La erótica del poder, el poder de la erótica

LA ERÓTICA DEL PODER
Il Gattopardo es una novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa publicada a finales de los años 50, que el maestro Luchino Visconti llevó a la gran pantalla en 1963 y que Netflix acaba de emitir en formato miniserie. La novela está ambientada en la Sicilia de finales del siglo XIX, durante las revueltas de los Camisas Rojas de Garibaldi, y narra los cambios sociales y políticos a los que el príncipe de Salina y su familia deben enfrentarse como consecuencia de la unificación italiana.
El Gatopardo -como tantas obras, tratados y artículos- habla del poder, de las estrategias para mantenerlo y de cómo quienes aspiran a detentarlo lo mismo apoyan a un bando que se pasan al bando contrario. Y todo esto ocurre porque el poder despierta una atracción y excitación tan intensas e insaciables que quienes no lo tienen lo ansían y quienes lo poseen desean aumentarlo.
La voluntad de poder, que en la mayoría de los casos emana de la personalidad básica, es la que permite no solo conquistar lo deseado sino también dominar lo que ya se posee. La voluntad de poder, como se desea a sí misma por encima de todo, necesita seguir aumentando. Si lo que se conserva no aumenta, muere. Tal y como explicaba Nietzsche, dado que la voluntad de poder desea su propia conservación, entiende que la única manera de mantener todo lo conquistado es seguir aumentándolo. En consecuencia, la naturaleza de esta voluntad es no pararse nunca, es seguir indefinidamente expandiéndose y conquistando. De ahí que la ambición de los poderosos sea insaciable y que para satisfacerla sean capaces de alimentar guerras, hundir economías, cometer genocidios, saquear países, dar golpes de estado, manipular, someter, etc.
La voluntad de poder puede canalizarse hacia la dominación y el sometimiento de los demás, o hacia la trascendencia personal, es decir, hacia la superación de los límites propios para ir más allá de uno mismo. La primera opción -la de la dominación y el sometimiento- nos lleva al choque de civilizaciones, a la lógica de la guerra, a la mentalidad belicista que pretende solucionar los conflictos por la fuerza, con imposiciones, sanciones y guerras. (No está de más recordar que la violencia genera más violencia). La segunda opción -la de superación de los límites personales- nos puede conducir al diálogo, la cooperación y la estabilidad social duradera. De esta última emana otro poder: el Poder de la Erótica.

EL PODER DE LA ERÓTICA
Allá por el año 700 a.C. el poeta griego Hesíodo contaba en La Teogonía que el bellísimo Eros surge del Caos primordial como la fuerza que une y atrae a todos los seres, como el principio universal que da lugar a la formación del universo. Siendo esto así, podremos decir que la Erótica participa de las cualidades, ideales y belleza de Eros, es decir, de esa fuerza capaz de unir y atraer cualquier cosa en el universo. De estas cualidades de unión y atracción emana precisamente el poder de la Erótica.
Me gusta mucho esta explicación del Eros porque, además de ser poética, muestra una visión del amor mucho más amplia de la que habitualmente tenemos. Así, Eros, no es únicamente una manifestación afectiva, sino una fuerza que lo une todo. De esta manera, Eros atrae y une por igual a los cuerpos con masa o las partículas cargadas eléctricamente –a través de la Fuerza de Gravedad y la Fuerza Electromagnética respectivamente-, a los amantes -a través del enamoramiento-, a escritores y lectores -a través del amor a las letras- y a la Humanidad -a través de la fraternidad-.
Aunque el conflicto, la imposición y la rivalidad forman parte de la naturaleza humana -de ahí la dificultad de “hacer” la paz e incluso de “hacer” el amor-, siempre podemos recurrir a la Erótica como medio de trascenderlos. Sabemos que el instinto de supervivencia puede llevarnos a percibir al otro como un enemigo a enfrentar, como una amenaza para la propia seguridad, no obstante, una buena manera de superarlo viene a través de la cooperación. Al cooperar con otras personas comenzamos a buscar intereses comunes, a crear conexiones y puentes entre todas las partes. De esta manera, empezamos a comunicarnos, a conocernos, y así comprender que los demás, a pesar de ser diferentes, no constituyen una amenaza sino una mejora para el conjunto, gracias a todo lo diverso que pueden aportar. Cuando pasamos del “vosotros y yo” al “nosotros”, es decir, al grupo, empezamos a sentir que todos formamos parte de una unidad mayor como iguales comprometidos entre sí, en vez de como rivales unos a expensas de otros. Pasar de lo que “yo quiero” a lo que “nosotros hemos decidido de mutuo acuerdo” permite dar un salto cualitativo en la evolución de las relaciones humanas.
Vivimos en un mundo diverso habitado por 8.200 millones de personas donde cada cual tiene su propia visión de las cosas. Estas diferencias nos pueden llevar al choque de civilizaciones donde quienes piensan diferente se convierten en enemigos, o a una organización de cooperaciones que nos conduzca a vivir la diversidad dentro de la lógica de la paz. Es imprescindible dialogar y negociar, lo que no significa rendirse sino ceder para salir del conflicto. Para alcanzar la armonía social es necesario hablar con el oponente y llegar a acuerdos con él. Precisamente porque el mundo es dinámico y diverso nuestro mayor desafío es trabajar juntos. El mejor criterio para ver la madurez de una sociedad es observar cómo se relaciona con quienes son diferentes. El sentido común debería llevarnos a la cooperación y a la unión con otras personas. La vida es colaboración y el mejor camino para la evolución de la Humanidad es la armonía para todos.
Es cierto que cuesta mucho actuar de manera distinta a la habitual y salir de nuestros marcos de pensamiento, sin embargo, cuando somos capaces de unirnos a otras personas, superamos nuestras propias barreras, lo que de una manera u otra nos permite crecer. Cuando ejercemos la voluntad de cooperar nos hacemos receptivos a los demás, y eso conlleva empezar a recibir otras visiones, opiniones y sentimientos. De esta manera, aprendemos a escuchar, a ceder, e incluso a entender nuevas formas de vivir la vida. Aunque ni tan siquiera coincidamos con ellas.
Cada vez que cooperamos con quien es diferente, superamos los miedos, prejuicios y limitaciones personales, vamos más allá de nosotros mismos, derribando de este modo los muros que nos dividen. Y superamos nuestras limitaciones porque nos liberamos de ellas. Con las uniones podemos crecer y hacernos más libres al mismo tiempo. Ese es el poder de Eros. Como consecuencia, empezamos a crear nuevos hábitos cooperativos fruto de los cuales nacen interacciones más libres, tolerantes y solidarias.
El mejor impulso para superar las limitaciones personales viene de la atracción, del deseo de unión con otra-s persona-s. De ahí la importancia de la Sexualidad, gracias a la cual podemos unirnos y crear. Aprovechar la empatía, la atracción o el enamoramiento como impulso para superar nuestros sesgos personales y hacernos libres, es un bello objetivo que nos ayudará a crecer individual y socialmente.
En estos tiempos de psicopatía belicista en los que vivimos, necesito reivindicar la Paz, la Fraternidad y la Armonía social. Siempre podemos elegir Hacer el Amor y permitir que el Poder de la Erótica y su Voluntad de Unir se antepongan al conflicto, la guerra y el ansia egoísta de poder.
(c) Natalia Urteaga, texto y fotografias
