos, y, siendo grandes exponentes de belleza, acercan al espectador la capacidad de contemplar paisajes, bodegones, desnudos, imágenes abstractas llenas de luz y color y, mucho más allá, nos abren la mente a la interpretación, al mero placer por lo clásico o lo moderno, al hecho de permitirnos soñar viendo un cuadro, a compartir con quienes queremos reacciones, gustos diversos y comparaciones con otros estilos y tipos de arte. Pero, ¿y si esto de lo que hablamos fuese más que un idioma que no solo se queda colgado en una pared? ¿Qué ocurre cuando las creencias, la filosofía y el pensamiento encuentran respuesta en algo tan bello como es el idioma del arte?

Ya ha ocurrido en numerosas ocasiones, como he mencionado en otros artículos, por ejemplo en Alicia en el País de las Maravillas, donde nuestra querida Alicia, traspasando ese espejo, ese agujero de madriguera de conejo, descubre un mundo paralelo lleno de mensajes, metáforas y personajes dignos de interpretación.

«Crédito: Ilustración de John Tenniel para A través del espejo y lo que Alicia encontró allí (1871)»

La obra de David Lynch, lejos de ser vacía, nos habla de lo abstracto, de lo surrealista que puede llegar a ser una interpretación que vuelve loco al espectador, como si de un cuadro surrealista dibujado en la pantalla de la televisión se tratase, permitiendo al espectador intentar razonar sobre lo que está viendo. Pero incluso ese no entender es, precisamente, el entender que Lynch busca en su obra.

«Crédito: Twin Peaks: Fotograma de Twin Peaks, creada por David Lynch y Mark Frost»

Volviendo a la representación gráfica, hay una obra que marcó mucho un proceso personal: la obra de Doré sobre La Divina Comedia. Un halo de luz radiante en el centro de la imagen, y Beatriz y Dante en un segundo plano, contemplando la escena, el TODO, el Dios creador. Esta imagen tiene tela, y cuando digo tela es que tiene para desgranar e interpretarse de mil formas, porque eso es el arte. Cuando te preguntan: «¿Cómo interpretas esta obra? ¿Qué significa para ti?», no siempre tiene que ir en paralelo a lo que el autor desea transmitir; a veces son libros abiertos a lo que uno desea interpretar.

Doré, en este caso, habla de lo divino y lo humano, de la existencia, y ese halo de luz representa a Dios, el conocimiento, el amor que sostiene la fuerza del universo y la purificación definitiva del alma, que, más allá de dotarla de un significado religioso, puede interpretarse como una metáfora universal.

De nuevo, filosofía y arte de la mano. Una vez más, el arte como idioma para dar sentido a muchas interpretaciones que, lejos de entenderlas o no, quedarán para la posteridad.

Y si eres más de arte actual, hay muchísimas obras y novelas gráficas que son verdaderas obras de arte y que, por supuesto, merecen ser mencionadas.

Pesadillas, de Otomo, la gran precursora de Akira, ya venía apuntando maneras.

«Crédito: Portada de Domu: A Child’s Dream (Pesadillas), de Katsuhiro Otomo. © Katsuhiro Otomo / Dark Horse Comics»

Akira nació a principios de los años ochenta, y la película se estrenó a finales de esa misma década. Akirano solo es arte, no solo es novela gráfica; Akira es filosofía. Si el superhombre de Nietzsche simboliza la capacidad de reinventarse continuamente y dar sentido a la propia existencia, Akira parece mostrarnos su reverso: una metáfora del mal, de todo aquello que somos capaces de hacer cuando perdemos el control, de una sociedad sometida al poder y de cómo el poder acaba corrompiéndolo todo. Es mucho más que una crítica social. Akira es una metáfora sobre aquella fuerza que domina sobre todas las cosas, lo que nos permite crear, para bien y para mal. Akira no es Dios, pero, si creemos en una energía que prevalece sobre todas las cosas, sí que podría serlo.

«Crédito: Portada de Akira, de Katsuhiro Otomo. © Katsuhiro Otomo. Edición: Norma Editorial»

Según Schopenhauer la naturaleza humana se basa en dos principios: la representación, el mundo tal como aparece en nuestra conciencia, y la voluntad: la realidad última que está detrás de todas las apariencias. Una fuerza irracional, ciega e insaciable que impulsa todo a existir y luchar.

Para este autor el arte sería una forma de combatir esa fuerza irracional.

Lejos de compararla con otra obra surrealista, sí que nos permite interpretar las cosas de diferente manera. Y si, cuando acabaste de leer la novela gráfica o terminaste la película, te quedaste con ojos de asombro, sin haber comprendido bien aquello que acababas de ver, entonces algo te llegó, porque, lejos de dejarte indiferente, te deja pegado al sillón.

Un nuevo ejemplo de cómo arte, color y filosofía van de la mano.

Porque el arte no va de cuadros ni de ilustraciones. Tampoco va solo de museos o de pinturas en la pared. El arte va de transmitir mensajes, de interpretar lo que el autor quería decirnos, de estar más o menos de acuerdo. Por supuesto, va de sentir.

A veces los verdaderos artistas no pintan cuadros; a veces escriben, a veces crean, a veces sueñan.

© Raquel Aguilar Díaz, texto; Fotografías: créditos indicados en sus respectivos pies de foto

Raquel Aguilar Díaz

Responsable de la sección de Arte de CulturaBAI.
Profesión: ilustradora y diseñadora gráfica.
Instagram: @raquel_aguilar_art

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