Crónica de una reportera en el Negrasteiz
Tras un año de ausencia, Negrasteiz Beltz Festival ha vuelto. Y ha vuelto con energías renovadas y con un cartel impresionante en el que tendremos talleres, mesas redondas y charlas con diferentes profesionales relacionados con el mundo del crimen. Ayer, jueves 1 de octubre, se estrenó en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa con la charla-tertulia «El género negro es cosa de chicas» conducida por Susana Koska. Sus participantes: Haizea López, María Estébanez Espinosa y Noelia Lorenzo Pino.
Lo primero que me ha llamado la atención es la buena sintonía de las tres participantes y de su dinamizadora. Las cuatro han encajado con su forma de ser y se han complementado para ofrecernos una charla amena y muy entretenida. Una tertulia donde las sonrisas, el buen rollo y el humor han ido de la mano para hablarnos de cómo y por qué ellas han decidido escribir novela negra y no otro género literario.
Y es que, cuando una mujer mata, lo hace muy bien. Diferente, quizá. Se dice que a nosotras nos van más los venenos. Así que la primera pregunta casi obligatoria es saber si las escritoras matan igual que las asesinas de la vida real. Y la respuesta es no, excepto Haizea López, que con tantas novelas a sus espaldas, como es obvio, ha asesinado de todas las maneras posibles.
Desde luego está claro que el género negro es divertidísimo ya que permite jugar y explorar los motivos por los que mata la gente en la vida real y, sobre todo, puedes hacerlo como quieras. Eso sí, escribir una novela de este género no es fácil ya que es necesaria una buena escaleta y cuadernos o fichas sobre los personajes. Por ejemplo, Noelia Lorenzo Pino asegura que le ayuda mucho tener un tenderete donde colgar las fotos y biografía de los personajes participantes, sobre todo, en novelas como Blanco inmaculado. María Estébanez Espinosa tiene un sistema parecido en el que elabora un tablero con la trama y es que los saltos temporales no son fáciles de organizar. En cambio, Haizea López que se inspira en gente que conoce no le hace falta: «Los conozco bien. No necesito cuadernos», garantiza.
Pero todo este proceso de escritura no tiene sentido sin un lector que después lea estos libros. Haizea López ha pasado por todas las fases como escritora y cuando escribía romántica lo hacía por y para sus lectoras, pero todo cambió cuando nació su hija. Fue en ese preciso instante crucial de su vida en cuanto se dio cuenta de que quería dejar una impronta en ella y que se sintiera orgullosa de tener una madre que escribe lo que quiere. Así que dejó de lado su pseudónimo masculino y empezó a escribir con su verdadero nombre lo que a ella siempre le había apetecido: novela negra.
Entre preguntas varias, Susana Koska formula la más controvertida de la tertulia: ¿qué opinión les merece las femme fatale que antes poblaban las novelas policíacas? Las tres han coincidido en lo mismo. Un cliché malo que sexualizaba a la mujer y, desde luego, nada realista. Por suerte, el rol de la mujer ha cambiado en las novelas de misterio, incluso podrían llegar a convertirse en arquetipos, como Lur, la policía que investiga el caso de Blanco inmaculado. Este personaje convive con una enfermedad que le provoca dolor crónico, con lo que el lector puede identificarse con ella porque carga con la vida como los demás: como podemos.
Después de una dinámica en que las tres autoras han respondido a las preguntas de Koska, ha llegado el turno del interrogatorio personal en el que se han vislumbrado las claves, técnicas y estilo de cada una de las tres. Por ejemplo, Haizea López recurre a la mitología vasca en varias de sus novelas y, aunque nunca hay nada fantasioso, esta le ayuda a trasmitir la tensión y el miedo que provocan ciertos personajes como el Inguma. De esta manera, consigue dar a conocerla incluso entre los oriundos que desconocemos estas historias.
María Estébanez Espinosa, por su parte, escoge protagonistas periodistas que investigan los crímenes que ella misma crea. De esta manera, a través de sus libros puede cumplir un sueño frustrado: el de ser periodista de investigación. «Si no puedo ser periodista de investigación, puede serlo mi protagonista», afirma la escritora burgalesa. Además, la ventaja de tener a una periodista como investigadora de un crimen es que el cuerpo de policía trabaja bajo una presión política y debe cerrar pronto el caso, así que si hay cabos sueltos, la periodista querrá saber la verdad hasta el final.
Por su parte, algunas novelas de Noelia Lorenzo Pino, como Corazones negros o Blanco inmaculado, están condicionadas por el lugar y el ambiente en el que se produce el crimen. La autora afirma que dicha trama no se puede extrapolar a otro escenario ya que es la comunidad la que forma el entramado de la narración. Lo mismo ocurre con su último libro La última luciérnaga que saldrá este 22 de octubre a la venta. Si queréis saber por qué, tendréis que salir a comprarlo.
Después de este entretenido coloquio, llega el turno del público y uno de los aspectos que más le ha interesado conocer es cómo investigan y, sobre todo, cómo consiguen las fuentes de información que les ayudan en su documentación. También han preguntado por sus rutinas de escritura donde han confesado que es inevitable sentir esa presión de ser mujer; o por dónde viene la inspiración. Lo curioso es que las tres han afirmado que es la propia vida la que se cuela entre las páginas de sus libros. En este instante, Susana Koska ha intervenido para hacer una pregunta de escritora: ¿cómo se llevan con las editoriales? A lo que las tres han reído y han confesado que han pasado por todas las vicisitudes posibles. Además, María Estébanez Espinosa ha añadido que ha tenido que buscar un equilibrio entre lo que quería ella y lo que se veía obligada a ceder.
Desde luego, el Negrasteiz no ha podido empezar de mejor forma. Esta reportera ha sentido la dicha de acudir a una charla-tertulia con tres grandes escritoras y su dinamizadora, Susana Koska. Se ha marchado con una sonrisa en la boca y con la satisfacción de haber conocido a mujeres capaces de matar (en la ficción) y de hacerlo con un estilo propio y comprometido con los lectores.

