viernes, marzo 13, 2026
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Aventuras y desventuras de Robin el truhan en la 3ª edición del Festival Internacional de Cuento Literario Aldecoa de Vitoria-Gasteiz (Cap.3)

CAPÍTULO 3

COSAS COTIDIANAS

Robin el truhan —¡porque todavía es Robin el truhan!, aún no le han despojado de su título— es un truhan un poco despistado. Hoy, por ejemplo, ha vivido en un despiste continuo: se ha levantado tarde, ha almorzado a deshora y no se ha echado la siesta después de comer. Claro, con este panorama se dormía en todas las esquinas.

¡Menos mal que hoy en Vitoria no ha llovido! Si no, Robin el despistado, truhan de apellido, se hubiese calado hasta los huesos, y después catarro, y después pulmonía, y después de la pulmonía quizás literatura. En fin, no voy a pensar en desgracias.

Pues este truhan despistado se ha perdido otra vez por las calles de la ciudad. Pero, pensándolo mucho, perderse en una ciudad desconocida es un regalo milagroso, porque conoces los relatos que se esconden debajo de las piedras: algunos son sanadores y otros un castigo.

Robin el truhan caminó sin rumbo por las calles de Vitoria buscando un rincón para su alma antes de empezar “Sehaska-Kanta (2025–1975)”, con Uxue Alberdi y el músico Eñaut Elorrieta, en Izaskun Arrue Kulturgunea: una emotiva y mágica lectura de cuentos en euskera donde el sentimiento ha florecido en el auditorio de una manera muy especial.

Pero sigamos con nuestro protagonista, antes de degustar ese momento en el que la luz se hizo palabra y la palabra un destino hacia la cultura.

Todo héroe, si es buena gente, tiene que ser despistado. Tiene que vivir su despiste como algo creativo para que su mirada sea un encuentro entre lo divino y lo humano, y nuestro héroe necesitaba sentirse espectador de todo aquello que puede hacer temblar de emoción. Buscaba esos silencios que solo el sueño y Dios pueden crear en nuestra atmósfera.

Cuando Robin el truhan subió las escaleras de Izaskun Arrue Kulturgunea para llegar a su destino, se sintió parte de una lágrima que está esperando a sus padres para arroparle en su cama. Cuando llegó al lugar de la actuación se sintió dentro de una comunidad, parte de un idioma y parte de la historia.

El despiste del día entero lo había aparcado en la entrada. Ahora solo estaba él con el escenario, el público y las luces, igual que esas cosas cotidianas que nos hacen crear momentos para nuestro cielo. Se apagan las luces, aparece un foco en el escenario y todo se vuelve sencillo en la tercera edición del Festival Internacional de Cuento Literario Ignacio Aldecoa de Vitoria-Gasteiz.

Uxue Alberdi empieza a narrar historias y Eñaut Elorrieta le acompaña a la guitarra.

© Jorge Girbau Bustos, texto e imagen

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