martes, septiembre 22, 2026
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La partida de la vida de Angelines, la primera mujer en proclamarse campeona del campeonato de mus de los Celedones de Oro de Álava

Hace cincuenta años se sentó por primera vez ante una mesa de mus. Desde entonces, ha acumulado miles de partidas, amistades, nervios, alegrías y alguna que otra derrota. Este año, Angelines Urueña ha conseguido algo que ninguna mujer había logrado antes en Álava: proclamarse campeona del Campeonato de Mus de los Celedones de Oro.

Cuando era niña, Angelines tenía un sueño muy sencillo: quería una muñeca. No pedía grandes cosas, simplemente quería aquella muñeca que imaginaba y un día, un tío de su madre se la regaló. Así que, sin saberlo, aquella niña cumplió ya su primer sueño.

Muchos años después llegaron otros. Algunos mucho más grandes y también mucho más difíciles. Porque si algo ha aprendido Angelines a lo largo de su vida es que hay que saber ganar y hay que saber perder. Aunque ella misma reconoce que esto último se le da peor.

– Perder se me da mal – admite entre risas – pero no me enfado.

Quizá porque, haciendo balance, siente que la vida le ha dado más victorias que derrotas. También en el mus.

Cincuenta años alrededor de una mesa

Su historia con el mus comenzó en el famoso Restaurante Felisa de Maestu, lugar donde vivía, trabajaba y criaba. De niña ya había jugado al tute, pero fue después de casarse cuando apareció el mus en su vida. Y fue su marido quien le enseñó a jugar.

La historia tiene su punto de ironía: él no era precisamente un apasionado del mus. Como no quería jugar y le tocaba hacerlo por ser el camarero, decidió enseñarle a ella para que fuera Angelines quien echara las partidas. Y Angelines aprendió, vaya si aprendió. Tanto, que terminó haciendo del mus una parte fundamental de su vida.

Lleva alrededor de cincuenta años jugando y calcula que ha participado en el Campeonato de San Prudencio de Álava durante cuarenta o cuarenta y dos años sin faltar.

¿Qué tiene el mus? Para Angelines, prácticamente todo. Es, dice, el juego más bonito. Le gusta la adrenalina, la tensión, esa sensación de intentar que el contrario no descubra cuándo está mintiendo, lo vive con pasión.

Pero el mus no son solamente cartas, también son personas. A lo largo de cinco décadas alrededor de esas mesas ha construido amistades y complicidades que van mucho más allá del juego. Recuerda especialmente a un compañero con el que jugaba siempre. No necesitaban hacerse señas, bastaba una mirada para saber qué cartas tenía el otro.

Una mujer entre las cartas

Cuando comenzó a jugar en Maestu, Angelines era prácticamente la única mujer. Sin embargo, hay algo que sorprende cuando se lo preguntas: nunca sintió que tuviera que demostrar más que ningún hombre.

Hoy hay muchas más mujeres jugando al mus, pero los números todavía cuentan otra historia. En el reciente Campeonato de los Celedones de Oro, en el que Angelines se proclamó campeona, participaron 64 parejas, es decir, 128 personas. Sólo había alrededor de siete u ocho mujeres. Y ahora, por primera vez, una de ellas tiene la txapela.

Para Angelines significa, sobre todo, orgullo. Orgullo de haber llegado hasta allí y de “demostrar que las mujeres también podemos competir en ese mundillo”, palabras textuales.

Y quizá por eso su deseo va más allá de su propio triunfo. Quiere seguir jugando, sí, pero también quiere ver cada vez a más mujeres alrededor de las mesas. Hasta se atreve con una propuesta: que en el futuro el Campeonato de los Celedones de Oro establezca como requisito la participación de parejas mixtas.

«Lo he conseguido»

El día del campeonato lo recuerda con nervios y el día anterior había sentido especialmente la presión, sabía que podía convertirse en la primera mujer campeona y aquello le asustaba.

Pero el día de la partida algo cambió, llegaron sus hijas para animarla además de muchos compañeros y entonces apareció la confianza. Ella podía ganar.

Para controlar los nervios, hizo algo poco habitual en ella: se tomó un café negro. Normalmente toma descafeinado, pero aquel día necesitaba otra cosa. Dice que el café le ayudó a enfocarse y a concentrarse.

Aunque quizá lo que más la ayudó fue acudir con una idea muy clara: «Voy a ganar». Y ganó. Cuando terminó la partida y chocó las manos con su compañero, llegó el alivio y también un pensamiento: «Lo he conseguido».

La primera mujer campeona. La txapela. El trofeo. Y detrás de todo aquello, cincuenta años de mus.

Un trofeo para él

Pero aquel trofeo tenía un destinatario muy claro, su marido, mi padre. Hace doce años que falleció, pero de alguna manera también estaba sentado en aquella mesa, fue él quien le enseñó a jugar, fue él quien, sin saberlo, puso las primeras cartas en las manos de Angelines. Y ahora, tantos años después, ella le dedica el trofeo más preciado.

Hay algo especialmente hermoso en esta historia: el hombre que le enseñó a jugar porque quería librarse de hacerlo, terminó siendo parte de la historia que llevó a su mujer a convertirse en campeona de Álava.

Una vida con buenas cartas

Actualmente, Angelines dedica buena parte de su vida al mus, tiene una enorme red de personas dentro de este mundo y sigue disfrutando de las partidas. El próximo año volverá a presentarse al campeonato. No sabe si volverá a ganar, de hecho, cree que será difícil, pero quiere estar allí. Quiere seguir jugando, disfrutando y compartiendo mesa. Y, sobre todo, seguir animando a otras mujeres a sentarse en ella.

Cuando le preguntamos qué les diría a aquellas mujeres que tienen un sueño, responde con la sencillez que ha acompañado toda su historia: «Que piensen que se puede llegar a todo sin hacer daño a nadie».

Y para quienes creen que ya es tarde para cumplir un sueño, tiene otra respuesta: Se puede. Quizá porque Angelines sabe algo que solo se aprende después de muchos años de partidas: nunca sabes qué cartas te van a tocar.

Y entonces llega la última pregunta. Si su vida fuera una partida de mus, ¿qué cartas diría que le han tocado? No duda. La bonita. Tres reyes y un as. Para quien no conoce el mus, quizá haya que explicarlo: es la mejor jugada posible. Y quizá no haya mejor manera de terminar esta historia. Aquella niña que soñaba con una muñeca consiguió su primer sueño hace muchos años. Y cincuenta años después, con una txapela sobre la cabeza y una vida entera detrás, Angelines puede mirar sus cartas y decir que, al menos esta vez, le ha tocado la bonita.

© Suri Azaceta, texto; PPO, fotografía de portada

Suri Azaceta

Responsable de la sección Cultura Educativa de CulturaBAI.Web: metamorfosiseducativa.es

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