© Leire Ibáñez de Gauna, texto y fotos
Exposición Negrasteiz
“MUJERES (EN)CUBIERTAS”, la manipulación de las cubiertas de las novelas policiacas durante el franquismo.
Desde el 1 de septiembre y hasta el 4 de octubre, dentro de los actos que presenta la nueva edición del Negrasteiz Beltz Festival, el Festival Internacional de Novela Negra y Policiaca, podemos disfrutar en la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa de la Florida, de la exposición Mujeres (en)cubiertas, comisariada por Carlos Abio.
Carlos Abio Villarig es catedrático de inglés de enseñanza secundaria jubilado. Ha sido traductor y lector de diversas editoriales. Doctor en traducción e interpretación por la Universidad de Alicante, 2013, con la tesis Políticas de traducción y censura en la novela negra norteamericana publicada en España durante la II República y la dictadura franquista (1931-1975).

Con la exhibición gráfica que desde Alicante nos acerca a Negrasteiz, el catedrático nos muestra, mediante una cuidada selección de cuarenta portadas elegidas dentro de su amplio catálogo, un universo curioso centrado en las coloristas ediciones de los años 50, 60 y 70 principalmente.
Porque en ocasiones los libros nos atraen por sus cubiertas. Constituyen su reclamo más vistoso y, sin ni siquiera abrirlos, nos hacemos una idea del contenido que guardan en su interior. Eso forma parte de la función del paratexto (lo que acompaña al texto).

De 1950 a 1975 se editaron en España unas 150 colecciones de novelas policiacas, que supusieron unas 9.000 obras (más unas 1.300 reediciones de los mismos textos con diferentes cubiertas). La mayor parte de ese universo iconográfico procedía de las revistas pulp que venían publicándose en EE.UU. desde los años veinte del siglo pasado.
En la España franquista, la incorporación de esas cubiertas llamativas y llenas de color contribuyó a una expansión sin precedentes de la literatura popular. Pero, en muchos casos, esas cubiertas importadas se transformaban. El elemento fundamental de la manipulación lo constituía el cuerpo de la mujer, que se tapaba y ocultaba de las formas más elementales. En la década de los 60 muchos escritores de novela negra norteamericana eran calificados en España como pornográficos y obscenos.
Precisamente, el contenido sexual fue una de las aportaciones de la novela negra norteamericana al género policiaco tradicional. En España, la censura oficial y la autocensura cercenaron ese aspecto de los textos, tanto traducidos como escritos en español. Las cubiertas sufrieron igual destino.

No obstante, esta manipulación no fue un fenómeno ni unidireccional ni concentrado en un solo lugar: se produjo, en mayor o menor medida, en todos los países en los que se publicaba este tipo de literatura, bien para intensificar o bien para atenuar la carga sexual de las ilustraciones.
Esta exposición trata de mostrar cómo se manipularon las cubiertas de novelas policiacas durante el periodo 1950-1975 en España y en otros países de nuestro entorno. Como se verá, el cuerpo de la mujer acaba siendo también el cuerpo del delito.

Este interesante catálogo forma parte del extenso programa sobre el género negro y policiaco que este año el Festival de Novela Negra de Vitoria-Gasteiz nos acerca a la ciudad y a la provincia. La exposición pude verse en la primera planta de la Casa de Cultura Ignacio Aldecoa Kultura Etxea, desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre, en donde la propia biblioteca ha seleccionado una propuesta de alguno de los libros clásicos que aparecen en las reproducciones, así como de autores y autoras que acuden a las ponencias del festival.

Carlos Abio, por su parte, realizará una clase magistral en el Palacio de Congresos Europa (sede principal del festival), el día 3 de octubre, sábado, a las 12:45 de la mañana en el auditorio Francisco de Vitoria, donde nos proyectará más cubiertas de su colección y narrará en primera persona las curiosidades que acontecen a las mismas.
© “Txusmi” Sáez y Carlos Abio, textos; Fotografías, Josu Chávarri (gentileza de Negrasteiz Beltz Festival y de Casa Cultura Ignacio Aldecoa Kultura Etxea).
