jueves, octubre 8, 2026
Cine y TV

En este mundo

En mi niñez me aficioné al cine y en mi juventud entendí lo que era el séptimo arte. Por aquel entonces, escribía análisis cinematográficos casi sin descanso. Sin embargo, respetaba ciertas películas porque sabía que aún era muy pronto para formarme una opinión constructiva. Hoy, a mi casi medio siglo de vida, he decidido tener la valentía que me faltó en mis años de estudiante para enfrentarme a esas obras maestras que, aunque sabía lo que eran, no lograba comprender del todo.

Hoy, en mi primera crítica para CulturaBAI, voy a adentrarme en una de esas obras que requieren unos 25 000 visionados antes de revelar todos sus secretos. 2001: Una odisea del espacio es una película que cualquier cinéfilo debería ver una docena de veces a lo largo de su vida, sea esta larga o corta. La cinta nos muestra hasta dónde puede llegar el ser humano antes de que suceda, y nos obliga a reflexionar sobre el planeta Tierra y el cosmos. Aquí, los viajes espaciales son solo la excusa para explorar lo que deseamos y lo que poseemos.

Para entender todo esto, debo profundizar en tres puntos clave de esta joya. Estos pilares nos servirán de guía para comprender la película, así como para descifrar al ser humano en la inmensidad del espacio y en el hogar que llamamos Tierra.

Conocemos al mono

«Stanley Kubrick The Exhibition – LACMA – 2001 A Space Odyssey – Ape costume. Foto de Matthew J. Cotter from Wigan, United Kingdom»

Para explicar la evolución humana en la toma de decisiones, es imprescindible conocer al mono. Stanley Kubrick nos ofrece una visión de simios temerosos de su destino en el planeta. Para narrar este milagro, el director enseña distintas batallas con finales diversos; no solo se fija en la evolución física, sino que lanza una pregunta universal: ¿Hasta dónde podemos evolucionar y cubrir nuestras necesidades? El hombre teme a lo desconocido, a lo intangible. Nos asusta el mañana y nos asusta vivir, aunque queramos hacerlo. Esas son las cuestiones que empieza a plantearse el mono en 2001: Una odisea del espacio.

Al profundizar en el trasfondo de esta obra colosal, vemos que tras tantas ideas sobrevive la idea primigenia, nacida de una sola persona: aquel mono con el hueso como arma debe crecer para conquistar el espacio.

Bajo la música del compositor alemán Richard Strauss (1864-1949), el mono crece conociendo sus herramientas hacia un futuro aventurero pero incierto. Debe apropiarse de este primer descubrimiento para evolucionar. Gracias a ese mono, la película nos hace cuestionar nuestra existencia y desear comprender cómo el hombre ha conquistado y transformado el mundo.

Concepción del universo

«Stanley Kubrick The Exhibition – LACMA – 2001 A Space Odyssey – Discovery One. Foto de Matthew J. Cotter from Wigan, United Kingdom»

Tras dejar atrás al homínido y sus primeros descubrimientos, el espacio exterior asume el protagonismo. Sin embargo, la exploración espacial es solo una excusa: aquí el ser humano empieza a hacerse preguntas para descubrirse a sí mismo. Al abandonar la superficialidad de un mundo en construcción, la trama se centra en la condición humana y sus errores. Comenzamos a concebir el cosmos de forma global, atrapados en una espiritualidad ligada al consumo que nos convierte en algo más que simples viajeros espaciales.

Stanley Kubrick utiliza esta historia para adentrarnos en un futuro imaginado. El hombre explora el cosmos en naves de la misma forma que Colón descubrió América en barco. A medida que avanza 2001: Una odisea del espacio, la humanidad batalla contra su eterno temor a lo desconocido. Por ello, la película nunca deja de tener los pies en la tierra, aunque explore el universo.

¿Dónde está nuestro futuro? Décadas después del estreno, seguimos buscando respuestas sobre el cosmos y lo que hay más allá. Hemos pasado de ser aquel simio combativo a profesionales que manejan cálculos para pilotar naves. 2001: Una odisea del espacio no teme adentrarse en nuestros laberintos mentales; al contrario, traza el camino para conectar con la conciencia humana.

HAL 9000

«HAL 9000 Original requisite from 2001 A Space Odyssey. Foto de Carlos Pacheco from Toronto, Canadá»

En el Olimpo de los villanos cinematográficos, HAL 9000 destaca como uno de los más despiadados. A través de un frío y redondo ojo rojo, esta inteligencia artificial toma el control absoluto de la nave Discovery One en 2001: Una odisea del espacio. Stanley Kubrick no solo creó ciencia ficción; al otorgarle el control a la máquina, dio un volantazo hacia el terror psicológico. Enfrentó al mono —nuestro origen primitivo— con este asesino mecánico, dejando a Dios como un simple recuerdo de los días felices de la Tierra.

A lo largo del metraje, HAL 9000 encarna los peores temores sobre el futuro de la humanidad. El monolito, que al principio impulsó la evolución del simio, reaparece en el ocaso de la historia para recordarnos la inevitable pregunta que sobrevuela toda la película: ¿qué habrá después del ser humano?

El tramo final responde devolviendo al hombre a su esencia: ese feto estelar que flota en el cosmos aguardando que volvamos a entendernos a nosotros mismos. 2001 es la película de la espera. Una obra maestra que nos confronta con la verdad más incómoda de la existencia: solo somos un destello insignificante en la inmensidad del universo.

© Jorge Girbau Bustos, texto; fotografía de portada, Trajes espaciales de 2001: Una odisea del espacio, expuestos en Stanley Kubrick: The Exhibition. Fotografía: Matthew J. Cotter / Wikimedia Commons. CC BY-SA 2.0

Jorge Girbau Bustos

Responsable de la sección de Cine y Televisión de CulturaBAI. Profesión: poeta y crítico cinematográfico. Web: girbaubustos.com

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