El arte del equilibrio
“¿Ves cómo el vidrio de esa ventana hace una especie de ondas como si fuera agua?”, me comentó una persona que acudió a una de la visitas guiadas que hacemos en la Escuela de Artes y Oficios. Me lo preguntaba mientras miraba maravillado el reflejo del sol en uno de los cristales del aula de pintura que da a la plaza Conde de Peñaflorida. Efectivamente, nunca me había fijado en que algunos cristales de nuestra fachada principal crean ese efecto hipnótico que se acrecienta con los rayos de sol.
“Esos vidrios ya no se hacen. Cada cristal de esas ventanas es único, de alta calidad y el efecto de la luz en ellos es inimitable”. No supe qué decir. Avergonzada a partes iguales por no saber apreciar esas pequeñas joyas y por haber metido “la cuña” en varios momentos de la visita con respecto a la necesidad de cambiar las ventanas del edificio.
Resulta que ese efecto de “hacer aguas” viene dado por unas vetas u ondas y se debe a los métodos artesanales de fabricación. Las técnicas que se utilizaban producían un espesor irregular y no lograban la transparencia perfecta del vidrio flotado moderno, resultando en imperfecciones visibles al enfriarse el material. Cada pieza, por lo tanto, es única.
Después de ese día me he ido fijando y es cierto, se distinguen perfectamente aquellos vidrios que juegan con la luz (hechos para perdurar) y los que no. Pero igual de cierto es que un edificio de las características de la Escuela de Artes y Oficios, hecho para acoger a alumnado hace 102 años, necesita seguir haciendo inversiones mínimas para continuar siendo funcional. Y entre estas inversiones mínimas se encuentran las ventanas, sobre todo viviendo como vivimos en la era de la eficiencia energética y en una ciudad “green”.
Una parte de la idiosincrasia y del encanto de esta Escuela es precisamente la necesidad de buscar un equilibrio entre aquello que nos ha llegado como un gran y valioso legado y la adaptación obligada y necesaria a los tiempos que corren. Una adaptación que, en el caso de la Escuela, pasa obligatoriamente por una inversión en infraestructura. En este caso del que hablamos, algunas de nuestras ventanas piden ya dejar de ser un coladero de frío y de calor a pesar de que los vidrios sean una verdadera obra de arte. Sobre todo por una cuestión de gasto energético.
Sin el apoyo económico de las Instituciones hubiera sido imposible llegar a cumplir los 251 años que tenemos a las espaldas en este centro. Eso es una realidad tan cierta como que la Escuela da nombre a la plaza en la que su ubica gracias a su fundador, el Conde de Peñaflorida. Papel nuestro, y particularmente mío como directora de este centro (el más antiguo de Euskadi de formación no reglada), es pelear por conseguir esa financiación, pero papel de toda la sociedad alavesa es mantener vivo un espacio que no solo se dedica al arte, sino también al BIENESTAR con letras mayúsculas.
La Escuela de artes no es solo clases y técnicas enseñadas y aprendidas, la Escuela es COMUNIDAD (sí, también con letras mayúsculas), es convivencia intergeneracional, es tiempo dedicado al cuidado de la mente, es “más arte y menos medicamentos”, es compañía, es aprender a pensar de forma más abierta y tolerante, es vivir el arte como expresión creativa pero sobre todo como parte de la sanación emocional y física. Ahora resulta que nos enteramos de que crear arte (dibujar, pintar, escribir, tocar música) ayuda a bajar el cortisol y genera una sensación de calma parecida a la meditación. Que no lo digo yo… lo dicen los que saben de esto.
Por eso, y hablando de equilibrios que es de lo que va este artículo, es mi obligación hacer un llamamiento a todas las entidades privadas alavesas y a su compromiso social con el territorio y con el bienestar de todas y todos los que lo habitamos. Porque el equilibrio entre una inversión pública y una privada solucionaría muchos de los problemas de esta Escuela sobre todo a nivel de infraestructura. Vaya para aquellos que lo desconozcan un dato que puede alentar las aportaciones privadas: la Escuela de Artes y Oficios está recogida en el Decreto Foral de 2025 (el de 2026 todavía no se ha publicado) como actividad prioritaria de mecenazgo. Por lo tanto, las donaciones cuentan con una deducción del 45% como gasto no deducible en base imponible.
Así que, si alguna vez pensaron que la Escuela de Artes y Oficios era algo inútil, caduco o inservible, les invito a que nos visiten y nos conozcan. Simplemente pasen y vean.
© Uxua García Antoñana (Directora de la Escuela de Artes y Oficios de Vitoria-Gasteiz), texto y fotografía
