martes, septiembre 1, 2026
Arquitectura

Cuando el verde se convierte en negro

El Anillo Verde de Vitoria-Gasteiz es uno de nuestros mayores atractivos, tanto para el turismo que viene a conocernos como para quienes vivimos aquí. El conjunto de parques periurbanos que nos rodean aportan valor ecológico y paisajístico a nuestras vidas, además de ser pulmones externos que, junto con las zonas verdes que aún resisten a la moda gris, aportan el oxígeno necesario para nuestras mentes y organismos.

Bosques, humedales, ríos, praderas y demás elementos naturales interactúan entre sí y con quienes deseamos disfrutar de la variedad de sus ecosistemas. Vivir en una ciudad y sentir esta conexión tan próxima con la naturaleza es un privilegio al que nos hemos acostumbrado y que, a veces, no valoramos.

«Imagen: Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz»

Este artículo no pretende desgranar cómo se desarrolló el proyecto de esta senda circular ni describir sus diferentes zonas, ni mucho menos convenceros de que debéis pasearla o pedalearla, sino simplemente ampliar conciencia y exigir hacia la Naturaleza el respeto que le debemos.

Sin arte no existe arquitectura, sólo hay construcción. Amo esta frase de Le Corbusier, de quien ya os he hablado en un artículo anterior. No se puede entender la arquitectura sin su entorno, sin su función, sin sus emociones y sin su influencia en las nuestras. Destruir la naturaleza para construir sin control no es arquitectura, sino construcción irresponsable. Lamentablemente, vivimos en una sociedad en la que el dinero es el más poderoso caballero; eso sí, con la armadura oxidada por dentro. Costas asfixiadas por edificios, bosques llenos de árboles metálicos y ciudades cubiertas por extensas moles de cemento y hormigón se han convertido en nuestro entorno. Hablamos de cambio climático, tenemos contenedores de reciclaje de todos los colores y ponemos pegatinas a los vehículos para limitar su circulación, pero seguimos destruyendo árboles, malgastando recursos naturales, ensuciando mares y océanos, generando basura a un ritmo frenético y, sobre todo, cerrando los ojos ante las atrocidades que cometemos.

Compramos lowcost para nuestros bolsillos sin importarnos el coste medioambiental de nuestros derroches. El fashion es barato, pero sale caro. Usar y tirar no solo es nuestro modus operandi en la moda; odiamos los compromisos y nos lavamos las manos diciendo que somos personas libres. Mira a nuestro alrededor y observa: vestimos igual, escuchamos la misma música, compramos los mismos productos, hablamos de los que nos dicen y aparentar se ha convertido en uno de nuestros objetivos vitales prioritarios. El mejor coche, las zapas de moda, el último modelo de smartphone, vacaciones de lujo, la búsqueda del like ajeno… Todo por estar a la última, como la manía de utilizar anglicismos en vez de exprimir la riqueza lingüística de nuestro país. ¿A esto le llamamos libertad?

«Atacama. Foto: Antonio Cossío / Getty Images»

Gabriela Mistral dijo que Leer es una forma de libertad, cuando mujeres y niños de todo el mundo no tenían acceso a la cultura. Hoy en día sigue habiendo personas culturalmente discriminadas, pero el desconocimiento no es responsable de lo que le estamos haciendo a la Tierra. No es falta de libertad, sino falta de respeto. Somos egoístas y vivimos bajo la supremacía del ego sobre el yo.

«Foto: El diario de la educación»

Vitoria-Gasteiz fue nombrada Green Capital en 2012. España es un país muy verde; perdón, era, porque hemos pintado negro sobre verde en nuestros mapas. Paisajes calcinados, fauna asesinada, hogares destruidos, cielos negros, almas grises… Somos green hasta que dejamos de serlo, y estos días estamos viendo lo rápido que se calcinan miles de hectáreas de espacios naturales.

Recalificaciones urbanísticas, puertas giratorias, expropiaciones, cuentas bancarias cada vez más gordas mientras que otras tiemblan por llegar a fin de mes… No hablamos de personas pirómanas, que también las hay, sino de incendiarias. Quien enciende la mecha puede acabar en la cárcel, pero quienes se benefician de las consecuencias de los incendios raramente salen mal parados. Eso sí, sobre las zonas quemadas cae una larga condena para su recuperación y regeneración; en algunos casos, cadena perpetua.

Estamos modificando nuestro planeta y vamos a acabar extinguiéndonos, siendo esta, tal vez, la mejor opción para nuestro entorno. El tiempo geológico se mide en escalas de millones de años, y ese es el quid de la cuestión: el caballero de la armadura oxidada solo se preocupa por su bienestar en el presente. Lo que para unos son daños materiales y medioambientales, para él solo son daños colaterales.

¿Qué podemos hacer contra esto? ¿Puedo yo ser parte del cambio? Tiremos de refranero popular: un grano no hace granero, pero ayuda al compañero. Conciencia y respeto son palabras que definen los conceptos que debemos poner en práctica. La educación en la base, tal y como defendió Mistral. Hagámosle caso a ella y también a Le Corbusier: si somos responsables de construir nuestra sociedad, ¿por qué no hacerlo con arte?

El negro es un color bello, pero no para teñir nuestros prados y montañas.

«Foto: WWF España»

Termino este artículo con un par de frases de Ana María Alonso Zarza, directora del Instituto Geológico y Minero de España: La humanidad no tiene capacidad de destruir el planeta. El planeta se va a conservar sí o sí; lo que puede hacer es expulsarnos.

© Vanesa de la Puente, texto. Fotografías: créditos indicados en sus respectivos pies de foto.

Vanesa de la Puente

Responsable de la sección de Arquitectura de CulturaBAI.
Instagram: @vanesadelapuente

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