viernes, mayo 29, 2026
Humanidades

Prometeica o Epimeteica

Íbamos en el coche de vuelta a casa. Mi padre
mostraba indignación porque yo le había comunicado que iba a romper relación con un chico con el que no sentía afinidad. Por lo visto él sí. No recuerdo mi edad exacta, pero rondaba la adolescencia tardía.


Mi padre quiso saber:

– Pero ¿qué quieres tú? ¿Alguien que toque la guitarra en luna llena?
-Mientras yo aúllo. ¿Cómo has sabido?, espeté y rezongué.
¿Acaso querer poesía es malo?, pensé, haciendo mutis por foro.

Fue un momento de tantos donde me sentí oveja negra. El mandato familiar no me prometía marcos donde poder crecer siendo en yo mayor, auténtica.

Yo tan epimeteica, ellos prometeicos acérrimos. A estos conceptos volveré más adelante. El coraje adolescente me hacía despegarme de “yoes” aprendidos por miedo a no ser vista, amada y aceptada. Adolescencia tiene lo bueno de no querer obtener aprobación por la necesaria dependencia y supervivencia. Se desea explorar. Se prefiere encarar retos y alzar la voz que dejar todo el proceso de individuación sobre cargas, directrices y/o expectativas de otros. La lógica infantil de apego seguro cede paso al lenguaje de la posibilidad sin condiciones. Me expreso, busco, tomo decisiones, recalculo si cometo errores… ¿Acaso no es lo que respetamos de cualquier persona adulta? ¿La proactividad y no procrastinación? Me pregunto: ¿Por qué nos asustamos tanto como progenitores cuando demuestran gallardía y activismo? En el mundo donde se quedan, o tienen esto bien colocado, u otras herramientas similares habrán de forjar.

La relación con mis progenitores en mi tierna juventud me remonta al mito de los hermanos Prometeo y Epimeteo. Invito a quien no conozca el relato que indague. La curiosidad no mata a nadie. El dicho con víctima felina es seguramente la idea de un adulto pasivo para mantener quieto a un infante.

En antropología este mito explica dos formas de entender la naturaleza humana:

EPIMETEO es la esencia biológica y vulnerabilidad propia del ser humano. Personifica la improvisación, la sabiduría de la experiencia, aprender a través de errores y la aceptación de la finitud y el límite natural.

En la otra vertiente tenemos a PROMETEO con su progreso y dominio. La cultura y la tecnología inventada es necesaria para suplir la debilidad física humana. Es la pulsión de controlar el entorno, acumular conocimiento, planificar el futuro y desafiar leyes naturales.
Alfred Adler también reflexionaba sobre la debilidad física del ser humano aunque me gustaba más su aderezo para paliarla: la comunidad y la contribución social.

El pedagogo Ivan Illich analizó este mito. El creía que hemos caído en una deriva prometeica de crear espacios híper tecnológicos destinados al control.

Su propuesta, a la que me uno, es volver a una actitud epimeteica valorando la convivencialidad y el uso de herramientas que nos apoyen, en vez de hacernos individualistas e idiotas, según la definición que tan bien nos cuenta David Pastor Vico en uno de sus libros.

Una vez leí una frase que uso como conjuro en mis cumpleaños: “que la edad te arrugue la piel pero no permitas que te achuche el alma”. ¿Seguiré epitemeica acérrima con el devenir de los años? En cualquier caso, espero vivir para contarlo asumiendo mi finitud con armonía.

© Icíar Garcia-Escudero, texto y fotografia; PPO, foto de portada

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